La Inmaculada concepción de María es plenitud y voluntad de Dios

La Inmaculada concepción de María es plenitud y voluntad de Dios

Hoy celebramos la Inmaculada Concepción de María, que la Iglesia resalta con especial solemnidad. Además de ser la Patrona de la Provincia Franciscana de España, lo es también de las hermanas Concepcionistas, y  de otras muchas órdenes e institutos religiosos. A otro nivel, también resaltar que es la Patrona de España, como todos sabemos desde Carlos III;  lo es también de diferentes cuerpos militares, como la infantería española, el cuerpo eclesiástico del Ejército y el Estado Mayor, entre otros.

Con este preámbulo he querido destacar la importante estela que María Inmaculada ha dejado en mundo religioso y de lo mundano, al correr de las épocas.

El dogma de la Inmaculada Concepción, también conocido como Purísima Concepción, es una creencia de todos los que nos sentimos católicos que sostiene que María, madre de Jesucristo, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original sino que, desde el primer instante de su concepción, estuvo libre de todo pecado.  De este modo, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María libre de todo pecado.

Fue el papa beato Pío (noveno) IX  quien el 8 de diciembre de 1854 definió el dogma sobre la Inmaculada concepción. Aprovecho para recordar lo que dijo en ese momento: “La doctrina enseña que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su Concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, es revelada por Dios y por lo mismo debe creerse firme y constantemente por todos los fieles”.

Pero si hay un defensor singular de la Inmaculada, que en este día no podemos obviar, fue sin duda nuestro hermano franciscano el beato Juan Duns Escoto. Su santidad y buen hacer fue reconocido en nombre de la Iglesia por  San Juan Pablo II 6 de Junio de 1.991.

Como digo Duns Escoto para llamarlo familiarmente, fue el que por primera vez defendió en París hacia el 1304-1307 la doctrina de la Inmaculada Concepción, fue una disputa acalorada donde tuvo que escuchar doscientos argumentos en contra de la doctrina de la Inmaculada, los cuales fue refutando uno a uno, con tal maestría y astucia que convenció a todos sus adversarios. El ardor y sagacidad conque defendió la doctrina de la Inmaculada, le valdría el nombre de Doctor sutil. Nuestro hermano lucho afanosamente  y tras él muchos otros hermanos, hasta que la iglesia más tarde, como ya he mencionado anteriormente, reconociese oficialmente el dogma de la inmaculada.

El nombre de Inmaculada es de origen latino, derivado de “in-macula”, que viene a significar “sin mancha”. Y esto principalmente es lo que hoy quiero resaltar sobre todo: la pureza de María. Si fue por tanto preservada por Dios para ser su seno el lugar privilegiado donde se encarnaría el Salvador del mundo; parece lógico pensar también que si Dios doto a una criatura como nosotros de tal excelencia, no era sino para manifestar el tremendo amor que tiene por sus criaturas (todas ellas, en todos sus géneros sin distinción) y lógico también afirmar, que si lo hizo así (valga la redundancia) fue para que la Divinidad pudiese inhabitar en un lugar Santo y Puro.

Pero la Virgen María no es Inmaculada o pura, porque lo diga una persona o institución como la Iglesia, sino que lo es porque Cristo, ha querido encarnarse en su vientre, es la divinidad misma la que en su infinita voluntad ha querido abajarse y con ello se nos da una primera lección: la humildad. La misma humildad que sabemos obtiene María, la humildad que exige Dios a todos los que le siguen (escrito esta: Dios resiste a los soberbios), por consiguiente si fue preservada del pecado también pudo dar a luz de una forma preternatural (es decir más allá de lo natural), conservando así por la misma voluntad divina su virginidad.

Además de la Inmaculada Concepción de María, quiero recalcar el dogma de la Maternidad Divina que refiere  a que la Virgen María es verdadera Madre de Dios.

Como el dogma de la Inmaculada; éste fue  solemnemente definido por el Concilio de Éfeso (año 431), uno de los dogmas más antiguos de la Iglesia, y tiempo después, fue proclamado por otros Concilios universales como el de Calcedonia y los de Constantinopla.

Verdades estas reconocidas por los cristianos en general  y por la Iglesia particularmente en su tradición y que es atacada por algunos sectores, aduciendo un conocimiento que más que provenir del estudio de las escrituras y de su análisis positivo, parece provenir de otros lugares que no voy a nombrar…,  son aquellos, los que se dice  dicen hijos de ella y que debieran defenderla.  Para tales figuras,  cuando los cepillos y estipendios vienen por las fiestas de la Virgen, ¡qué buena que es la Virgen!, cuantas alegrías le profesan, cuantos vivas al aire, su paga es el vientre y las lisonjas de aquellos con formas de lobo y cabezas de asno;  sus palabras pronuncian sino los sonidos fatuos de la hediondez de su alma.

Ingratos estos hijos, que no caen en la cuenta de que cuando se menosprecia a la madre, se está menospreciando al Hijo. La unidad de Cristo fue en lo espiritual como en lo carnal delgadísima;  porque tomo carne de ella en el seno purísimo de María, nunca un cuerpo ha estado tan cerca de otro. Esa unión la hemos tenido todos con nuestras madres, nunca estuvimos tan unidos a ella y nunca lo estaremos tanto, cuerpo y alma eran unidad, dentro de la diversidad de seres.

No podemos negar por tanto que Dios ha elegido a un ser humano de entre todos y ha querido depositar en ella la inhabitación de la segunda persona de la Trinidad (otra verdad que también puede ser negada en diversos ambientes, como lo fue en el pasado), a poco que pensemos lógicamente (porque somos inteligencias sentientes) dotados de algo más que de meros impulsos o instinto; , nos daremos cuenta de que esa persona a partir de esa elección divina, ya no es igual a todos los demás, puesto que de alguna forma, se la ha dotado de gracias específicas y de dones que hacen de ella una figura que brilla con luz propia de entre todas las demás criaturas.

¿Acaso no sintió María, los dolores de su Hijo al pie de la cruz como nos relata el evangelio?,  ¿no sufrió cuando se perdió por tres días cuando andaban de viaje?, cuando de pequeño se caía y tropezaba, como todos nosotros.

María estaba dotada como todos nosotros de una inteligencia sentiente. Y es este SENTIR, lo que precisamente junto con el INTELIGIR, que la hace especial a ella y  nos hace especiales a todos por encima de  las demás criaturas.  Dios es Amor, y ese amor los trasmitió a su Hijo, el cual a su vez, lo dona a su Madre María. El SENTIMIENTO es una parte muy importante del Amor, este sentimiento es el que hace defender a Duns Escoto la Inmaculada Concepción de María, que hoy celebramos con especial cariño y ese sentimiento es el que experimentamos todos cuando amamos a alguien con una expresión tan fuerte que nos hace saltar lágrimas, o alegrarnos cuando esa persona está cerca de nosotros.

Que siempre tengamos sentimientos de Amor para esa Madre Inmaculada, Virginal que es María, que solo pronunciar su nombre nos haga saborear las mieles del panal de Dios, que el azahar que destila su intercesión por nosotros a su Hijo sea la Luz que nos ilumine en esta Navidad.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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