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Sentencias atribuidas a Jesús por los Padres de la Iglesia – Apócrifo

En esta ocasión os traigo una serie de sentencias que conforman otro apócrifo, espero que os guste.

SENTENCIAS ATRIBUIDAS A JESÚS POR LOS PADRES DE LA IGLESIA, Y QUE CONSTABAN EN LOS EVANGELIOS APÓCRIFOS, CUYO TEXTO SE HA PERDIDO

1. Cosa más gloriosa, feliz y perfecta es dar que recibir.

2. Tú, que trabajas en sábado, si sabes lo que haces, bienaventurado eres. Mas si no lo sabes, eres execrable y transgresor de la Ley.

3. Procurad crecer en lo pequeño y disminuir en lo grande. Así, cuando entréis en una casa y pidáis de comer, no os juzguéis dignos de ocupar los puestos principales de la mesa, ni os acerquéis siquiera a ellos, no sea que llegue el anfitrión y os diga: Sentaos más abajo, dejándoos confundidos. Mas, si os aproximáis a los puestos humildes de la mesa, donde están los que son menores que vosotros, el anfitrión os dirá: Colocaos más arriba, y esto os será útil.

4. Si en lo grande no fuisteis fieles, ¿qué se os dará en lo que es grande?

5. Por los enfermos estoy enfermo y por los hambrientos hambriento, y por los sedientos sediento.

6. Pedid lo grande y se os dará lo pequeño. Pedid lo celestial y se os dará lo terrenal.

7. Pocas cosas del mundo sirven para la única cosa necesaria.

8. Resistamos a toda iniquidad y tengámosle odio.

9. Sed buenos banqueros.

10. Los que quieran verme y llegar a mi reino deben poseerme por tormentos y por aflicciones.

11. Si alguien quiere conducir a Israel a la penitencia y por mi nombre creer en Dios, remita sus pecados. Y al cabo de doce años, salga del mundo y no diga: No te oímos.

12. Si os congregáis en mi nombre, y no cumplís mis mandamientos, abominaré de vosotros, y os diré: Apartaos de mí, que no os conozco, obradores de la iniquidad.

13. Sois como corderos en medio de los lobos. Mas después de su muerte, los corderos no temen a los lobos. Así, vosotros no temáis a los que os maten, y que después de que hayáis muerto, nada os podrán hacer. Mas temed a aquel que, después de muertos, tiene potestad para arrojar vuestro cuerpo y vuestra alma a la gehena del fuego.

14. Conservad casta vuestra carne y sed en vuestro más secreto interior inmaculados, a fin de que recibáis la vida eterna.

15. Días vendrán en que brotarán viñas, cada una de las cuales tendrá diez mil gruesas ramas, y en cada rama gruesa diez mil delgadas, y en cada rama delgada diez mil racimos, y en cada racimo diez mil granos, y cada grano, al ser prensado, dará veinticinco metretas de vino. Y, cuando uno de los santos ponga su mano sobre un racimo de éstos, otro racimo exclamará: Yo soy el racimo mejor; tómame y bendice al Señor por causa mía. Igualmente, un grano de trigo dará diez mil espigas, y cada espiga tendrá diez mil granos, y cada grano dará diez libras de harina de flor selecta, y los frutos y los granos y las hierbas se multiplicarán en igual proporción.

16. Yo soy la puerta que conduce al Padre. Mi carne es un pan de vida celeste, y mi sangre es una bebida divina. El Espíritu Santo sabe de dónde viene y adónde va, y castiga lo que está oculto.

17. Sed misericordiosos, para que obtengáis misericordia. Practicad la equidad y la longanimidad. Perdonad, para que se os perdone. Como hagáis, os será hecho. Como deis, os será dado. Como hayáis juzgado, os juzgarán. Encontraréis tanta bondad como bondadosos hayáis sido. Con la medida de que os sirváis, se servirán para mediros.

18. Nadie conoció quién es el Padre, más que el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiso revelar, ni quien es el Hijo más que el Padre.

