Category Archive TEOLOGÍA

La vocación de los laícos fortalece la Iglesia de Dios

Por los laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los miembros del orden sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia. Así todos somos laicos miembros de la iglesia de Cristo y todos participamos en los actos de la Iglesia, es más junto con el sacerdote en la misa formamos uno con él.  Paso a recordaros brevemente las funciones, obligaciones y derechos que tienen los laicos en la Iglesia.

1) S.D.No.94

El Pueblo de Dios está constituido en su mayoría por fieles cristianos laicos. Ellos son llamados por Cristo como Iglesia, agentes y destinatarios de la Buena Noticia de la Salvación, a ejercer en el mundo, viña de Dios, una tarea evangelizadora indispensable.

A ellos se dirigen hoy las palabras del Señor: “Id también vosotros a mi viña” (Mt. 20,3-4) y estas otras: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda la creación” (Mc 16,15; cf.ChL 33)

Como consecuencia del bautismo los fíeles son injertados en Cristo y son llamados a vivir el triple oficio: sacerdotal, profético y real. Esta vocación debe ser fomentada constantemente por los pastores en las Iglesias particulares.

2) S.D.No.96

Sin embargo se comprueba que la mayor parte de los bautizados no han tomado aún conciencia plena de su pertenencia a la Iglesia. Se sienten católicos, pero no Iglesia. Pocos asumen los valores cristianos como un elemento de su identidad cultural y por lo tanto no sienten la necesidad de un compromiso eclesial y evangelizador. Como consecuencia, el mundo del trabajo, de la política, de la economía, de la ciencia, del arte, de la literatura y de los medios de comunicación social no son guiados por criterios evangélicos. Así se explica la incoherencia que se da entre la fe que
dicen profesar y el compromiso real en la vida.

Se comprueba también que los laicos no son siempre adecuadamente acompañados por los Pastores en el descubrimiento y maduración de su propia vocación.

La persistencia de cierta mentalidad clerical en numerosos agentes de pastoral, clérigos e incluso laicos, la dedicación de muchos laicos de manera preferente a tareas intra-eclesiales y una deficiente formación les priva de dar respuestas eficaces a los desafíos actuales de la sociedad.

3) Cf. Ch. L. No.23

La misión salvífica de la Iglesia en el mundo es llevada a cabo no sólo por los ministros en virtud del sacramento del Orden, sino también por todos los fíeles laicos. En efecto, éstos, en virtud de su condición bautismal y de su específica vocación, participan en el
oficio sacerdotal, profetice y real de Jesucristo, cada uno en su propia medida.

Los pastores, por tanto, han de reconocer y promover los ministerios, oficios y funciones de los fíeles laicos, que tienen su fundamento sacramental en el Bautismo y en la Confirmación, y para muchos de ellos, además en el Matrimonio.

Después, cuando la necesidad o la utilidad de la Iglesia lo exija, los pastores -según las normas establecidas por el derecho universal- pueden confiar a los fieles laicos algunas tareas que, si bien están conectadas a su propio ministerio de pastores, no exigen, sin embargo, el carácter del Orden. El Código de Derecho Canónico escribe ” Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho “- Sin embargo, el ejercicio de estas tareas no hace del fiel laico un pastor. En realidad, no es la tarea lo que constituye el ministerio, sino la ordenación sacramental. Sólo el sacramento del Orden atribuye al ministerio ordenado una peculiar participación en el oficio de Cristo Cabeza y Pastor y en su sacerdocio eterno. La tarea realizada en calidad de suplente tiene su legitimación -formal e independiente- en el encargo oficial hecho por los pastores, y depende, en su concreto ejercicio, de la dirección de la autoridad eclesiástica.

La reciente Asamblea sinodal ha trazado un amplio y significativo panorama de la situación eclesial acerca de los ministerios, los oficios y las funciones de los bautizados. Los Padres han apreciado vivamente la aportación apostólica de los fieles laicos, hombres y mujeres, en favor de la evangelización, de la santificación y de la animación cristiana de las realidades temporales, como también su generosa disponibilidad a la suplencia en situaciones de emergencia y de necesidad crónica.

