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¿Dónde estan las almas de los difuntos?

Las almas de aquellas personas queridas o no que fallecen parece que van a un lugar determinado, es doctrina de la Iglesia católica la práctica de rezar por las benditas almas del Purgatorio; que  está basada sobre la fe en la Comunión de los Santos.

Los miembros del Cuerpo Místico pueden ayudarse unos a otros, mientras estén en la tierra y después de la muerte. Si nos fijamos en las oraciones litúrgicas de la Iglesia vemos claramente que se invoca con frecuencia a los Ángeles y a los Santos en favor de la Iglesia sufriente o Purgatorio, pero siempre para que intercedan por ella.

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Toda persona en estado de gracia puede orar con provecho por las benditas almas; probablemente es necesario, al menos, hallarse en estado de gracia santificante para ganar las indulgencias por los difuntos. Aún sin estar en estado de gracia, es recomendable rezar por ellas, siempre tenerlas en el recuerdo.

El Concilio Vaticano Segundo hizo profesión de fe en la Iglesia Sufriente diciendo: “Este Sagrado Concilio recibe con gran piedad la venerable fe de nuestros hermanos que se hallan en gloria celeste o que aún están purificándose después de la muerte”, lo que explicita una alusión a un lugar o estado que podríamos llamar “purgatorio”.

Aunque no sea doctrina definida, se mantiene como doctrina común que sufrimiento mayor del Purgatorio consiste en la “pena de ausencia”, porque las almas están temporalmente privadas de la visión beatifica. Sin embargo, no hay comparación entre este sufrimiento y las penas del Infierno. Es temporal y por eso lleva consigo la esperanza de ver a Dios algún día cara a cara. Las almas lo llevan con paciencia, pues comprenden que la purificación es necesaria. La aceptan generosamente por amor de Dios y con perfecta sumisión a su voluntad.

Es probable que las penas del Purgatorio van disminuyendo gradualmente de manera que en las etapas finales no podemos comparar los sufrimientos de este mundo con los que padece un alma próxima a la visión de Dios. En ocasiones Dios permite que tengamos “visitas” de estas almas a través de los sueños. Los sueños es un caudal de comunicación entre almas, yo creo como franciscano que el alma se comunica a niveles sutiles con otras experiencias extracorpóreas que como energías pululan alrededor nuestro, como hoy en día casi va admitiendo la física cuántica.

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Pero las almas experimentan también inmensa alegría espiritual. Están totalmente ciertas de su salvación. Tiene fe, esperanza y caridad. Saben que ellas mismas están en amistad con Dios, confirmadas en gracia y sin poder ofenderle.

Aunque las almas en el Purgatorio no pueden merecer, sin embargo pueden orar y obtener el fruto de la oración. El poder de su oración depende del grado de santidad. Es cierto que pueden orar por los que viven en la tierra. Por la Comunión de los Santos entendemos que están unidas a la Iglesia militante. Debemos animarnos a invocar su ayuda con la confianza de que ellas nos escuchan. Entienden perfectamente nuestras necesidades, porque las experimentaron y porque están agradecidas a las oraciones, sacrificios y santas Misas que ofrecemos por ellas.

Por tanto en el día de hoy en el que celebramos la conmemoración de los fieles difuntos, tengamos un recuerdo especial, no solo por los familiares y amigos, sino por aquellos que sufren persecución o por algún motivo.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Levitaciones de los Santos en la historia ¿ficción o realidad de la física?

La levitación es un tema que aun en la actualidad mantiene perplejos a los investigadores porque no han sabido separar la paja del trigo. Muchas personas levitan, y el hecho no tiene nada de misterioso, ni tampoco es un milagro y ni siquiera significa una señal de santidad o de elevación espiritual. Es simplemente una habilidad que algunas personas, con cierto grado de aptitud para producir este tipo de fenómenos, han desarrollado.  Se denomina por levitación, el efecto por el que un cuerpo u objeto se halla en suspensión estable en el aire, sin mediar de otro objeto físico en contacto con el primero que sustente al que levita o “flota”.

LA LEVITACIÓN SEGUN LA CIENCIA

Para que tenga lugar la levitación en presencia de un campo gravitatorio, es preciso:
una fuerza que contrarreste el peso del cuerpo (la fuerza de gravedad que actúa sobre el objeto que levita). Para que se halle en suspensión estable, es necesaria una fuerza adicional que contrarreste cada pequeño desplazamiento del objeto en levitación.
Desde el punto de vista científico, la levitación se puede dar debido a los siguientes efectos:

Levitación electrostática: para ello es necesario que el objeto que levita esté cargado eléctricamente, de modo que con un campo eléctrico adecuado se produzca una fuerza igual y opuesta a la de la gravedad. Este tipo de levitación es el que se da, por ejemplo, en el experimento clásico de la gota de aceite realizado por primera vez por Robert Millikan.
Levitación magnética: en esta forma de levitación se pueden agrupar la debida a imanes (por ejemplo, dos imanes atravesados por un hilo, dispuestos de forma que se enfrenten polos iguales; esta versión es conocida también como pseudolevitación, ya que en realidad requiere de una ligadura adicional, como por ejemplo el hilo comentado), la debida a la superconductividad (concretamente por causa del efecto Meissner), la debida al diamagnetismo, o la suspensión electromagnética (la cual, con la ayuda de servomecanismos, es aplicada en trenes de levitación magnética).

Levitación aerodinámica: en este caso se juega con las variaciones en la presión ejercida por gases para mantener objetos en posición estable, como en el caso de los helicópteros (los aviones no se pueden considerar objetos en levitación, ya que, con alguna excepción como el McDonnell Douglas AV-8 Harrier II, necesitan estar en movimiento, por lo que no se puede decir que estén en posición estable).
Levitación acústica: es posible debido a los efectos no lineales de las ondas sonoras intensas, aunque en la práctica esto se ha realizado tan sólo con objetos de unos pocos gramos de masa.
Levitación óptica: emplea la presión de radiación para hacer levitar objetos de poca masa, usando el principio de la conservación del momento (el objeto absorbe los fotones, con lo que el momento de estos es transferido al objeto en levitación). Por lo general, en este tipo de levitación, se emplean láseres.