19. En aquello que os sorprenda y descubra, en ello también os juzgaré.

20. A menudo deseo oír sermones inspirados por el Espíritu Divino, y no tengo quien me los pronuncie.

21. Si no hacéis lo diestro como si fuera siniestro, lo de arriba como si estuviese abajo, y lo anterior como si ocurriese posteriormente, no conoceréis el reino de Dios.

22. Más vale morir en Dios que reinar sobre la tierra toda de uno a otro extremo, porque ¿de qué le sirve al hombre poseer el mundo entero, si sufre esclavitud en su alma?

23. A cualquiera que te pida algo, dáselo.

Fuente: Los Evangelios Apócrifos, por Edmundo González Blanco

Trascrito: Cristóbal Aguilar.

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Oración a San Blas contra enfermedades de garganta

Milagroso San Blas, que lleno de júbilo, en el camino a la cárcel, obrasteis prodigios y salvasteis la vida de un niño que se moría ahogado por una espina que tenía atravesada en la garganta, alcanzadnos del Señor la gracia de vernos libres de todas las enfermedades de lo garganta y emplear a ésta siempre para la gloria de Dios y bien de nuestras almas. Así sea.

Autor: Cristóbal Aguilar.

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Oración a San Antonio María Claret por un enfermo de cáncer

Oh San Antonio María Claret, que durante tu vida en la tierra consolabas tanto a los afligidos y tenías gran amor y tierna compasión a los enfermos ruega por mí ahora que gozas del premio de tus virtudes; echa una mirada de compasión sobre N,… (Menciona aquí a la persona afligida con cáncer) y concédeme esta gracia de curarme de este cáncer, si tal es la voluntad de Dios. Haz tuyos mis cuidados. Habla una palabra al Inmaculado Corazón de María para obtener por su poderosa intercesión la gracia que yo tanto ansío, y una bendición que pueda fortalecerme durante mi vida; asísteme en la hora de mi muerte y guíame a una feliz eternidad. Amén.

Rezar Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

San Antonio María Claret ruega por mí. Amén.

Autor: Cristóbal Aguilar.

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Hechos de Pedro y los doce Apóstoles – Apócrifo

Os traigo en esta ocasión los Hechos de Pedro y de los doce Apóstoles, es un apócrifo encontrado en Nag Hammadi. Espero que os guste es un texto de gran riqueza.

 

HECHOS DE PEDRO Y LOS DOCE APÓSTOLESIntroducción

1 […] nos hicimos a la mar. Nos sentíamos unidos en nuestros corazones. Estábamos todos dispuestos a ejecutar el ministerio que el Señor nos había encargado, y llegamos a un acuerdo entre nosotros. Bajamos al mar en un momento oportuno, dispuesto por el Señor. Encontramos un navío fondeado en la costa preparado para partir, y hablamos con los marineros si podríamos embarcarnos con ellos. Mostraron con nosotros una gran amabilidad, según lo dispuesto por el Señor. Y ocurrió que cuando partimos, navegamos un día y una noche. Luego sopló sobre la nave un viento contrario que nos arrastró hacia una pequeña ciudad (en una isla) situada en medio del mar. Yo, Pedro, pregunté el nombre de la ciudad a algunas personas del lugar que se hallaban en el muelle.

2 Nos respondió [un hombre] de aquellos [y nos dijo el nombre] de la ciudad que era [«Inhabitación»], es decir, «Fundamento» […] paciencia. Su alcalde se hallaba [en el muelle, portando] una palma (en la mano). Y ocurrió que cuando desembarcamos en tierra [con] el equipaje, entré en la ciudad buscando [consejo?] sobre un alojamiento.

Primer encuentro con Litargoel

Salió un hombre que llevaba una vestidura ceñida sobre sus lomos y un cinturón dorado que la ajustaba. (Llevaba) un blanco sudario recogido alrededor del pecho, que le llegaba hasta los hombros y que cubría su cabeza y sus manos. Yo contemplaba a ese hombre porque era hermoso en su forma y figura. Cuatro zonas de su cuerpo miraba: las plantas de sus pies, una parte de su pecho, las palmas de sus manos y su rostro. Esto es lo que pude ver. Había en su mano izquierda una caja de las que suelen emplearse para libros y un bastón de estoraque en su derecha. Su voz resonaba pausadamente mientras gritaba en el ciudad: «Perlas, perlas». Yo pensé que era un habitante de aquella villa. Le hablé así: —Hermano mío y compañero.