Como consecuencia de la renovación litúrgica promovida por el Concilio, los mismos fíeles laicos han tomado una más viva conciencia de las tareas que les corresponden en la asamblea litúrgica y su preparación, y se han manifestado ampliamente dispuestos a desempeñarlas. En efecto, la celebración litúrgica es una acción sacra no sólo del clero, sino de toda la asamblea. Por tanto, es natural que las tarcas no propias de los ministros ordenados sean desempeñadas por los fieles laicos. Después, ha sido espontáneo el paso de una efectiva implicación de los fíeles laicos en la acción litúrgica a aquélla en el anuncio de la Palabra de Dios y en la cura pastoral.

En la misma Asamblea sinodal no han faltado, sin embargo, junto a los positivos, otros juicios críticos sobre el uso indiscriminado del término ” ministerio “, la confusión y tal vez la igualación entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial, la escasa observancia de ciertas leyes y normas eclesiásticas,, la interpretación arbitraria del concepto de ” suplencia “, la tendencia a la “clericalización” de los fieles laicos y el riesgo de crear de hecho una estructura eclesial de servicio paralela a la fundada en el sacramento del Orden.

Precisamente para superar estos peligros, los Padres sinodales han insistido en la necesidad de que se expresen con claridad sirviéndose también de una terminología más precisa, tanto la unidad de misión de la Iglesia, en la que participan todos los bautizados, como la sustancial diversidad del ministerio de los pastores, que tiene su raíz en el sacramento del Orden, respecto de los otros ministerios, oficios y funciones eclesiales, que tienen su raíz en los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación.

Es necesario pues, en primer lugar, que los pastores, al reconocer y conferir a los fieles laicos los varios ministerios, oficios y funciones, pongan el máximo cuidado en instruirles acerca de la raíz bautismal de estas tareas. Es necesario también que los pastores estén vigilantes para que se evite un fácil y abusivo recurso a presuntas ” situaciones de emergencia “o de ” necesaria suplencia “, allí donde no se dan objetivamente o donde es posible remediarlo con una programación pastoral más racional.

Los diversos ministerios, oficios y funciones que los fieles laicos pueden desempeñar legítimamente en la liturgia, en la transmisión de la fe y en las estructuras pastorales de la Iglesia, deberán ser ejercitados en conformidad con su específica vocación laical, distinta de aquella de los sagrados ministros- En este sentido, la exhortación Evangeli Nuntiandi; que tanta y tan beneficiosa parte ha tenido en el estimular la diversificada colaboración de los fieles laicos en la vida y en la misión evangelizadora de la Iglesia, recuerda que ” el campo propio de su actividad evangelizadora es el dilatado y complejo mundo de la política, de la realidad social, de la economía; así como también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los órganos de comunicación social; y también de otras realidades particularmente abiertas a la evangelización, como el amor, la familia, la educación de los niños y de los adolescentes, el trabajo profesional, el sufrimiento. Cuantos más laicos haya compenetrados con el espíritu evangélico, responsables de estas realidades y explícitamente comprometidos en ellas, competentes en su promoción y conscientes de tener que desarrollar toda su capacidad cristiana, a menudo ocultada y sofocada, tanto más se encontrarán estas realidades al servicio del Reino de Dios -y por tanto de la salvación en Jesucristo-, sin perder ni sacrificar nada de su coeficiente humano, sino manifestando una dimensión trascendente a menudo desconocida “.

Durante los trabajos del Sínodo, los Padres han prestado no poca atención al Lectorado y al Acolitado. Mientras en el pasado existían en la Iglesia Latina sólo como etapas espirituales del itinerario hacia los ministerios ordenados, con el Motu propio de Pablo VI Muüsteria quaedam (15 Agosto 1972) han recibido una autonomía y estabilidad propias, como también una posible destinación a los mismos fíeles laicos, si bien sólo a los varones. En el mismo sentido se ha expresado el nuevo Código de Derecho Canónico. Los Padres sinodales han manifestado ahora el deseo de que ” el Motu propio “Ministeria quaedam” sea revisado, teniendo en cuenta el uso de las Iglesias locales e indicando, sobre todo, los criterios según los cuales han de ser elegidos los destinatarios de cada ministerio”.