Antigravedad: forma de levitación que no ha sido observada ni demostrada. Según ciertas hipótesis en el ámbito de la física teórica, bajo ciertas condiciones físicas los objetos en lugar de atraerse se repelerían gravitacionalmente (de modo que tendrían una “masa negativa”) mediante la acción de anti gravitones (la hipotética antipartícula del gravitón). No obstante, de acuerdo con las principales líneas de investigación actuales, se considera improbable o indemostrable que pueda existir la anti gravedad como tal. La falta de pruebas científicas, unido a la incomprensión actual de una teoría cuántica de la gravedad, han llevado a numerosos autores de ciencia ficción a incorporar esta forma de levitación en las tramas de su producción literaria.

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LA LEVITACIÓN Y LOS SANTOS EN LA HISTORIA

Levitación es el término con que los parapsicólogos se refieren al fenómeno que permite a personas, animales o cosas suspenderse en el aire.

Han sido muchos los experimentos realizados en laboratorios de parapsicología en que, en condiciones de control, un sensitivo conseguía suspender en el vacío pequeños objetos. Tanto al aire libre, como en campanas de vacío, sensitivos españoles y extranjeros han conseguido levitar pequeños cuerpos a algunos centímetros de la mesa de operaciones. En España un equipo de parapsicólogos incluso realizó estudios sobre el espectro del campo energético que rodea los objetos en levitación, utilizando polarizadores de imagen. Sin embargo existe toda una escuela parapsicológica que prefiere limitar el término levitación para los vuelos autoprobocados de seres humanos, definiendo las levitaciones de objetos como fenómenos psicocinéticos.

¿VUELOS DIVINOS?

La levitación ha estado habitualmente relacionada con los fenómenos paranormales de los grandes místicos. De hecho, hasta hace no mucho tiempo, la levitación era considerado un Signum Dei, un signo de divinidad que podía decidir la causa de beatificación o canonización de un santo en los tribunales teológicos católicos.

Son muchos los santos católicos a los que se atribuye la capacidad de levitar. El célebre escritor, historiador y filósofo alemán Joseph von Görres (1776-1848), autor de la colosal obra Christliche Mystik (Mística Cristiana) de cinco tomos y 3.000 páginas compuestas en 10 años de trabajo, cita hasta setenta y dos casos de levitadores en el entorno de la mística cristiana. Entre otros Santa Inés, Anna Latharina Emmerich, Francisco de Asís, etc.

F. Leroy fue más allá, recopilando hasta 250 místicos cristianos capaces de atentar contra la ley de la gravedad, ampliando la lista de Göres con nombres como San Bernardo, Santo Domingo, San Buenaventura, Pedro Armengol, San Vicente Ferrer, San Ignacio de Loyola, Francisco Suárez, Felipe Neri, Juan de la Cruz, José Oriol, Juan Bosco, Santa Gemma Galgani, Teresa Newman, etc.

Algunos de esos levitadores místicos han adquirido un gran protagonismo en la historia de la mística cristiana, bien por sus piadosas vidas o por la gran cantidad de fenómenos paranormales que protagonizaron durante su existencia. En cuanto a su capacidad para levitar, San Pedro de Alcántara llegaba a mantenerse suspendido en el aire -según los relatos de la época- durante horas enteras, Santa Teresa de Ávila acompañaba sus prodigios paranormales -como levitar- de la más extraordinaria poesía mística española, Santo Tomás de Aquino llegó a levitar en presencia de testigos tan relevantes como el pensador y mártir de la heterodoxia Fray Giordano Bruno (1548-1600) y el padre Pio de Pietralcina vivió todo tipo de fenómenos extraordinarios además de la levitación, como los estigmas que le hicieron famoso y le acompañaron durante buena parte de su vida. Pero si hay un santo católico levitador por excelencia es el famoso San José de Cupertino. Este franciscano que, según Göres levitó al menos en setenta ocasiones documentadas, realizaba vuelos públicos ante numerosos testigos, cosa poco frecuente en las levitaciones de místicos, que prefieren realizar sus prodigios en privado.

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El santo varón de Cupertino voló en presencia de muchas personalidades del siglo XVII, como el mismísimo papa Urbano VII o el protestante duque Federico de Brunswick, quién se convirtió al catolicismo después de presenciar uno de los extraordinarios vuelos de San José de Cupertino. Y no es para menos. Presenciar las demostraciones aéreas del santo debieron ser un espectáculo no acto para cardíacos, ya que llegó a realizar vuelos de hasta 25 metros de distancia, manteniéndose hasta dos horas suspendido en el aire, y llegando a izar con él por los aires a otras personas o animales.

Relatan los cronistas, como anécdota, que la esposa del embajador de España en el Vaticano sufrió un desmayo al ver a San José de Cupertino volar sobre su cabeza con total tranquilidad. Y de nada sirvieron las presiones del Tribunal de la Santa Inquisición, que siempre sintió la tentación de relacionar la levitación con intervenciones diabólicas, el santo de Cupertino continuó desplazándose por el espacio contra todas las leyes de la física.

Resulta teológicamente inadmisible que, si es la gracia divina o el Espíritu Santo quién hace levitar a un santo, paganos que no han sido siquiera bautizados (condición sine qua non para recibir la Gracia Santificante y por tanto formar parte del Cuerpo Místico de Cristo beneficiándose de los favores del Espíritu Santo) como monjes budistas, bramanes hinduístas, o mártires musulmanes, entre otros, puedan levitar. Así pues debía de ser el Diablo, para el punto de vista de la jerarquía católica tradicional, quién permitiese a yoguis, chamanes o sacerdotes de otros credos levitar.

Y es que fueron muchos los misioneros en Africa, Asia, etc, que testificaron haber presenciado prodigios similares a los de los místicos cristianos, en místicos de otras religiones. Eso fue un auténtico “regalo del cielo” para estos misioneros que pudieron así ampliar su conciencia y tolerancia, dejando de considerarse poseedores del monopolio sobre Dios. También los budistas, musulmanes, judío o ateos son hijos del mismo Dios, y por tanto pueden protagonizar los mismos fenómenos. Suponiendo, claro, que Dios tenga algo que ver con la levitación…  De cualquier forma son muchos los testimonios recogidos entre místicos no cristianos sobre levitadores.