3 Me respondió:  —[Bie]n has dicho «[hermano] mío [y c]ompañero». ¿Qué [deseas] de mí?.

Le respondí: —[Busco] un alojamiento para mí [y] para mis hermanos, ya que somos forasteros.

Añadió: —Por eso también yo me he apresurado a decir  «hermano mío y compañero», porque soy un extranjero como tú.

Cuando hubo dicho estas palabras, gritó: —Perlas, perlas.

Oyeron su voz los ricos de aquella ciudad. (Unos) salieron de sus habitaciones más ocultas; otros, por el contrario, lo contemplaron desde las habitaciones de sus casas; y otros miraban desde las ventanas superiores. Pero vieron que no (podían conseguir) nada de él, porque no llevaba alforja ninguna sobre sus espaldas, ni envoltorio ninguno entre su vestidura o sudario. A causa de su desprecio ni siquiera le preguntaron, y él, por su parte, no se reveló a ellos. Los ricos se volvieron a sus aposentos mientras decían: «Éste se burla de nosotros».

4 Los pobres [de la ciudad] escucharon [su voz, y salieron hacia] el hombre que [vendía las perlas. Le dijeron]: —Por favor, [muéstranos una] perla, para que al menos [podamos verla] con nuestros ojos, ya que somos [pobres], y no tenemos el dinero de su precio para entregártelo. [Enséñanosla], sin embargo, para que podamos decir a nuestros camaradas que [hemos visto] una perla con nuestros propios ojos.

Les respondió así: —Si os es posible, venid a mi ciudad. No sólo la mostraré ante vuestros ojos, sino que os la daré de balde.

Los pobres de aquella ciudad escucharon sus palabras y replicaron: —Puesto que somos mendigos, sabemos que nadie acostumbra a regalar una perla a los mendigos, quienes suelen recibir alimentos y calderilla. Ahora bien, lo que deseamos obtener de tu bondad es que nos muestres la perla ante nuestros ojos. Así podremos decir con orgullo a nuestros camaradas: «Hemos visto una perla con nuestros ojos», ya que (tal cosa) no sucede entre los pobres, especialmente mendigos (como nosotros).

Viaje de Pedro y sus compañeros a la ciudad de Litargoel

Les respondió así:  —Si os es posible, venid a mi ciudad. No sólo os enseñaré la perla, sino que os la daré de balde.

Los pobres y los mendigos se alegraron a causa de 5 el [dadivoso] mercader. [Los hombres] (de la ciudad) [preguntaron a Pedro] sobre las penalidades [del camino]. Pe[dr]o respondió [contándoles] lo que habían oído de [las dificultades] del camino, puesto que [experimentarán?] (esas) penalidades en su ministerio. (Luego) dijo (Pedro) al hombre que vendía la perla: —Deseo conocer tu nombre y las penalidades del camino hasta tu ciudad, porque somos forasteros y siervos de Dios, y nos es necesario extender la palabra de Dios en toda ciudad pacíficamente.

Respondió así (el vendedor de perlas): —Si preguntas por mi nombre, es Litargoel, que significa «piedra liviana (que brilla como los ojos de) una gacela». Y la vía hacia la ciudad sobre la que me has preguntado, te la mostraré (también). Cualquier hombre no puede ir por ese camino, salvo el que haya renunciado a todo lo que posee, y ayune diariamente de estación en estación. Porque son numerosos los ladrones y las fieras salvajes en esa vía. Al que lleva pan consigo para el camino, perros negros lo devoran a causa de ese pan. El que lleva un vestido precioso de este mundo lo matan los ladrones 6 [a causa del] vestido. [Al que lleva] agua [lo destrozan] los lobos [por el agua], ya que tienen sed. [Al que] se preocupa de la [carne] y las verduras, lo desgarran loe leo[nes] a causa de la carne. [Si] escapa de los leones, lo cornean los toros a causa de las verduras.