A tal fin ha sido constituida expresamente una Comisión, no sólo para responder a este deseo manifestado por los Padres sinodales, sino también, y sobre todo, para estudiar en profundidad los diversos problemas teológicos, litúrgicos, jurídicos y pastorales surgidos a partir del gran florecimiento actual de los ministerios confiados a los fieles laicos.

Para que la praxis eclesial de estos ministerios confiados a los fieles laicos resulte ordenada y fructuosa, en tanto la Comisión concluye su estudio, deberán ser fielmente respetados por todas las Iglesias particulares los principios teológicos arriba mencionados, en particular la diferencia esencial entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común y, por consiguiente, la diferencia entre los ministerios derivados del Orden y los ministerios que derivan de los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación.

4) Cat.I.C.897

Por los laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los miembros del orden sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia, Son, pues- los cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el pueblo de Dios y que participan de las funciones de Cristo-, Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo.

5) Cat.I.C.900

Como todos los fieles, los laicos están encargados por Dios del apostolado en virtud del bautismo y de la confirmación y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, do trabajar para que el mensaje divino
de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra, ésta obligación es tanto más apremiante cuando sólo por medio de ellos los demás hombres pueden oír el evangelio y conocer a Cristo. En las comunidades eclesiales, su acción es tan necesaria, que sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener en la mayoría de las veces su plena eficacia.

Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

¿Dónde estan las almas de los difuntos?

Las almas de aquellas personas queridas o no que fallecen parece que van a un lugar determinado, es doctrina de la Iglesia católica la práctica de rezar por las benditas almas del Purgatorio; que  está basada sobre la fe en la Comunión de los Santos.

Los miembros del Cuerpo Místico pueden ayudarse unos a otros, mientras estén en la tierra y después de la muerte. Si nos fijamos en las oraciones litúrgicas de la Iglesia vemos claramente que se invoca con frecuencia a los Ángeles y a los Santos en favor de la Iglesia sufriente o Purgatorio, pero siempre para que intercedan por ella.

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Toda persona en estado de gracia puede orar con provecho por las benditas almas; probablemente es necesario, al menos, hallarse en estado de gracia santificante para ganar las indulgencias por los difuntos. Aún sin estar en estado de gracia, es recomendable rezar por ellas, siempre tenerlas en el recuerdo.

El Concilio Vaticano Segundo hizo profesión de fe en la Iglesia Sufriente diciendo: “Este Sagrado Concilio recibe con gran piedad la venerable fe de nuestros hermanos que se hallan en gloria celeste o que aún están purificándose después de la muerte”, lo que explicita una alusión a un lugar o estado que podríamos llamar “purgatorio”.

Aunque no sea doctrina definida, se mantiene como doctrina común que sufrimiento mayor del Purgatorio consiste en la “pena de ausencia”, porque las almas están temporalmente privadas de la visión beatifica. Sin embargo, no hay comparación entre este sufrimiento y las penas del Infierno. Es temporal y por eso lleva consigo la esperanza de ver a Dios algún día cara a cara. Las almas lo llevan con paciencia, pues comprenden que la purificación es necesaria. La aceptan generosamente por amor de Dios y con perfecta sumisión a su voluntad.

Es probable que las penas del Purgatorio van disminuyendo gradualmente de manera que en las etapas finales no podemos comparar los sufrimientos de este mundo con los que padece un alma próxima a la visión de Dios. En ocasiones Dios permite que tengamos “visitas” de estas almas a través de los sueños. Los sueños es un caudal de comunicación entre almas, yo creo como franciscano que el alma se comunica a niveles sutiles con otras experiencias extracorpóreas que como energías pululan alrededor nuestro, como hoy en día casi va admitiendo la física cuántica.

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Pero las almas experimentan también inmensa alegría espiritual. Están totalmente ciertas de su salvación. Tiene fe, esperanza y caridad. Saben que ellas mismas están en amistad con Dios, confirmadas en gracia y sin poder ofenderle.