En cualquier caso tampoco que puede negar, que existan diversos casos, que hacen que la naturaleza se doblegue ante la divinidad.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Mensaje personal de Jesús para tí

Os traigo un video-mensaje que os pido escuchéis hasta el final y si podéis hacerlo con los ojos cerrados y poniéndoos en la presencia del Señor, mucho mejor. Creo que os llegará al corazón y por ende al alma.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

 

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Fenómenos místicos del Padre Pío

FENÓMENOS MÍSTICOS DE LA VIDA DEL PADRE PÍO DE PIELTRECINA

Es un gran Santo actual y también un hermano franciscano capuchino, Dios fue preparando a Pío de Pietrelcina. Los acontecimientos vitales extraordinarios de tan gran alcance que él tuvo que protagonizar, siempre llegan acompañados de una propedéutica anterior, como ocurrió con los niños de Fátima con la visión primera del ángel, con Santa Teresa de Jesús con su oración de unión, de quietud y éxtasis iniciales en privado, hasta llegar a sus levitaciones y transverberación; con San Francisco de Asís, quien antes de la impresión de las Llagas vivió dramas y Noches oscuras preparatorias del enorme acontecimiento, el más parecido al reservado para San Pío de Pietrelcina, que les hace más semejantes a Cristo crucificado. En 1910, Pío de Pietrelcina tuvo un éxtasis en el que sintió un dolor agudísimo en las manos y en los pies. En 1912, después de la misa sintió que le herían el corazón con un dardo de fuego, tan vivo y ardiente, que, según escribió a su director espiritual, pensó que se moría. Estos trances eran seguidos de noches oscuras del espíritu, profundas y negras, dolorosísimas. Corresponden al estadio de las Sextas Moradas de Santa Teresa.

UN PERSONAJE CELESTE

El 5 de agosto de 1918, confesando a sus muchachos, de repente, se sintió dominado por el terror a la vista de un personaje celeste, que se le imprimió en la inteligencia. Tenía en su mano un instrumento como una larga lámina de hierro, con una punta muy afilada rematada en fuego. El personaje lanzó el arnés con gran violencia sobre el alma de Pío, que gritó con un desgarrado lamento, pues se sintió morir. Le dijo al niño que estaba confesando que se retirase porque se encontraba mal. Su relato reproduce al pie de la letra, la transverberación de Santa Teresa de Jesús, como la describe ella en el libro de la Vida:
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“Me veo sumergido en un mar de fuego; la herida, que sigue abierta, continúa siempre sangrando; ella sola me mataría”. Este martirio duró, sin interrupción, hasta la mañana del día 7. Le resulta imposible decir todo lo que sufrió en este tiempo. Sentía que le arrancaban las vísceras y que eran quemadas a fuego y hierro. Desde aquel día se sintió herido de muerte experimentando en lo profundo de su alma una herida que está siempre abierta y que le hace padecer continuos espasmos.

PIES Y MANOS TRASPASADOS Y MANANDO SANGRE

El 20 de septiembre de 1918, estando en el coro después de misa, entró en un sosiego como de un dulce sueño, envuelto en un silencio total; se apoderó de él una gran paz y abandono en un despojo total. Se vio ante un misterioso personaje de cuyos pies y manos manaba abundante sangre. Su vista le llenó de terror. Se sintió morir y parecía que el corazón se le salía del pecho. Desapareció el personaje y entonces se percató de que sus manos, pies y costado estaban traspasados y manaban sangre a borbotones. El dolor, los espasmos y la confusión que le acompañan, junto al derroche de sangre que mana de sus heridas, le hacen temer morir desangrado.

El Padre Pío dice: “Oraba y el gozo y el contento crecían en mí. Un gran resplandor golpeó mis ojos y se me apareció Cristo llagado. No me dijo nada y desapareció. Cuando volví en mí, me encontré caído en tierra, llagado, sangrando las manos y los pies y el corazón y no tenía fuerzas para levantarme. Arrastrándome como pude logré llegar a mi celda, atravesando el largo corredor. Todos los padres estaban fuera del convento; me acosté y pedí ver de nuevo a Jesús. Cuando entré dentro de mí y me di cuenta, miré despacio mis llagas y prorrumpí en himnos de adoración y acción de gracias”.

LA ESTIGMATIZACIÓN COMO LA DE CRISTO

Su estigmatización tiene el mismo origen y el mismo fin que la de Cristo. El Amor. La salvación del mundo. Que los hombres lleguen al Reino de Dios. El amor al Reino: Esta es una frase fácil de pronunciar, pero difícil de entender tal cual la vive el corazón de un santo. Hoy decimos que todo puede ser amor del Reino y que todo es trabajar por el Reino y movilizamos organismos complicados, material de todas clases en favor de una idea más o menos digna. Pero a estos movimientos casi siempre les sobra nerviosismo y confusión interior. Rara vez hay en el fondo la firmeza sencilla y jugosa de la vivencia del amor. Por eso abortan o se quedan a mitad de camino tantas iniciativas emprendidas por amor del Reino, que hacen mucho ruido pero pocas transformaciones. Todo se queda en efectos humanos, resultados averiados, por la razón de que el fondo de las almas sólo lo toca Dios.

A IMAGEN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
hqdefaultEn agosto de 1224, Francisco se retiró con tres compañeros para ayunar cuarenta días. Durante el retiro los sufrimientos de Cristo se convirtieron en el tema de sus meditaciones. Mientras oraba tuvo la visión del serafín, y aparecieron en su cuerpo las señales visibles de las cinco llagas del Crucificado. Un día se le apareció un ángel y le dijo: “Vengo a confortarte y avisarte para que te prepares con humildad y paciencia a recibir lo que Dios quiere hacer de ti”. “Estoy preparado para lo que él quiera”, respondió. Por la mañana del 14 de septiembre, fiesta de la Santa Cruz, antes de amanecer, estaba orando de cara a Oriente, y pedía al Señor “experimentar el dolor que sentiste a la hora de tu Pasión y, en la medida de lo posible, aquel amor sin medida que ardía en tu pecho, cuando te ofreciste para sufrir tanto por nosotros, pecadores”; y también, “que la fuerza dulce y ardiente de tu amor arranque de mi mente todas las cosas, para yo muera por amor a ti, ya que tú te has dignado morir por amor a mí”. De repente, vio bajar del cielo un Serafín con seis alas. Tenía figura de hombre crucificado.