Cuando terminó de decirme [estas] cosas, suspiré en mi interior diciendo: «¡Qué grandes son las penalidades del camino! ¡Ojalá nos diera Jesús fuerza para caminar por él!».

Me miró mientras suspiraba y se entristecía mi rostro. Me dijo: —¿Por qué suspiras si conoces ese nombre, «Jesús», y crees en él? Él es el Gran Poder y lo concede. Porque yo también creo en el Padre que lo envió.

Volví a preguntarle: —¿Cuál es el nombre del lugar al que te vas, tu ciudad?

Me respondió: —El nombre de mi ciudad es «Nueve Puertas». Alabemos a Dios mientras nos ejercitamos pensando que la décima es la cabeza.

Dspués de esto me aparté de él en paz para llamar a mis compañeros. (Entonces) vi unas olas, y grandes y elevados muros que rodeaban los límites de la ciudad. Me admiré de las grandezas que vi. Y observé a un anciano que estaba sentado. Le pregunté el nombre de la ciudad, si en verdad (su nombre) era 7 «Inhabi[tación»] […]. Me dijo: —[Has dicho] verdad, pues [habitamos] aquí, porque soportamos con paciencia.

[Respondí] así: —Justamente […] los hombres la han llamado […] porque las ciudades son habitadas por quienes soportan con paciencia sus tentaciones. Un reino noble saldrá de ellas, pues resisten en medio de las olas y de las angustias de las tormentas. De modo que la ciudad de aquellos que soportan el peso del yugo de la fe será habitada. Y él, (cada uno de sus habitantes), será computado en el reino de los cielos.

Transición a la segunda narración

Me marché apresuradamente y llamé a mis compañeros para entrar en la ciudad de la que nos había hablado Litargoel. Ligados por la fe, abandonamos todas las cosas como él nos había dicho. Nos libramos de los ladrones, puesto que no encontraron sus vestiduras sobre nosotros. Nos escapamos de los lobos, porque no hallaron en nosotros el agua de la que estaban sedientos. Nos libramos de los leones, porque no encontraron en nosotros el deseo de carne. 8 [Nos escapamos de los perros] y de [los toros, porque no encontraron ni pan] ni verduras. [Sentimos una] gran alegría, [con] (ausencia) de preocupaciones en la paz de nuestro Señor. Tomamos un poco de descanso ante la puerta y comentamos entre nosotros cosas que no suponían distracción en este mundo, sino una práctica continuada de la fe.

Segundo encuentro con Litargoel

Mientras hablábamos de los ladrones del camino, de quienes habíamos escapado, he aquí que salió Litargoel. Se había transformado ante nosotros y había tomado la apariencia de un médico. Llevaba bajo su brazo un ungüento de nardo medicinal, y un discípulo le seguía portando una cajita llena de medicinas. Nosotros no lo reconocimos. Pedro respondió y le dijo: —Nos gustaría que nos hicieras un favor, ya que somos extranjeros. Condúcenos a la casa de Litargoel antes de que se haga tarde.

Nos respondió: —Os la mostraré con rectitud de corazón. Pero me admira que conozcáis a ese hombre bueno, pues no se revela a cualquiera, ya que es el hijo de un gran rey. Descansad un poco mientras voy, curo a ese hombre y vengo (de nuevo).

Se dio prisa y volvió 9 rápidamente. (El hombre) dijo a Pedro: —Pedro.

Éste se atemorizó (preguntándose) cómo había llegado a saber que su nombre era Pedro. Pedro respondió al Salvador: —¿De dónde me conoces, puesto que has pronunciado mi nombre?

Respondió Litargoel: —Deseo preguntarte quién te ha dado el nombre de Pedro.

Díjole él: —Jesús, el Cristo, el hijo del Dios viviente, Él me dio este nombre.

Respondió (Litargoel) con estas palabras: —Yo soy (ese). Reconóceme, Pedro.