Aunque las almas en el Purgatorio no pueden merecer, sin embargo pueden orar y obtener el fruto de la oración. El poder de su oración depende del grado de santidad. Es cierto que pueden orar por los que viven en la tierra. Por la Comunión de los Santos entendemos que están unidas a la Iglesia militante. Debemos animarnos a invocar su ayuda con la confianza de que ellas nos escuchan. Entienden perfectamente nuestras necesidades, porque las experimentaron y porque están agradecidas a las oraciones, sacrificios y santas Misas que ofrecemos por ellas.

Por tanto en el día de hoy en el que celebramos la conmemoración de los fieles difuntos, tengamos un recuerdo especial, no solo por los familiares y amigos, sino por aquellos que sufren persecución o por algún motivo.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Los ángeles nuestros compañeros de camino

Como todos sabemos hay una serie de compañeros que nos acompañan desde pequeños, son los que llamamos ángeles, entidades puras o energía sutiles.  Como ya dijimos en otro artículo de TRAS CRISTO Y FRANCISCO DE ASÍS, en teología hay una rama que estudia a los ángeles que  se conoce como “Angeología”. Aunque hay otras religiones que realizan estudios sobre los mismos, por ejemplo el estudio de los ángeles hace ya siglos que se hace desde el tiempo de los babilonios y no proviene como se cree del judaísmo o del cristianismo.

La creación de los ángeles fue hecha por Dios son seres inmortales pero no eternos, ya que la eternidad es un atributo que solo pertenece a Dios. Es importante saber que los ángeles son superiores a los seres humanos ya que fueron dotados de una gran inteligencia y Dios los doto con voluntad propia y libre albedrío, al cual renunciaron (unos para bien, los buenos) y otros siguieron su propia voluntad (los malos), pero lo importante es que la inmensa mayoría entregaron su voluntad al Creador.

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Los ángeles son también mensajeros divinos, cuya misión en la tierra es la de servir a la humanidad y de guiarla por el buen camino. Tienen diferentes funciones entre las cuales y la más importante o primordial es adorar a Dios y llevar a cabo sus mandatos en la tierra y en el universo. En palabras más concretas un ángel es una fuerza cósmica emitida por el Creador del Universo en el momento de la creación; es una cantidad de energía específica (un espíritu, algunos teólogos de hoy día identifican al espíritu con una energía), con una gran inteligencia y conciencia de sí mismo el cual tiene características tales como: perfección, lógica, justicia, control, compasión y amor.

Aunque ya hemos hablado de lo que es la jerarquía (Dionisio Areopagita) angélica en otros artículos del site, vamos a recordarlos un poco. De todas formas en el apartado “ANGEOLOGIA” de mi sitio podéis buscar otros artículos relacionados con el tema.

La jerarquía celestial se compone de tres órdenes y se divide de la siguiente manera:
Primera Orden:

1.-Serafines
2.-Querubines
3.- Tronos

Esta primera orden con sus tres coros son los que controlan el orden del universo y la manifestación de la voluntad divina.
Segunda Orden:

1.-Dominaciones
2.-Virtudes
3.- Poderes
Estos representan el poder de Dios y están a cargo de gobernar los planetas, especialmente la tierra. Pero también tienen como función llevar a cabo los mandatos de la primera orden y dirigir la tercera orden de ángeles.
Tercera Orden:
1.-Principados
2.-Arcángeles
3.-Ángeles

Estos son los que protegen y guían a la humanidad y también elevan nuestras plegarias al Creador. Ya en este punto podremos conocer más concretamente cada uno de ellos, comenzamos con los Serafines y conoceremos un poco de cada uno de los que componen la jerarquía celestial:

1.Serafines son el más elevado de los coros angelicales, son descritos como seres brillantes e incorruptibles. Se conocen como los ángeles del amor y son los que rodean el trono de Dios.
2. Querubines fueron los que Dios puso en la entrada del Edén con una espada llameante, los Querubines son aquellos que rezan e interceden.
3. Tronos son los que están al frente del trono de Dios, su misión es la de inspirar Fé en el poder del Creador, se conocen como los encargados de llevar a cabo la justicia divina.
4. Dominaciones se conocen como los que adjudican sus labores o misiones a ángeles menores, la majestad de Dios es revelada a través de ellos, parte de su misión es mantener el orden en el cosmos.
5. Virtudes son los que confieren el don de la virtud a los seres humanos especialmente gracia y valor. Estos son los que están a cargo del movimiento de los planetas, controlan las leyes cósmicas.
6. Poderes son los guardianes o protectores del orden en el cielo y evitan que los ángeles del mal destruyan el mundo. Es importante mencionar que este coro tiene el permiso divino de castigar y perdonar. También tienen el poder de ayudar a los seres humanos a resistir las tentaciones del mal.
7. Principados tienen a cargo la protección de reyes, gobernantes, jueces de la tierra para que su iluminación les ayude a tomar decisiones justas. También protegen organizaciones grandes, naciones, iglesias y tienen símbolos específicos los cuales son el cetro, la cruz y la espada.
8. Arcángeles son los que diariamente batallan contra Satanás, ya que tienen a su cargo el interceder por los pecados de los seres humanos o debilidades de estos.
9. Ángeles son los que actúan como intermediarios entre Dios y los seres humanos. En este grupo es que se encuentran los ángeles guardianes. Este coro es el que más cerca está de los seres humanos constantemente para ayudarles.

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De todas formas esta clasificación puede ser más teórica que practica, por tanto tampoco conviene fijarnos en estos aspectos, pero si tener en cuenta que hay un cúmulo de seres que están alrededor nuestro, que comparten en muchos casos nuestra vida y ni siquiera nos percatamos de ello. Espero haber despertado al menos la curiosidad, para que el visitante del site, se lance a su propia búsqueda e investigación.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Angeología ¿que es y que estudia?

Se habla mucho en varios ambientes de angeología, e incluso se la está mezclando con otras creencias que nada o poco tienen que ver, se mezclan con astrología, new age, oráculos, etc., pero aquí en TRAS CRISTO Y FRANCISCO DE ASÍS vamos a tratarlo de una manera un poco más seria, veamos pues y empecemos por aclarar un poco, ¿Qué es realmente la angeología?, la podemos definir como la parte de la teología de la Iglesia Católica que se encarga del estudio de los Ángeles. La palabra “ángel” en Inglés es una fusión de Engel la palabra Inglés Antiguo (con un duro g) y la Angele francés antiguo. Ambos derivan del latín angelus, y desde allí al ἄγγελος griego koiné – angelos (“mensajero”) utilizados en la Septuaginta para traducir la Mal’akh hebreo מלאך (YAHWEH) “mensajero (del Señor)”. a22

Más que nada era un mensajero (como acabo de indicar alguna línea más arriba) y debido a su rapidez en la entrega del mensaje y por ser espíritus, en la iconografía se les ha representado comúnmente con “alas” o “niños cabezones con alas”, el caso es que esto es una mera representación, pues aunque hay algunos estudios medio serios sobre todo de la época medieval, no podemos asegurar realmente como son, solo podemos conocer su función, que aparece en muchos escritos y lugares de la Biblia.

La Biblia usa los términos מלאך אלהים (Mal’akh Dios, mensajero de Dios), מלאך יהוה (Mal’akh Adonai, mensajero del Señor), בני אלוהים (B’nai Elohim; hijos de Dios) y הקדושים (ha-qodeshim ; los santos) para referirse a los seres tradicionalmente como los ángeles. Daniel es la figura bíblica primero en referirse a los ángeles por su nombre.

Un ángel es un ser inmaterial presente en las creencias de muchas religiones cuyos deberes son asistir y servir a Dios. Según las tres principales religiones monoteístas, los ángeles actúan típicamente como mensajeros. Más específicamente, en el cristianismo, el término ángel hace referencia a la categoría más inferior de las nueve en que tradicionalmente se dividen los seres angélicos. La rama de la teología que se ocupa de los ángeles se denomina angelología.

Desde el punto de vista religioso, los ángeles son normalmente considerados como criaturas de gran pureza destinadas en muchos casos a la protección de los seres humanos. En este sentido, en el cristianismo, se habla del ángel de la guarda o custodio, que sería aquel que Dios tiene señalado a cada persona para protegerla. Por contraposición, también existe la figura del ángel caído, aquel que ha sido expulsado del cielo por desobedecer o rebelarse contra Dios. El más conocido de ellos, en la tradición cristiana, es Lucifer.