Francisco quedó absorto, sin entender nada, envuelto en la mirada bondadosa de aquel ser, que le hacía sentirse alegre y triste a la vez. Y mientras se preguntaba la razón de aquel misterio, se le fueron formando en las manos y pies los signos de los clavos, tal como los había visto en el crucificado. No eran llagas o estigmas, sino clavos, formados por la carne hinchada por ambos lados y ennegrecida. En el costado se abrió una llaga sangrante, que le manchaba la túnica y los calzones. Explicaba fray León que el fenómeno fue más palpable y real de lo que muchos creen, y que estuvo acompañado de otros signos extraordinarios corroborados por testigos, que creyeron ver el monte en llamas, iluminando el contorno como si ya hubiese salido el sol. Algunos pastores de la comarca se asustaron, y unos arrieros que dormían se levantaron y aparejaron sus mulas para proseguir su viaje, creyendo que era de día.

El Hermano León nos ha dejado con la bendición autógrafa del santo, que se conserva en Asís, una narración simple y clara del milagro. Describe el costado derecho del santo como mostrando una herida abierta por una lanza, mientras que sus manos y pies estaban atravesados por clavos negros de carne, cuyas puntas estaban dobladas hacia atrás. Después de recibir los estigmas Francisco sufrió dolores cada vez mayores en todo su cuerpo frágil, ya de por sí debilitado por la continua mortificación. La diferencia de época, inicios del siglo XIII, creyente, religioso y sacralizado, le ahorrará a Francisco lo que el positivismo racionalista del siglo XX atormentó a Pío de Pietrelcina.

EL AMOR AL REINO COMO FIN

Cuando un Santo realiza una obra grande, siempre le mueve el amor al Reino. Unas veces por su elección y características de su personalidad, otras veces por pura y extraordinaria disposición divina. En uno y en otro caso el santo se sitúa allí donde sabe que pasan las almas de los hombres. Las almas y el ambiente van metidos en su carne y son los que desencadenan la acción.

san_padre_pio_da_pietralcinaCuando se trae en la carne propia un destino salvador de sí mismo y de los que le rodean, la acción no puede estar pendiente de un suceso extraño que surja de improviso, pero el gran apostolado, la acción poderosa sobre las almas, sólo se ejerce desde el amor, amor que es olvido de sí, amor que es caridad de filigrana, amor que es valoración de los demás, amor que es gratitud, generosidad, donación y no búsqueda de medros ni sociales ni populares ni eclesiales, amor que no es trepa, que no es buscador de sus alabanzas y negación de las estimulaciones a los hermanos.

Dicen que para que no sucumban a las tentaciones de vanidad y es mentira, porque si hay caridad de verdad hay que saber que son más numerosas las tentaciones de desaliento que necesitan estímulo y reconocimiento, que las de vanidad. Y se sumergen en el silencio. Silencio porque la palabra que alaba nos parece que si la damos a los demás, nos la restamos a nosotros. Llega el ostracismo. Lo que no se alaba no existe, y la indiferencia, si no la malquerencia y la rivalidad, intentan eso infantilmente, que el mérito no exista. Y el apostolado, en este caso, es sólo apariencia, no realidad. Y por ese camino se acaba en el desierto.

Salvar almas por el amor y con el sacrificio es muy lento costoso, angustioso y doloroso. Hay que preparar el instrumento, pulirlo, purificarlo, sanarlo, santificarlo. Sólo el instrumento identificado con el Agente de la salvación por la gracia que es Dios, puede hacer las grandes obras de Dios. De no ser así, sólo se consiguen chapuzas. Hacer milagros para atraer a la gente, u organizar actos folklóricos para que nos sigan, sería tentar a Dios. Jesús, frente a esta seducción, que tanto atraía a sus contemporáneos e incluso a sus discípulos, acepta el plan del Padre: el mesianismo doliente, profetizado por Isaías, con los medios humildes y pobres propios del Reino de Dios. Es la tentación del exhibicionismo, tan frecuente en los que están empeñados en algún apostolado. Manifestarse. Dispuestos a gestos brillantes y espectaculares, a dejarse llevar en olor de popularidad; rehuirán todo lo que sea trabajo oscuro, anónimo, abnegado, silencioso. Dispuestos a llevar la bandera, pero remisos a cargar con la cruz.

El evangelio no es la promesa de éxitos fáciles. ¿Sal o azúcar? ¿Hay que eliminar la cruz para hacer un cristianismo más fácil? “Cuando la verdadera doctrina es impopular, no es lícito buscar una fácil popularidad” (Juan Pablo II. Cruzando el umbral de la esperanza). Es la tentación que sufrirá ya en la cruz: “Baja para que creamos en ti”. “Todo esto te daré”… Si te ven sentado en un trono de oro, te seguirán los hombres mejor que si te ven en la cruz… Es la tentación de la idolatría; y la del mesianismo triunfalista, humano y terreno. Si en las otras tentaciones no ha conseguido Satanás que Cristo rebaje su mesianismo al simple materialismo de un reformador social, o al brillo de un milagrero, intenta ahora que se limite al puro poder humano. Que se contente con el mundo y se olvide de las almas: Da mihi coetera, animas tolle”. Los reinos de la tierra están fundados en la fuerza y se mantienen con la mentira. ¿Cuántas veces se ha creído que el poder, el dinero, el dinero, eran caminos apostólicos?