Desanudó el vestido que le cubría, con el que se había disfrazado ante nosotros, y se nos reveló en verdad como era él. Nos postramos en tierra y lo adoramos nosotros, los once apóstoles. Extendió su mano, nos hizo levantar (y) hablamos con él humildemente. Mientras nuestras cabezas estaban inclinadas hacia el suelo con respeto, le dijimos: —¿Qué quieres que hagamos? Mas otórganos la fuerza para que cumplamos tu voluntad en todo momento.

Él (Jesús) les entregó el ungüento de nardo curativo y la cajita que estaba en las manos del dicípulo, y les impartió la orden 10 siguiente: —Volved a la ciudad de la que habéis salido que es llamada «Inhabitación». Continuad enseñando pacientemente a los que han creído en mi nombre, puesto que yo he tenido paciencia en los sufrimientos de la fe. Yo os otorgaré vuestra recompensa. Dad a los pobres de la ciudad lo que necesiten para que vivan de ello, hasta que yo les dé lo que es superior, lo que os dije que os iba a dar de balde.

Pedro respondió con estas palabras: —Señor, Tú nos has enseñado a renunciar al mundo y a lo que en él hay. Hemos dejado todo por ti. Nos preocupamos (ahora solamente) del alimento de cada día. ¿Dónde podremos encontrar las cosas necesarias que nos pides entregar a los pobres?

El Señor respondió con estas palabras: —¡Oh Pedro!, era necesario que comprendieras la parábola que te he contado. ¿No sabes tú que mi nombre, que tú enseñas, es más valioso que cualquier riqueza y que la sabiduría de Dios es superior al oro, la plata y las piedras preciosas?

La misión universal

Les entregó (la cajita con) los remedios medicinales y les dijo (de nuevo): —Curad a todos los enfermos de la ciudad que han creído 11 [en] mi nombre.

Pedro tuvo miedo de responderle por segunda vez. Se dirigió al que estaba a su lado, que era Juan, (y le dijo): —Habla tú esta vez.

Juan respondió con estas palabras: —Señor: tenemos miedo de pronunciar ante ti multitud de palabras. Pero eres tú el que nos exige que practiquemos esta técnica, aunque nadie nos ha instruido para ser médicos. ¿Cómo, pues, sabremos curar los cuerpos, como tú nos has ordenado?

Le respondió (Jesús): —Has hablado bien, Juan, pues yo sé que los médicos de este mundo acostumbran a curar (las enfermedades) que pertenecen al mundo. (Pero) los médicos del alma sanan los corazones. Curad, pues, los cuerpos primero, de modo que gracias a la potencia curativa que hay en vosotros para curación de los cuerpos sin medicinas de este mundo puedan creer que os es posible también sanar las enfermedades del corazón. Con los ricos de la ciudad, (sin embargo,) esos que no consideran digno saber de mí, sino que se regocijan en su riqueza y en su orgullo, con ésos, pues, 12 no comáis en [sus] casas, ni os amiguéis con ellos, no sea que os hagan partícipes de su parcialidad. Pues muchos toman partido por los ricos en las iglesias, porque son pecadores (también) y proporcionan la ocasión a otros hombres de hacer (lo mismo). Mas vosotros juzgadlos con sabiduría, de modo que vuestro ministerio sea glorificado, y para que Yo y mi nombre sean glorificados también en las iglesias.

Los discípulos respondieron así: —Sí. En verdad esto es lo que conviene hacer.

Se postraron en tiera y lo adoraron. (Pero) él los hizo levantar y se apartó de ellos en paz. Amén.

Hechos de Pedro y los Doce Apóstoles.

Fuente: Textos Gnósticos – Biblioteca Nag Hammadi II, por Antonio Piñero. Editorial Trotta www.trotta.es

Nota: la numeración corresponde a las páginas del manuscrito

Transcrito: Cristóbal Aguilar

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Oración al Arcángel San Rafael para pedir sanación

Arcángel San Rafael, que dijiste: «Bendecid a Dios todos los días y proclamad sus beneficios. Practicad el bien y no tropezaréis en el mal. Buena es la oración con ayuno, y hacer limosna mejor que atesorar oro», te suplico me acompañes en todos mis caminos y me alcances gracias para seguir tus consejos así mismo te ruego por mi salud y los de mi familia, para que nos ayudes a mantenernos alejados de aquello que no nos favorece. Amén.

