Levitaciones de los Santos en la historia ¿ficción o realidad de la física?

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La levitación es un tema que aun en la actualidad mantiene perplejos a los investigadores porque no han sabido separar la paja del trigo. Muchas personas levitan, y el hecho no tiene nada de misterioso, ni tampoco es un milagro y ni siquiera significa una señal de santidad o de elevación espiritual. Es simplemente una habilidad que algunas personas, con cierto grado de aptitud para producir este tipo de fenómenos, han desarrollado.  Se denomina por levitación, el efecto por el que un cuerpo u objeto se halla en suspensión estable en el aire, sin mediar de otro objeto físico en contacto con el primero que sustente al que levita o “flota”.

LA LEVITACIÓN SEGUN LA CIENCIA

Para que tenga lugar la levitación en presencia de un campo gravitatorio, es preciso:
una fuerza que contrarreste el peso del cuerpo (la fuerza de gravedad que actúa sobre el objeto que levita). Para que se halle en suspensión estable, es necesaria una fuerza adicional que contrarreste cada pequeño desplazamiento del objeto en levitación.
Desde el punto de vista científico, la levitación se puede dar debido a los siguientes efectos:

Levitación electrostática: para ello es necesario que el objeto que levita esté cargado eléctricamente, de modo que con un campo eléctrico adecuado se produzca una fuerza igual y opuesta a la de la gravedad. Este tipo de levitación es el que se da, por ejemplo, en el experimento clásico de la gota de aceite realizado por primera vez por Robert Millikan.
Levitación magnética: en esta forma de levitación se pueden agrupar la debida a imanes (por ejemplo, dos imanes atravesados por un hilo, dispuestos de forma que se enfrenten polos iguales; esta versión es conocida también como pseudolevitación, ya que en realidad requiere de una ligadura adicional, como por ejemplo el hilo comentado), la debida a la superconductividad (concretamente por causa del efecto Meissner), la debida al diamagnetismo, o la suspensión electromagnética (la cual, con la ayuda de servomecanismos, es aplicada en trenes de levitación magnética).

Levitación aerodinámica: en este caso se juega con las variaciones en la presión ejercida por gases para mantener objetos en posición estable, como en el caso de los helicópteros (los aviones no se pueden considerar objetos en levitación, ya que, con alguna excepción como el McDonnell Douglas AV-8 Harrier II, necesitan estar en movimiento, por lo que no se puede decir que estén en posición estable).
Levitación acústica: es posible debido a los efectos no lineales de las ondas sonoras intensas, aunque en la práctica esto se ha realizado tan sólo con objetos de unos pocos gramos de masa.
Levitación óptica: emplea la presión de radiación para hacer levitar objetos de poca masa, usando el principio de la conservación del momento (el objeto absorbe los fotones, con lo que el momento de estos es transferido al objeto en levitación). Por lo general, en este tipo de levitación, se emplean láseres.

Antigravedad: forma de levitación que no ha sido observada ni demostrada. Según ciertas hipótesis en el ámbito de la física teórica, bajo ciertas condiciones físicas los objetos en lugar de atraerse se repelerían gravitacionalmente (de modo que tendrían una “masa negativa”) mediante la acción de anti gravitones (la hipotética antipartícula del gravitón). No obstante, de acuerdo con las principales líneas de investigación actuales, se considera improbable o indemostrable que pueda existir la anti gravedad como tal. La falta de pruebas científicas, unido a la incomprensión actual de una teoría cuántica de la gravedad, han llevado a numerosos autores de ciencia ficción a incorporar esta forma de levitación en las tramas de su producción literaria.

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LA LEVITACIÓN Y LOS SANTOS EN LA HISTORIA

Levitación es el término con que los parapsicólogos se refieren al fenómeno que permite a personas, animales o cosas suspenderse en el aire.

Han sido muchos los experimentos realizados en laboratorios de parapsicología en que, en condiciones de control, un sensitivo conseguía suspender en el vacío pequeños objetos. Tanto al aire libre, como en campanas de vacío, sensitivos españoles y extranjeros han conseguido levitar pequeños cuerpos a algunos centímetros de la mesa de operaciones. En España un equipo de parapsicólogos incluso realizó estudios sobre el espectro del campo energético que rodea los objetos en levitación, utilizando polarizadores de imagen. Sin embargo existe toda una escuela parapsicológica que prefiere limitar el término levitación para los vuelos autoprobocados de seres humanos, definiendo las levitaciones de objetos como fenómenos psicocinéticos.

¿VUELOS DIVINOS?