Los dolores del Padre Pío, no son sólo fisiológicos e incómodos. Sus llagas no estaban allí de adorno. Su sufrimiento misterioso, es una participación del de Cristo agonizante. Es un miembro eminente de la Iglesia que compadece con el Redentor y que con El redime. Su eficacia en el Cuerpo Místico de Jesús es enorme. Visiblemente contemplamos el día de su canonización la extensión, si no la intensidad de su dimensión. Ejemplar lección para este mundo nuestro de eficacia y de ejecución, que sólo cuenta lo que aparece y lo que se ve y lo que se cuenta. El Padre Pío de Pietrelcina, “el pobre fraile que reza”, completa en su cuerpo lo que le falta a la Pasión de Cristo, porque lleva en su carne las llagas de su Señor Jesús, que se actualiza cada día en la celebración de la Eucaristía.

LAS MISAS MISTERIOSAS DEL PADRE PÍO

Nadie mejor que María nos puede enseñar a comprender y a vivir con fe y amor la santa Misa, uniéndonos al sacrificio redentor de Cristo. Cuando recibimos la comunión, como María y unidos a ella, nos abrazamos al madero que Jesús con su amor ha transformado en instrumento de salvación y pronunciamos nuestro «amén», nuestro «sí» al Amor crucificado y resucitado. Siempre eran impresionantes las misas del Padre Pío. Duraban hasta tres o cuatro horas y la Jerarquía hubo de intervenir para ponerle tasa que él con gracejo respondió que en el Calvario no había relojes. Sus lágrimas y sollozos eran constantes, como lo fueron los del cura de Ars y antes los de San Ignacio de Loyola. Hoy cualquier neurólogo o psiquiatra diagnosticaría depresión, neurastenia o psicopatía. Pero como María estuvo en el Calvario ante su Hijo crucificado y agonizante, está también llorosa con la Iglesia y como Madre de la Iglesia, en nuestras celebraciones eucarísticas («Ecclesia de Eucharistia», 57).

LA GRAN PRUEBA

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Sobre el estigmatizado se acumulan las nubes de la gran “Prueba”. Satanás se prepara a desencadenar un violento ataque sobre el débil, enfermo, doliente Padre Pío. El 18 de abril de 1920 llega a San Giovanni Rotondo el padre Agustín Gemelli, fraile franciscano, médico, psicólogo, científico de fama mundial, que ha fundado en Milán, la universidad del Sagrado Corazón. Se encuentra con el padre Pío y recibe una favorable impresión y escribe: “Cada día constatamos que el árbol franciscano da nuevos frutos y esto es el consuelo más grande para quien se alimenta y vive de este maravilloso árbol”. Pero su actitud cambia cuando no le dejan ver y examinar como médico, los estigmas del padre Pío sin un permiso del Papa. Decepcionado e irritado, vierte afirmaciones imprudentes en una publicación sobre los estigmas de San Francisco, sobre el fraile estigmatizado de Pietrelcina y manifiesta juicios discutibles sobre él, azuzando, durante años disputas, polémicas, juicios superficiales, incredulidad y escepticismo sobre sus estigmas, sus fenómenos de bilocación, el perfume de violeta, de rosas y otras flores que le acompaña. Con las intervenciones del padre Gemelli, la actitud de las autoridades eclesiásticas empieza a cambiar hacia el padre Pío. En enero 1922, muere el Papa y le sucede Achille Ratti, Pío XI, milanés, amigo del Padre Gemelli. Fue tal la prueba que el padre Pío confiesa: “Estoy extremadamente amargado y si Jesús no viene pronto en mi ayuda veo que tendré que sucumbir bajo la prueba”

SUSPENDIDO A DIVINIS

Desde el 31 de mayo de 1923 hasta el 16 de julio de 1933 el Padre Pío permanece, con intermitencias, suspendido a divinis por el “Santo Oficio”, a pesar de que Pío XI, ante la extrañeza de su bilocación ante él, pues mientras hablaba con algunos cardenales y prelados sobre la decisión de “suspenderle a divinis”, entró de repente, en el estudio del Papa, un fraile capuchino. Todos se miran y el mismo Papa se pregunta quien le ha dejado entrar. El fraile se acerca al Pontífice, se arrodilla, le besa el pie y le dice: “Santidad, por el bien de la Iglesia, no permita esto”. Se levanta, va hacia la puerta y sale. El Papa ordena a su secretario preguntar a todas las personas para descubrir porque aquel fraile ha entrado sin haber sido detenido. Pero ni los conserjes, ni los guardias, ni los secretarios han visto ningún fraile.

El Papa encarga al cardenal Silj, amigo y admirador de padre Pío, que pregunte al superior del convento de San Giovanni Rotondo, si tal día y la misma y a tal hora el padre Pío ha salido del convento. El Padre Pío no ha dejado el convento ni un instante. Al oírlo el Papa dice: “Aquí está el dedo de Dios”. A pesar de ello, el 23 mayo de 1931 el Santo Oficio dicta: “Al Padre Pío de Pietrelcina le son retiradas todas las facultades ministeriales menos la de celebrar la Misa, pero sólo dentro del convento, sin participación de fieles”.

padre-pioDócil, acepta con paciencia y resignación, consciente que en los Superiores se manifiesta la voluntad de Dios. Satanás se ha aprovechado de las estructuras eclesiásticas para tratar de derribar a este sacerdote. Era demasiado peligroso para el demonio el ministerio sacerdotal de este gigante de la historia de la Iglesia, en quien se repite el caso del Cura de Ars. Hay un duelo feroz entre Satanás y este humilde ministro de Dios, que ha reconciliado, durante más de sesenta años, a millares de pecadores con Dios Misericordioso. El Padre Pío se dedica a la oración y el estudio. Celebra la Misa que duras dos horas…y hasta cuatro. En el Calvario, dice, no había relojes. Se dedica al estudio. Lee la Divina Comedia, la Historia de la Iglesia de Rohrbracher, otros textos clásicos de espiritualidad y los Padres de la Iglesia.