Autor: Cristóbal Aguilar

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Lista de Papas de la Iglesia Católica

Este artículo inicia un nuevo apartado en el sitio, en donde poco a poco iremos comentando la vida de los que han ostentado desde Pedro hasta nuestros días las llamadas “sandalías del pescador”. Incluiremos sus vidas resumidas, anécdotas y si esta diponible alguna foto del Santo Padre citado. Algunos autores entre los que se encuentran varios anónimos dicen basarse en ciertos pasajes de los evangelios, en los que se ve claramente como Jesús “pone a la cabeza” de los demas apóstoles a Pedro, como sucesor de Él en la tierra. Para ello podemos citar: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque ni la carne ni la sangre te ha revelado esto, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y yo te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que atares en la tierra, atado será también en los cielos, y todo lo que desatares en la tierra, será también desatado en los cielos (Mateo 16. 17-19).

En resumídas cuentas existen varios documentos de historiadores que además no eran cristianos, como Flavio Josefo y otros romanos que comentan en sus escritos varios temas haciendo referencia a varios asuntos que dan a entender la primacía de Pedro en la comunidad de Jerusalén.

La Iglesia, como sociedad en este mundo, necesita una cabeza visible, y ésta es Pedro o el Papa, su sucesor, desde el momento que Jesús subio al cielo.

CATALOGO DE LOS PAPAS

Hacía el año 170, Hegesipo, convertido del judaismo a la fe cristiana, vino a instruirse a Roma, y dice que en todas las ciudades por las que pasó preguntó a los obispos y encontró que en todas las Iglesias era la creencia tal como la Ley, los profetas y el Señor la han enseñado, e hizo un catálogo de los obispos de Roma desde San Pedro hasta el Papa Eleuterio (Eusebio Hist. Ecles. I, 4 c. 22).

La lista más antigua que conocemos de los Papas se remonta a los tiempos de dicho Papa Eleuterio (175-189), y en él se pone la lista de ellos desde los primeros años de la Iglesia: Pedro, Lino, Anacleto, Clemente, Evaristo, etc… La lista empieza por San Pedro y la confirman Ireneo, Tertuliano, Epifanio, San Agustín y otros muchos. Desde Pedro al actual Papa Francisco ha habido 266 Papas que han gobernado la Iglesia de Jesucristo (Católica) como Vicarios suyos.

NOMBRE                                                                  ORIGEN                                        AÑOS PONTIFICADO

