La vocación religiosa

La vocación religiosa

La vocación es un don de Dios y sólo a Él le corresponde hacer el llamado. Todos los que somos religiosos o consagrados, hemos vivido esta realidad. Yo actualmente como franciscano, he tenido esa experiencia, seguramente tú que lees este artículo, quizás la hayas tenido o estés a las puertas de tenerla. Dios se vale de muchos medios para llamar a sus elegidos. En las vocaciones ordinarias, las causas secundarias son las elegidas por Él para llamar: ambiente de cosas (campo, ciudad, situación económica, un amigo que te lleva a una vocacional o a un encuentro…); luego está el  ambiente familiar y cercano  (papás, hermanos, parientes, amigos, compañeros de escuela, de deportes, profesores, encuentros fortuitos, situaciones inesperadas, circunstancias ordinarias…); las dotes de la  persona candidata, inteligencia, voluntad.

Muchos creen que  como la vocación es un don de Dios, Él es el encargado de enviar las vocaciones, por lo que a nosotros nos toca solamente rezar para que “el obrero envíe operarios a su mies”. Hacer más, en la opinión de algunos, sería tanto como tentar a la Providencia. Según esto hay que  esperar a que las vocaciones toquen a las puertas de los conventos. Es cierto que Dios juega un papel crucial en la llamada, prácticamente es Él el que mueve los hilos, pero no olvidemos hermanos, que Dios nos ha dado un bien precioso “libre albedrio” y por tanto no “fuerza” a que sigamos determinados caminos, si nosotros no queremos. Lo mismo me sucedió a mí antes de ser franciscano.

Buscaba y precisamente no una determinada congregación, sino que al final acabé donde Él quiso ponerme. La llamada de Dios te descoloca, te cambia por completo, sus planes no son tus planes. Si te dejas llevar por Él, te aseguro que hará cosas maravillosas.

Y estando así las cosas muchas comunidades se han quedado esperando a que tocaran a la puerta esas vocaciones y ahora se han dado cuenta que se están quedando solas. Esto unido a que en la actualidad reina una egolatría absoluta, unida a que muchas congregaciones no están “actualizadas” por decirlo suavemente, a las realidades que llaman a sus puertas, y así el vino nuevo se ella en odres viejos y al final acaba perdiéndose. Suscitar las vocaciones no es ponerse en lugar de Dios para hacer nacer una vocación, ni tampoco es invadir la conciencia de la persona candidata, destruyendo su libertad como muchas veces pasa. Y luego está el querer moldear tanto a la persona de manera que sea una “copia” de un modelo pre- jurásico o de las vivencias de la persona que lo acompaña.  Suscitar una vocación es crear las condiciones adecuadas para que Dios llame, preparar las causas secundarias propicias para que llegue, para que se dé el llamado y por supuesto dejar “cierta libertad” al candidato para ver si realmente es su camino; tengamos en cuenta que es su vida.

Por lo tanto, junto con la oración conviene realizar una adecuada acción pastoral para suscitar las vocaciones, lo cual se inserta en el plan de Dios y bien podemos sintetizarlo como “pre-llamada”.

Esta “pre-llamada” puede darse de distintas maneras y corresponderá a la estrategia vocacional que cada Congregación. Hay que anotar que estas estrategias quedarán en la mente de las personas candidatas grabadas como acontecimientos singulares u ordinarios y que muchos de ellos quedarán almacenadas en la memoria, simplemente como anecdóticos, o incluso quedarán eliminadas totalmente en la mente o recuerdo de ellas. No debemos olvidar que estas acciones tienden a crear un ambiente propicio para el cultivo de la vocación, para crear sencillamente de un ambiente cristiano, núcleos de vida cristiana. Sin embargo, Dios también puede valerse de esas causas secundarias para suscitar una vocación, bien sea a través de la actividad en cuanto tal, bien sea a través del ejemplo de las personas, del ambiente creado, de algunas circunstancias.

Es verdad que cuando uno “cree encontrar el camino” da unos primeros pasos y luego la congregación religiosa o los acompañantes (ya sean de una índole u otra) tienen la misión de atisbar ese fuego interior que hay en el interior del candidato, y por ello son directamente responsables ante Dios del cuidado de esa vocación, de no “ahogar” o “apagar” lo que fluye en el interior de la persona, respetando los tiempos. No todos somos de la misma forma, ni respondemos de igual forma, esto es un error muy frecuente.