Se manifiesta: sereno y tranquilo. Come poco y no cena nunca, por la mañana no desayuna ni toma el café. Los estigmas le causan pérdida continua de sangre, un vaso pierde cada día. Le resulta doloroso caminar por los estigmas de los pies. Le ven en el coro rezar, y que a menudo se seca las lágrimas. La figura dulce y tierna de su hija espiritual predilecta, Cleonice Morcaldi, que renunció al matrimonio dirigida por el Padre Pío a la santidad, es su consuelo Durante el período del castigo del Padre Pío, una de las pocas personas que pudo verlo cada día era Pedro el ciego, a quien Cleonice le entregó una carta para el Padre, confirmándole que ella y sus otras hijas espirituales están serenas y llevan con paz la cruz de su separación. Cleonice Morcaldi describe la desolación en que viven por la separación del Padre Pío: Le destituyeron del cargo de Director de la Tercera Orden franciscana. Trasladaron el colegio de los frailes a otro convento. Allí sólo quedó el Padre Superior y otro fraile. Las hijas espirituales de San Giovanni Rotondo ya no subieron al convento. Y la dulce víctima quedó sola, como Jesús en el desierto, en el huerto, en el Calvario.

MEDIO MILLÓN ASISTEN A LA CANONIZACIÓN

Para Juan Pablo II canonizar al padre Pío fue una satisfacción personal, pues siendo joven sacerdote en 1947, visitó al capuchino y se confesó con él; le visitó otras dos veces en San Giovanni Rotondo, siendo cardenal de Cracovia en 1974 y siendo Papa, el 23 de mayo de 1987. Desde Cracovia le había escrito dos cartas, pidiéndole oraciones para que Wanda Poltawska, conocida suya y madre de familia, fuera curada de cáncer; y agradeciéndole la “gracia recibida”. El domingo 16 de junio de 2002, el Sumo Pontífice pronunció, con emoción y dificultad, la fórmula de la canonización: «Declaramos y definimos que el Beato Pío de Pietrelcina es Santo y le inscribimos en el catálogo de los santos». Su fiesta será celebrada en toda la Iglesia universal el 23 de septiembre, fecha de su fallecimiento o “nacimiento para el cielo.

Fuentes: Diversas fuentes consultadas

Transcrito: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Vidas de Santos San Alfonso María de Ligorio

Otra nuevo apartado dentro del Blog, que vistas las visitas y aceptación que está teniendo, me anima a seguir innovando. En esta sección que se irá ampliando cada día, iremos añadiendo la vida de algunos santos. Espero que os guste y os animo a hacer comentarios.

San Alsonso fue uno de los más insignes hijos de la Vírgen María, fue su defensór, muchas de sus obras aún son relevantes y tienen gran calado dentro de la Iglesia. Yo personalmente como franciscano he leido muchas de ellas, certificando que sus tratados sobre la verdadera devocion, el santo rosario y otros son de fecunda siembra para el alma, os los recomiendo.

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO (OBISPO Y DOCTOR (+ 1787)

Los santos sueles traer consigo un mensaje y casi siempre, como los papas, son providenciales y vienen cuando se les necesita. San Alfonso María de Ligorio ha legado a la Iglesia un mensaje muy fuerte.

Escritor de muchas y buenas obras, entre ellas “El Gran remedio de la Oración” ó “El Gran misterio del Rosario”, es con mucho uno de los mejores Doctores que ha tenido la Iglesia. Su vida y sus preciosas Obras, y por medio de sus hijos los Redentoristas que heredaron su espíritu. Se dice que un viejo misionero que estaba en Marianela de Nápoles al nacer nuestro pequeño Alfonso el 1696, le hizo esta profecía: “Este niño será obispo, vivirá cerca de cien años y hará grandes cosas por Jesucristo”. Perteneció a una familia nombre napolitana. A los siete años ya lo ponen a estudiar letras clásicas. A los doce se matricula en la universidad y a los dieciséis ya es investido con la toga de doctor en ambos Derechos. También estudió esgrima, arte, lenguas modernas, música y pintura.

Durante ocho años se entregó en su bufete de abogado a defender pleitos. Alfonso se preparó y se ordenó sacerdote en el año 1726. Se entregó a recorrer toda Italia predicando Misiones populares y escribiendo preciosos tratados sobre todos los temas que sabía interesaban al pueblo fiel: Moral, Catecismos, Sermones, Visitas al Santísimo, Tratados sobre la Virgen María, de la cual era un especial devoto. El año 1732 funda la Congregación de los Redentoristas para que sigan su obra. A sus 66 años el Papa Clemente XIII le obliga a aceptar ser obispo de Santa Águeda de los Godos. Es un padre y Pastor maravilloso. Muere en olor de santidad a sus 91 años. Era el 1 de Agosto de 1787.

Por especial disposición de la Iglesia es patrón de los abogados. Intentemos ser como él lo fue unos verdaderos amantes de María Santísima.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m

 

Santos protectores intercesores entre Dios y el hombre

Hay una serie de Santos que interceden ante Dios por nosotros, aquí os mostramos una lista de los Santos y el patrocinio que tienen:

Espirituales y personales

*Almas del Purgatorio(San Nicolás de Tolentino)
* Amistad verdadera (San Juan Evangelista )
* Aspirantes al Sacerdocio (San Gabriel )
* Asuntos desesperados e imposibles (San Judas Tadeo )
* Asuntos rápidos (San Expedito )
* Aumentar su fe en la divina Providencia (San Cayetano)
* Buen viaje(San Cristóbal )
* Cáncer- enfermos- (San Ezequiel Moreno)
* Casa propia- conseguir- (San Onofre)
* Conseguir novio (San Antonio de Padua)
* Contra los perjurios y falsos juramentos (San Pancracio )
* Depresión (San Felipe Neri)
* Diablo-posesión(San Pedro )
* Donantes de Sangre (San Jenaro )
* Elección del estado de vida(Luis Gonzaga)
* Ecología(San Francisco de Asís)
* Estudiantes-exámenes (San José de Cupertino, Luis Gonzaga)
* Evitar el infierno y almas del purgatorio(San Patricio )
* Evitar pecar (San Simón Stock )
* Honestidad e integridad de virtud de jóvenes cristianas (Santa María Goretti)
* Encontrar objetos perdidos (San Antonio de Padua)
* Éxito Matrimonial (Santa Ana )
* Familia cristiana (San José )
* Imposibles (Santa Rita )
* Jóvenes (San Casimiro)
* Juventud (San José )
* Libertad(San Nicolás de Tolentino)
* Madres que crían hijos(Santa Juana Chantal)
* Maleficios (San Bruno )
* Matrimonio (San José )
* Matrimonio-desavenencias(San Pedro )
* Nerviosismo (San Bartolomé )
* Niños maltratados (San Tarsicio )
* Novio-conseguir (San Antonio de Padua)
* Novios y cónyuges (San Valentín )
* Pan cotidiano(San Nicolás de Tolentino)
* Parejas de enamorados (San Antonio de Padua)
* Pedido de gracia de saber orar ( Santa Teresa de Jesús)
* Penitentes(San Pedro, apóstol )
* Perseguidos(Santa Brígida)
* Posesión diabólica (San Bruno )
* Presos (San Leonardo )
* Prostitutas arrepentidas (San María Magdalena
* Pureza del cuerpo, mente y corazón(Santa Beatriz )
* Pureza juvenil(Luis Gonzaga)
* Tener hijos (Santa Ana )
* Tentaciones carnales (San Casimiro)