S.Pedro Galilea Mártir en 64 ó 67
S.Lino Toscana 68-79
S.Anacleto o Cleto Roma 80-92
S.Clemente Roma 92-99 ó 68-76
S.Evaristo Grecia 99 ó 96-108
S.Alejandro I Roma 108 ó 109-116 ó 119
S.Sixto I Roma 117 ó 119-126 ó 128
S.Telesforo Grecia 127 ó 128- 137 ó 138
S.Higinio Grecia 138-142 ó 149
S.Pío I Aquilea 142 ó 146-157 ó 161
S.Aniceto Siria 150 ó 157-153 ó 168
S.Sotero Campania 162 ó 168-170 ó 177
S.Eleuterio Epiro 171 ó 177-185 ó 193
S.Víctor I África 186 ó 189-197 ó 201
S.Ceferino Roma 198-217 ó 218
S.Calixto I Roma 218-222
S.Urbano I Roma 222-230
S.Ponciano Roma 230-235
S.Antero Grecia 235-236
S.Fabian Roma 236-250
S.Cornelio Roma 251-253
S.Lucio I Roma 253-254
S.Esteban I Roma 254-257
S.Sixto II Grecia 257-258
S.Dionisio Desconocido 259-268
S.Félix I Roma 269-274
S.Eutiquiano Luni 275-283
S.Cayo Dalmacia 283-296
S.Marcelino Roma 296-304
S.Marcelo I Roma 306-309
S.Eusebio Grecia 309
S.Melquíades África 311-314
S.Silvestre I Roma 314-335
S.Marcos Roma 336
S.Julio I Roma 337-352
Liberio Roma 352-366
S.Dámaso I Roma 366-384
S.Siricio Roma 384-399
S.Anastasio I Roma 399-401
S.Inocencio I Albano 401-417
S.Zósimo Grecia 417-418
S.Bonifacio I Roma 418-422
S.Celestino I Campania 422-432
S.Sixto III Roma 432-440
S.León I el Magno Toscana 440-461
S.Hilario Cerdeña 461-468
S.Simplicio Tívoli 468-483
S.Félix III o II Roma 483-492
S.Gelasio I África 492-496
Anastasio II Roma 496-498
S.Símmaco Cerdeña 498-514
S.Hormisdas Frosinone 514-523
S.Juan I Toscana 523-526
S.Félix IV o III Samnio 526-530
Bonifacio II Roma 530-532
Juan II Roma 533-535
S.Agapito I Roma 535-536
S.Silverio Frosinone 536-537
Vigilio Roma 537-555
Pelagio I Roma 556-561
Juan III Roma 561-574
Benedicto I Roma 575-579
Pelagio II Roma 579-590
S.Gregorio I el Magno Roma 590-604
Sabiniano Toscana 604-606
Bonifacio III Roma 607
S.Bonifacio IV Abruzos 608-615
S.Adeodato I Roma 615-618
Bonifacio V Nápoles 619-625
Honorio I Campania 625-638
Severino Roma 640
Juan IV Dalmacia 640-642
Teodoro I Jerusalén 642-649
S.Martín I Todi 649-655
S.Eugenio I Roma 654-657
S.Vitaliano Segni 657-672
Adeodato II Roma 672-676
Dono Roma 676-678
S.Agatón Sicilia 678-681
S.León II Sicilia 682-683
S.Benedicto II Roma 684-685
Juan V Siria 685-686
Conón Desconocido 686-687
S.Sergio I Siria 687-701
Juan VI Grecia 701-705
Juan VII Grecia 705-707
Sisinio Siria 708
Constantino Siria 708-715
S.Gregorio II Roma 715-731
S.Gregorio III Siria 731-741
S.Zacarías Grecia 741-752
Esteban II (III) Roma 752-757
S.Pablo I Roma 757-767
Esteban III (IV) Sicilia 768-772
Adriano I Roma 772-795
S.León III Roma 795-816
Esteban IV (V) Roma 816-817
S.Pascual I Roma 817-824
Eugenio II Roma 824-827
Valentín Roma 827
Gregorio IV Roma 827-844
Sergio II Roma 844-847
S.León IV Roma 847-855
Benedicto III Roma 855-858
S.Nicolás I el Magno Roma 858-867
Adriano II Roma 867-872
Juan VIII Roma 872-882
Marino I Toscana 882-884
S.Adriano III Roma 884-885
Esteban V (VI) Roma 885-891
Formoso Desconocido 891-896
Bonifacio VI Roma 896
Esteban VI (VII) Roma 896-897
Romano Toscana 897
Teodoro II Roma 897
Juan IX Tívoli 898-900
Benedicto IV Roma 900-903
León V Ardea 903
Sergio III Roma 904-911
Anastasio III Roma 911-913
Landón Sabina 913-914
Juan X Ímola 914-928
León VI Roma 928
Esteban VII (VIII) Roma 929-931
Juan XI Roma 931-936
León VII Roma 936-939
Esteban VIII (IX) Roma 939-942