Para ello están los encuentros, los campamentos, múltiples formas de ir viendo el camino, que aunque es muy grato y feliz, viene cargado de cruces. Seguir a Cristo no es “precisamente un camino de rosas”, también abundan las espinas. Seguir a Cristo es llevar la cruz, y en algunos “lugares” que grandes cruces hay que llevar.

En la llamada vocacional hay que tener claro que Dios llama a quien quiere, incluso a pecadores empedernidos y que estén en pecado mortal.

Uno de los errores comunes es creer que todos los llamados son buenas personas o santos (que los hay y muchos), pero comúnmente es todo lo contrario, como decía Jesús: “No necesitan de médico los sanos, sino los enfermos”.

En esta etapa la persona  aún no es consciente de la llamada, pero comienza a percibir “algo nuevo”, “algo diferente”, “algo que le hace sentir distinta”, o percibir la vida, el mundo de una forma muy distinta a como la percibía antes.

Hoy en día las vocaciones son cada vez de edad más avanzada (de 29 a 40 años), aunque suele haber todavía de edades tempranas, pero estas escasean. Eso plantea un cambio de planteamiento, pues no se puede “orientar” lo mismo a una persona de 40 años o de 30, que a uno de 20. En ambos casos la llamada es la misma, pero suscitada a diferentes etapas de la vida, en una estará presente la viveza y energía, en la otra cierta madurez y bagaje de la vida.

El error está en “orientar” a una persona de 30 o 40 como si tuviera 20 o menos (y este caso se da bastante aún hoy en día, porque los que orientan tienen una mentalidad que era válida en su tiempo, pero no lo es para los que corren hoy), y así la vocación llamada sufre altibajos, desánimos y probablemente con el tiempo sea abandona. Dejar claro que en la llamada, la voz cantante primero es de Dios, luego del llamado y finalmente de la comunidad que lo acoge.

Por eso el llamado también tiene que ser receptivo, dejarse moldear (sea cual sea su edad, sobre todo si es mayor) de manera que vaya calando en él la vida nueva que quiere vivir (valga la redundancia), haciendo lo posible por evitar el conflicto y abandonándose por completo en Dios. En el  momento en que comienza propiamente el camino de discernimiento hay que pedirle al llamado una gran generosidad y paciencia.  Hay que infundirle ánimo para que comience con una disposición positiva a buscar el significado a lo que está experimentando.

No se puede hacer un camino de discernimiento, de clarificación, si previamente se ha dado por descontado la posible existencia de una vocación. Para ello, la vocación debe estar bien orientada desde el principio.

Aunque con el tiempo la vocación va creciendo y “transformándose”, esta principalmente nace de una inquietud y de un amor a Dios, por tanto todo lo que “sume” no “resta”, es decir si a una persona le gusta ciertas devociones, no hay porque quitárselas queriendo implantar otras semillas que no son las del Señor, sino más bien orientarlo para que vea que hay que seguir subiendo y “volar”, que no es solo eso, sino que hay mucho más y sobre todo respectar a la persona y sus tiempos; esto es muy fácil de decir y difícil de hacer.

Si has leído este artículo (al que seguirán en el futuro muchos otros), y tienes inquietudes o puedes tenerla, te dejo acá abajo unos enlaces donde puedes ver los distintos carismas que en forma de vida consagrada están dentro de la Iglesia (por supuesto como no puede ser de otra manera, primero los franciscanos) y que pueden darte una idea:

 Vocaciones Franciscanas OFM

Otras vocaciones

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

About the author

AGUILAR PEDRERA CRISTOBAL administrator

Programador de Sistemas de Alto nivel, Monitor Experto para cursos de Formación Profesional Ocupacional y Monitor de para cursos de Fundaciones Laborales. Dedicado desde el año 1995 a la enseñanza Informática, impartiendo cursos a entidades privadas y empresariales, incluyendo a particulares. Monitor avanzado en Redes y comunicaciones.

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