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

San Francisco, ¡el otro Cristo!

Paso a relataros ahora abreviando muy mucho, lo que es la parte más importante de nuestro hermano Francisco:

Francisco nuestro hermano, nació en Asís (Italia), el año 1182. Después de una juventud de diversiones, se convirtió, renunció a los bienes paternos y se entregó de lleno a Dios. Abrazó la pobreza y vivió una vida evangélica, predicando a todos el amor de Dios. Con sus ideas originales y su forma de enseñar el evangelio con el ejemplo; cambió para siempre su mundo en la Edad Media. Murió el año 1226.

Francisco el Santo de Asís

Ciertamente no existe ningún santo que sea tan popular como él tanto entre católicos como entre los protestantes y aun entre los no cristianos.San Francisco de Asís cautivó la imaginación de sus contemporáneos presentándoles la pobreza, la castidad y la obediencia con la pureza y fuerza de un testimonio radical.
Llegó a ser conocido como el Pobre de Asís por su matrimonio con la Pobreza.

Conociendo a nuestro Francisco

Nació en una ciudad de Umbría (Asís), en el año 1182. Su padre, Pedro Bernardone, era comerciante. El nombre de su madre era Pica y algunos autores afirman que pertenecía a una noble familia de la Provenza. Tanto el padre como la madre de Francisco eran personas acomodadas. Pedro Bernardone comerciaba especialmente en Francia. Como se hallase en dicho país cuando nació su hijo, las gentes le apodaron “Francesco” (el francés), por más que en el bautismo recibió el nombre de Juan. En su juventud, Francisco era muy dado a las románticas tradiciones caballerescas que propagaban los trovadores. Disponía de dinero en abundancia y lo gastaba pródigamente, con ostentación. Ni los negocios de su padre, ni los estudios le interesaban mucho, sino el divertirse en cosas vanas que comúnmente se les llama “gozar de la vida”. Sin embargo, no era de costumbres licenciosas y acostumbraba a ser muy generoso con los pobres que le pedían por amor de Dios.

Francisco siempre había tenido la idea en su cabeza de ser un caballero, de ganar fama y honor, y por un tiempo ayudado por su padre, acometió algunas empresas, sin fundamento alguno, y un día mientras oraba en la iglesia de San Damián en las afueras de Asís, el crucifijo, (hoy llamado Crucifijo de San Damián) le repitió tres veces: “Francisco, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas”.

Cruz san Damian

(cruz de San Damián)

Nuestro Francisco al ver la iglesia en muy mal estado, creyó que el Señor quería que la reparase; así pues, partió inmediatamente, tomó una buena cantidad de vestidos de la tienda de su padre y los vendió junto con su caballo. En seguida llevó el dinero al pobre sacerdote que se encargaba de la iglesia de San Damián, y le pidió permiso de quedarse a vivir con él. El buen sacerdote consintió en que Francisco se quedase con él, pero se negó a aceptar el dinero. El joven lo depositó en el alféizar de la ventana.

Lo que nuestro Francisco no sabía es que Cristo se refería a toda la Iglesia, en general que en el medievo estaba bastante “tocada”, algo así como podríamos decir en nuestros días. El Señor lo que le pedía era que tratase de reparar toda la Iglesia, y en cierto modo sus acciones y las acciones de sus seguidores siglos después lo lograrían.

Su padre le obligó a comparecer ante el obispo Guido de Asís, quien exhortó al joven a devolver el dinero y a tener confianza en Dios: “Dios no desea que su Iglesia goce de bienes injustamente adquiridos.” Francisco obedeció a la letra la orden del obispo y añadió: “Los vestidos que llevo puestos pertenecen también a mi padre, de suerte que tengo que devolvérselos.” Acto seguido se desnudó y entregó sus vestidos a su padre, diciéndole alegremente: “Hasta ahora tú has sido mi padre en la tierra. Pero en adelante podré decir: Padre nuestro, que estás en los cielos”.

Pedro Bernardone abandonó el palacio episcopal “temblando de indignación y profundamente lastimado.” El obispo regaló a Francisco un viejo vestido de labrador, que pertenecía a uno de sus siervos. Francisco recibió la primera limosna de su vida con gran agradecimiento, trazó la señal de la cruz sobre el vestido con un trozo de tiza y se lo puso.

 Cuando nuestro Francisco termino las reparaciones en la iglesia de San Damián, realizo la misma operación con la antigua iglesia de San Pedro. Después, se trasladó a una capillita llamada Porciúncula, que pertenecía a la abadía benedictina de Monte Subasio. Probablemente el nombre de la capillita aludía al hecho de que estaba construida en una reducida parcela de tierra.

La Porciúncula se hallaba en una llanura, a unos cuatro kilómetros de Asís y, en aquella época, estaba abandonada y casi en ruinas. La tranquilidad del sitio agradó a Francisco tanto como el título de Nuestra Señora de los Ángeles,  en cuyo honor había sido erigida la capilla. Francisco la reparó y fijó en ella su residencia. Ahí le mostró finalmente el cielo lo que esperaba de él, el día de la fiesta de San Matías del año 1209.