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Aunque los israelitas eran un pueblo monoteísta, vivían rodeados de otros pueblos de tradición politeísta cuyas creencias sin duda ejercieron un fuerte influjo sobre los judíos. Resultó entonces muy útil convertir a cualquier ser “divino” en un servidor del único dios que adoraban, formando así una “corte celestial”, similar a la de los reyes de esa época. Posiblemente por influencia mesopotámica (los israelitas fueron llevados cautivos a Babilonia desde el año 597 a. C. hasta el 538 a. C.), se empezó a representar a estos ángeles con alas. El influjo de la religión mazdeísta, basada en los principios del mal y el bien como explicación de todas las cosas, también contribuyó sin duda a configurar los ángeles como parte “del bien”, mientras que las potencias malignas encajaron de modo natural como “ángeles malos” (o ángeles caídos) y por tanto servidores del mal.

Desde muy pronto, a los ángeles se les atribuyó el papel de intermediarios entre la divinidad y los seres humanos, posiblemente porque su aspecto de “hombres con alas” parecía apropiado para moverse tanto en el ámbito divino como en el humano. Así, ya para los persas un ángel fue el encargado de revelar “la verdad” a Zoroastro. Este modelo se va a repetir una y otra vez en el judaísmo (por ejemplo el ángel Gabriel con Abraham), el cristianismo (ángel Gabriel con la Virgen María) y el islam (ángel Gabriel con Mahoma).

A lo largo de los siglos, los ángeles judíos van evolucionando, en un principio se los menciona como seres tan parecidos a varones humanos que podían ser confundidos con ellos, para ir luego paulatinamente tornándose más espirituales y cumpliendo funciones más especializadas (ángeles que solo sirven a la divinidad, ángeles mensajeros, ángeles que castigan, etc).

Los ángeles en la tradición cristiana parten de lo que se ha dicho sobre ellos en la religión judía; por tanto, son seres creados por Dios para su servicio, que actúan como enviados o mensajeros para los hombres de la tierra. La postura oficial de la Iglesia católica se fija en los concilios de Roma del año 745 y de Aquisgrán del 789, los cuales rechazaron el uso de nombres de ángeles, salvo aquellos citados en la Biblia: Miguel, Gabriel y Rafael. La Iglesia ortodoxa griega y la Iglesia ortodoxa copta reverencian, no obstante, también a Uriel.

De acuerdo a los teólogos cristianos de la Edad Media, los ángeles están organizados en varios órdenes, o coros, angélicos. La clasificación más influyente fue creada por un autor desconocido cuyas obras nos han llegado atribuidas a Dionisio Areopagita, por lo que es conocido como Pseudo-Dionisio Areopagita, y expuso su doctrina angelológica en su libro La Jerarquía Celeste. Según esta obra, los nueve coros angélicos, agrupados en tres grupos, son serafines, querubines y tronos (primer grupo); dominaciones, virtudes y potestades (segundo grupo) y principados, arcángeles y ángeles (tercer grupo).

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Los serafines están en la cima de la jerarquía y rodean el trono de Dios; son de color rojo y su atributo es el fuego. Los querubines simbolizan la sabiduría divina y son de color azul y oro. Los tronos representan la justicia divina y llevan toga y bastón de mando. El segundo grupo es responsable de los elementos naturales y de los cuerpos celestes. Las dominaciones llevan corona y cetro. Las potestades ordenan las operaciones que los espíritus superiores ejecutan en los inferiores; también llevan corona y cetro. Las virtudes se refieren a la Pasión de Cristo y llevan a veces flores o símbolos de María. El tercer grupo establece la relación con la humanidad. Los principados protegen a las naciones, los arcángeles son mensajeros de Dios y los de mayor autoridad, y los ángeles protegen a los seres humanos.

Esperando que este breve pero conciso artículo os haya servido para esclarecer las dudas a este respecto.

Fuentes consultadas: Varias fuentes, incluido el Catecismo de la Iglesia Católica.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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