La levitación ha estado habitualmente relacionada con los fenómenos paranormales de los grandes místicos. De hecho, hasta hace no mucho tiempo, la levitación era considerado un Signum Dei, un signo de divinidad que podía decidir la causa de beatificación o canonización de un santo en los tribunales teológicos católicos.

Son muchos los santos católicos a los que se atribuye la capacidad de levitar. El célebre escritor, historiador y filósofo alemán Joseph von Görres (1776-1848), autor de la colosal obra Christliche Mystik (Mística Cristiana) de cinco tomos y 3.000 páginas compuestas en 10 años de trabajo, cita hasta setenta y dos casos de levitadores en el entorno de la mística cristiana. Entre otros Santa Inés, Anna Latharina Emmerich, Francisco de Asís, etc.

F. Leroy fue más allá, recopilando hasta 250 místicos cristianos capaces de atentar contra la ley de la gravedad, ampliando la lista de Göres con nombres como San Bernardo, Santo Domingo, San Buenaventura, Pedro Armengol, San Vicente Ferrer, San Ignacio de Loyola, Francisco Suárez, Felipe Neri, Juan de la Cruz, José Oriol, Juan Bosco, Santa Gemma Galgani, Teresa Newman, etc.

Algunos de esos levitadores místicos han adquirido un gran protagonismo en la historia de la mística cristiana, bien por sus piadosas vidas o por la gran cantidad de fenómenos paranormales que protagonizaron durante su existencia. En cuanto a su capacidad para levitar, San Pedro de Alcántara llegaba a mantenerse suspendido en el aire -según los relatos de la época- durante horas enteras, Santa Teresa de Ávila acompañaba sus prodigios paranormales -como levitar- de la más extraordinaria poesía mística española, Santo Tomás de Aquino llegó a levitar en presencia de testigos tan relevantes como el pensador y mártir de la heterodoxia Fray Giordano Bruno (1548-1600) y el padre Pio de Pietralcina vivió todo tipo de fenómenos extraordinarios además de la levitación, como los estigmas que le hicieron famoso y le acompañaron durante buena parte de su vida. Pero si hay un santo católico levitador por excelencia es el famoso San José de Cupertino. Este franciscano que, según Göres levitó al menos en setenta ocasiones documentadas, realizaba vuelos públicos ante numerosos testigos, cosa poco frecuente en las levitaciones de místicos, que prefieren realizar sus prodigios en privado.

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El santo varón de Cupertino voló en presencia de muchas personalidades del siglo XVII, como el mismísimo papa Urbano VII o el protestante duque Federico de Brunswick, quién se convirtió al catolicismo después de presenciar uno de los extraordinarios vuelos de San José de Cupertino. Y no es para menos. Presenciar las demostraciones aéreas del santo debieron ser un espectáculo no acto para cardíacos, ya que llegó a realizar vuelos de hasta 25 metros de distancia, manteniéndose hasta dos horas suspendido en el aire, y llegando a izar con él por los aires a otras personas o animales.

Relatan los cronistas, como anécdota, que la esposa del embajador de España en el Vaticano sufrió un desmayo al ver a San José de Cupertino volar sobre su cabeza con total tranquilidad. Y de nada sirvieron las presiones del Tribunal de la Santa Inquisición, que siempre sintió la tentación de relacionar la levitación con intervenciones diabólicas, el santo de Cupertino continuó desplazándose por el espacio contra todas las leyes de la física.

Resulta teológicamente inadmisible que, si es la gracia divina o el Espíritu Santo quién hace levitar a un santo, paganos que no han sido siquiera bautizados (condición sine qua non para recibir la Gracia Santificante y por tanto formar parte del Cuerpo Místico de Cristo beneficiándose de los favores del Espíritu Santo) como monjes budistas, bramanes hinduístas, o mártires musulmanes, entre otros, puedan levitar. Así pues debía de ser el Diablo, para el punto de vista de la jerarquía católica tradicional, quién permitiese a yoguis, chamanes o sacerdotes de otros credos levitar.

Y es que fueron muchos los misioneros en Africa, Asia, etc, que testificaron haber presenciado prodigios similares a los de los místicos cristianos, en místicos de otras religiones. Eso fue un auténtico “regalo del cielo” para estos misioneros que pudieron así ampliar su conciencia y tolerancia, dejando de considerarse poseedores del monopolio sobre Dios. También los budistas, musulmanes, judío o ateos son hijos del mismo Dios, y por tanto pueden protagonizar los mismos fenómenos. Suponiendo, claro, que Dios tenga algo que ver con la levitación…  De cualquier forma son muchos los testimonios recogidos entre místicos no cristianos sobre levitadores.

En cualquier caso tampoco que puede negar, que existan diversos casos, que hacen que la naturaleza se doblegue ante la divinidad.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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