En aquella época, el evangelio de la misa de la fiesta decía: “Id a predicar, diciendo: El Reino de Dios ha llegado, Dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente. No poseáis oro … ni dos túnicas, ni sandalias, ni báculo … He aquí que os envío como corderos en medio de los lobos. . .” (Mat.10 , 7-19). En estas palabras se vio como reflejado y se dijo a sí mismo que este era el camino que deseaba seguir, nuestro querido Francisco se las aplico literalmente, regaló sus sandalias, su báculo y su cinturón y se quedó solamente con la pobre túnica ceñida con un cordón. Tal fue el hábito que dio a sus hermanos un año más tarde: la túnica de lana burda de los pastores y campesinos de la región. Vestido en esa forma, empezó a exhortar a la penitencia con tal energía, que sus palabras hendían los corazones de sus oyentes.

Dios le había concedido ya el don de profecía y el don de milagros. Cuando pedía limosna para reparar la iglesia de San Damián, acostumbraba decir: “Ayudadme a terminar esta iglesia. Un día habrá ahí un convento de religiosas en cuyo buen nombre se glorificarán el Señor y la universal Iglesia.” La profecía se verificó cinco años más tarde en Santa Clara y sus religiosas.

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Francisco tuvo pronto numerosos seguidores y algunos querían hacerse discípulos suyos. El primer discípulo fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís. Al principio Bernardo veía con curiosidad la evolución de Francisco y con frecuencia le invitaba a su casa, donde le tenía siempre preparado un lecho próximo al suyo. Bernardo se fingía dormido para observar cómo el siervo de Dios se levantaba calladamente y pasaba largo tiempo en oración.

En 1210, cuando el grupo contaba ya con doce miembros, Francisco redactó una regla breve e informal que consistía principalmente en los consejos evangélicos para alcanzar la perfección. Con ella se fueron a Roma a presentarla para aprobación del Sumo Pontífice. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad, y viviendo de las limosnas que la gente les daba.

Al princio se negarón a aceptar la regla que nuestro querido Francisco presentaba, pero he aquí que un “avispado” obispo, se dio cuenta que si se lo negaban, negaban la forma de vida que pidio Cristo y eso no podía hacerse. Por tanto como veremos ahora, fue aprobada “la forma de vida” verbalmente.

El cardenal Juan Colonna alegó en favor de Francisco que su regla expresaba los mismos consejos con que el Evangelio exhortaba a la perfección. Más tarde, el Papa relató a su sobrino, quien a su vez lo comunicó a San Buenaventura, que había visto en sueños una palmera que crecía rápidamente y después, había visto a Francisco sosteniendo con su cuerpo la basílica de Letrán que estaba a punto de derrumbarse. Cinco años después, el mismo Pontífice tendría un sueño semejante a propósito de Santo Domingo. Inocencio III mandó, pues, llamar a Francisco y aprobó verbalmente su regla; en seguida le impuso la tonsura, así corno a sus compañeros y les dio por misión predicar la penitencia.

Había hecho de la pobreza el fundamento de su orden y su amor a la pobreza se manifestaba en su manera de vestirse, en los utensilios que empleaba y en cada uno de sus actos. Acostumbraba llamar a su cuerpo “el hermano asno”, porque lo consideraba como hecho para transportar carga, para recibir golpes y para comer poco y mal. Cuando veía ocioso a algún fraile, le llamaba “hermano mosca” porque en vez de cooperar con los demás echaba a perder el trabajo de los otros y les resultaba molesto. Poco antes de morir, considerando que el hombre está obligado a tratar con caridad a su cuerpo, Francisco pidió perdón al suyo por haberlo tratado tal vez con demasiado rigor. El santo se había opuesto siempre a las austeridades indiscretas y exageradas. En cierta ocasión, viendo que un fraile había perdido el sueño a causa del excesivo ayuno, Francisco le llevó alimento y comió con él para que se sintiese menos mortificado.

En el otoño de ese año, Francisco, no contento con todo lo que había sufrido y trabajado por las almas en Italia, resolvió ir a evangelizar a los mahometanos. Así pues, se embarcó en Ancona con un compañero rumbo a Siria; pero una tempestad hizo naufragar la nave en la costa de Dalmacia. Como los frailes no tenían dinero para proseguir el viaje se vieron obligados a esconderse furtivamente en un navío para volver a Ancona.

Nuestro Francisco ante el Sultan

Francisco decidió partir nuevamente a predicar a los mahometanos en Marruecos. Pero Dios tenía dispuesto que no llegase nunca a su destino: el santo cayó enfermo en España y, después, tuvo que retornar a Italia. Ahí se consagró apasionadamente a predicar el Evangelio a los cristianos.

Francisco dio a su orden el nombre de “Frailes Menores” por humildad, pues quería que sus hermanos fuesen los siervos de todos y buscasen siempre los sitios más humildes. Con frecuencia exhortaba a sus compañeros al trabajo manual y, si bien les permitía pedir limosna, les tenía prohibido que aceptasen dinero. Pedir limosna no constituía para él una vergüenza, ya que era una manera de imitar la pobreza de Cristo.

Cuentan que el Sultan llegó a decir: ¨si todos los cristianos fueran como él, entonces valdría la pena ser cristiano¨.  Pero el Sultán, Malek-al-Kamil, mandó a Francisco que volviese al campo de los cristianos.

Unos dos años antes San Francisco y el cardenal Ugolino habían redactado una regla para la cofradía de laicos que se habían asociado a los frailes menores y que correspondía a lo que actualmente llamamos tercera orden, fincada en el espíritu de la “Carta a todos los cristianos”, que Francisco había escrito en los primeros años de su conversión. La cofradía, formada por laicos entregados a la penitencia, que llevaban una vida muy diferente de la que se acostumbraba entonces, llegó a ser una gran fuerza religiosa en la Edad Media. En el derecho canónico actual, los terciarios de las diversas órdenes gozan todavía de un estatuto específicamente diferente del de los miembros de las cofradías y congregaciones marianas.

Nuestro querido Franciso murio en olor de santidad en el año 1226.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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