¿Hay que cumplir una promesa a un alma del purgatorio?

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Esta es una pregunta que me hizo una amiga hace algunos años, y tras pasar el día de difuntos recientemente, ha vuelto a mi recuerdo como si algo me impulsase a contestar la misma pregunta de nuevo, y lo hago para todos.

De todas formas es mí punto de vista personal y a la luz de lo que conozco de la doctrina de la Iglesia; por ello intentaré dejar claro unos puntos que nos acercan a esta vertiente.

En algunos casos se relatan situaciones de personas que por la noche les han tirado de las sábanas, colchas, del pelo o les han despertado golpeando cualquier parte de los muebles, suponiendo en cualquier caso que es el familiar al que no se le ha cumplido la promesa. Normalmente se pueden comunicar con nosotros siempre que Dios se lo permita mediante los sueños, prestemos mucha atención a ellos, de todas formas, tengamos presente lo siguiente.

Primero hay que tener en cuenta que todos los humanos tenemos alma y cuando morimos esas almas irán al cielo o al infierno o, temporalmente al purgatorio en camino al cielo. Segundo que los que profesamos ser cristianos católicos, no oramos “a las almas del purgatorio” sino oramos “por las almas del purgatorio”. Pedimos a Dios por esas almas y se las encomendamos a María y los santos para que también aboguen por ellas.

Hay una gran diferencia entre pedir por y pedir a,  entre hablar por  y llamar o evocar a los difuntos (práctica de adivinación utilizadas por el espiritismo, la ouija, y otras prácticas ligadas al satanismo). Los efectos, influencias y estragos negativos ya se conocen muy bien.

 

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Ahora bien, Hay que hacer una aclaración: Los Santos, los Ángeles (buenos y malos), las almas del purgatorio, nosotros y todo lo creado (visible e invisible) son criaturas hechas por Dios y nada sucede sin el consentimiento del Señor.  Ni los santos, ni los Ángeles, ni siquiera la santísima Virgen María, nos hacen milagros, Ellos no hacen los milagros, Ni mucho menos las almas del purgatorio. Son intercesores ante Dios y pueden hacer que Dios actué en favor nuestro; pero quede claro que  es Dios quien hace los milagros o concede los favores.

Dios es la fuente y Origen de todo bien. El Sumo Bien, como diría nuestro Padre Seráfico San Francisco de Asís. Todos los santos y benditas almas pueden e interceden como he reseñado anteriormente por nosotros a Dios.  El Señor Compasivo y misericordioso, lleno de amor y de bondad atiende a las suplicas, siempre que sean favorables a nuestra salvación y al plan previsto por Él.

Más bien querido visitante de TRAS CRISTO Y FRANCISCO DE ASÍS,  las almas del purgatorio son las que necesitan realmente de nuestras oraciones  (no nosotros en la tierra) de auxilios y sufragios. Nosotros en la tierra no podemos evocar esas visitas (ya que están prohibidas terminantemente tanto en la biblia como en la doctrina de la Iglesia), tan solo las respetamos y respondemos para ayudarles (especialmente ofreciendo la Santa Misa).

Os recomiendo no buscar entrar en contacto con ellas (muchas personas tras un fallecimiento reciente, buscan consuelo en ello), porque corre el gravísimo peligro de establecer contacto más bien con algún espíritu malo o demonio espiritualmente hablando y corres también el peligro de un daño psicológico. Esto último se da en personas muy “crédulas” y sucede mucho más que lo anterior, porque cualquier cosa se achaca a la “posible presencia” de la persona fallecida, que en realidad no está presente.  Hay muchos  espíritus impuros que son muy astutos, y se disfrazan de seres de luz. Quieren perdernos y andan rondando buscando a quien devorar.

Cuidado y mantengámonos alerta. Hay fenómenos que podemos estar creando nosotros mismos (aunque la ciencia no le ha dado aún respuesta) y según algunos postulados de la física cuántica, nuestro pensamiento puede alterar algunas realidades de nuestro entorno cercano.

Las Benditas Almas, (si Dios lo permite por su infinita bondad) si es que se aparecen, siempre buscan el bien: promoción de la catequesis, mas fervor, mas devoción, incrementar el amor a la Santa Eucaristía, fomentar la Vida de Oración, la Práctica de la Caridad, vigilancia sobre sí en sus defectos y vicios a destruir por vía de la Confesión y la Conversión, etc. No buscan lo malo, ni pretenden hacer mal alguno.  Dios es un Dios bueno, justo y misericordioso, que siempre perdona al que se arrepiente y nos pide a sus hijos hacer siempre el bien, Nunca el mal.

El mal o daño está prohibido por el Señor para los que le aman y desean estar con Él. Y esto va también para las almas del purgatorio. Cuando algo viene de Dios, viene con paz. No le mete miedo, ni le roba la tranquilidad, si lo hace, ¡NO VIENE DE DIOS!.

Recordemos ahora un breve pasaje evangélico en el que Jesús habla del Caso del Rico Epulón y el Pobre Lázaro. En este relato la visita del difunto Lázaro a la tierra es pedida por el rico desde el infierno. Vemos que las almas están bajo la autoridad de Dios, quien en este caso niega la visita. (El Seno de Abraham no era propiamente el Paraíso Celestial, (que se abriría con la Muerte y Resurrección de Jesús), tampoco era el purgatorio actual, aunque, al no poder gozar en plenitud de Dios ya es un purgatorio.  El Seno de Abraham era la Patria ansiada de los fieles del Antiguo Testamento.

Nuestra oración por las almas de los difuntos solo puede ayudar a los que están en el purgatorio ya que la condición del infierno es irreversible y los que están en el cielo no necesitan oración, pero, como no tenemos la certeza si un alma está en el purgatorio o no (excepto en el caso de los que han sido llevado a los altares, en cuyo caso sabemos que gozan de la presencia de Dios), es recomendable orar por todos los difuntos.

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Nuestras oraciones por las almas del purgatorio pueden reducir sus penas en intensidad y duración.  CUANDO ESTAS ALMAS LLEGUEN AL CIELO (ANTES NO PUEDEN) SIN DUDA REZARÁN POR SUS BENEFACTORES. En las oraciones litúrgicas de la Iglesia, se invoca con frecuencia a los ángeles y a los santos en favor de la Iglesia sufriente, es decir, por las almas del purgatorio

Las Benditas Almas (por deseo expreso de Dios o con su permiso)  han visitado a personas piadosas o en camino a la santidad. Entre las personas que han recibido visitas de las Benditas Almas: Santa Gemma Galgani, el Papa San Gregorio Magno, Santa Brígida de Suecia, Santa Catalina de Génova, Santa Faustina, Sta. Margarita María, y muchos otros.

¡No se puede negar el testimonio de tantos santos reconocidos por la Iglesia! Lo que nunca se debe hacer  sea cual sea la promesa o situación por la que estemos atravesando es ir a un brujo, espiritista, etc. para acabar con cualquier mal, promesa o atraer algún supuesto bien; cuando digo brujo me refiero también a videntes, médium, curanderos, santones, etc., porque el daño aparte de espiritual, también puede ser psicológico en cuanto lo que tú crees y piensas afecta de manera muy fuerte al subconsciente y esto está probado por la ciencia hoy día.

Sólo se debe acudir a religiosos o sacerdotes,  o a grupos de oración de cualquier índole para que te puedan ayudar. Ir a un brujo o astrologo  no sólo no solucionará nada, sino que puede poner una influencia maligna donde no la hay.

Las promesas yo pienso como franciscano, que mejor no hacerlas, porque está en la naturaleza humana el no cumplirlas (eso no quiere decir que muchos las cumplan y de echo lo hacen) y si hacemos alguna que sea a Dios. Pero ojo esto es serio y hay que ver si la vamos a cumplir.  No olvidemos por tanto pedir ayuda a Dios para cumplirla.

¿Ahora que puedo entonces hacer por un alma que este en el purgatorio?; pues lo normal, que es rezar por ella, hablarle si quiere y decirle cuanto la echa de menos, y más pronto que tarde, dejarla ir (es decir saber que está en un lugar mejor y que nuestra vida es nuestra y debemos vivirla aceptando lo que es inevitable, todos vamos a pasar por ello); una obra buena, una limosna a un necesitado, visite algún anciano u enfermo, puede dejar algún vicio, corregir algún defecto, ser más solidario, dar comida al hambriento, por un día en la medida de sus posibilidades hacer todo el bien a cuanto pueda sin esperar ni pedir nada a cambio, ser un buen hijo, esposo, amigo, ser más humilde de corazón.

Dar alegría en lugar de estar siempre enfadado y tratar a todo el que veas como tú quisieras de él ser tratado.  Espero haber ayudado a alguien a esclarecer dudas, que es para lo que he escrito este artículo.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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