Marino II Roma 942-946
Agapito II Roma 946-955
Juan XII Roma 955-964
León VIII Roma 963-965
Benedicto V Roma 964-965
Juan XIII Roma 965-972
Benedicto VI Roma 973-974
Benedicto VII Roma 974-983
Juan XIV Pavia 983-984
Juan XV Roma 985-996
Gregorio V Sajonia 996-999
Silvestre II Aquitania 999-1003
Juan XVII Roma 1003
Juan XVIII Roma 1003-1009
Sergio IV Roma 1009-1012
Benedicto VIII Roma 1012-1024
Juan XIX Roma 1024-1032
Benedicto IX Roma 1032-1044
Silvestre III Roma 1045
Benedicto IX (segunda vuelta) Roma 1045
Gregorio VI Roma 1045-1046
Clemente II Sajonia 1046-1047
Benedicto IX (tercera vuelta) Roma 1047-1048
Dámaso II Tirol 1048
S.León IX Alsacia 1049-1054
Víctor II Alemania 1055-1057
Esteban IX (X) Lorena 1057-1058
Nicolás II Borgoña 1059-1061
Alejandro II Milán 1061-1073
S.Gregorio VII Toscana 1073-1085
B.Víctor III Benevento 1086-1087
B.Urbano II Francia 1088-1099
Pascual II Ravena 1099-1118
Gelasio II Gaeta 1118-1119
Calixto II Borgoña 1119-1124
Honorio II Ímola 1124-1130
Inocencio II Roma 1130-1143
Celestino II Umbría 1143-1144
Lucio II Bolonia 1144-1145
B.Eugenio III Pisa 1145-1153
Anastasio IV Roma 1153-1154
Adriano IV Inglaterra 1154-1159
Alejandro III Siena 1159-1181
Lucio III Lucca 1181-1185
Urbano III Milán 1185-1187
Gregorio VIII Benevento 1187
Clemente III Roma 1187-1191
Celestino III Roma 1191-1198
Inocencio III Roma 1198-1216
Honorio III Roma 1216-1227
Gregorio IX Anagni 1227-1241
Celestino IV Milán 1241
Inocencio IV Génova 1243-1254
Alejandro IV Roma 1254-1261
Urbano IV Francia 1261-1264
Clemente IV Francia 1265-1268
B.Gregorio X Piacenza 1271-1276
B.Inocencio V Saboya 1276
Adriano V Génova 1276
Juan XXI Lisboa 1276-1277
Nicolás III Roma 1277-1280
Martín IV Francia 1281-1285
Honorio IV Roma 1285-1287
Nicolás IV Áscoli 1288-1292
S.Celestino V Molisse 1294
Bonifacio VIII Anagni 1294-1303
B.Benedicto XI Treviso 1303-1304
Clemente V Francia 1305-1314
Juan XXII Francia 1316-1334
Benedicto XII Francia 1334-1342
Clemente VI Francia 1342-1352
Inocencio VI Francia 1352-1362
B.Urbano V Francia 1362-1370
Gregorio XI Francia 1370-1378
Urbano VI Nápoles 1378-1389
Bonifacio IX Nápoles 1389-1404
Inocencio VII Sulmona 1404-1406
Gregorio XII Venecia 1406-1415
Martín V Roma 1417-1431
Eugenio IV Venecia 1431-1447
Nicolás V Sarzana 1447-1455
Calixto III Játiva (España) 1455-1458
Pío II Siena 1458-1464
Pablo II Venecia 1464-1471
Sixto IV Savona 1471-1484
Inocencio VIII Génova 1484-1492
Alejandro VI Játiva (España) 1492-1503
Pío III Siena 1503
Julio II Savona 1503-1513
León X Florencia 1513-1521
Adriano VI Utrech (Holanda) 1522-1523
Clemente VII Florencia 1523-1534
Pablo III Roma 1534-1549
Julio III Roma 1550-1555
Marcelo II Lazio 1555
Pablo IV Nápoles 1555-1559
Pío IV Milán 1559-1565
S.Pío V Alessandría 1566-1572
Gregorio XIII Bolonia 1572-1585
Sixto V Áncona 1585-1590
Urbano VII Roma 1590
Gregorio XIV Cremona 1590-1591
Inocencio IX Bolonia 1591
Clemente VIII Florencia 1592-1605
León XI Florencia 1605
Pablo V Roma 1605-1621
Gregorio XV Bolonia 1621-1623
Urbano VIII Florencia 1623-1644
Inocencio X Roma 1644-1655
Alejandro VII Siena 1655-1667
Clemente IX Pistoia 1667-1669
Clemente X Roma 1670-1676
B.Inocencio XI Como 1676-1689
Alejandro VIII Venecia 1689-1691
Inocencio XII Spinazola 1691-1700
Clemente XI Urbino 1700-1721
Inocencio XIII Roma 1721-1724
Benedicto XIII Bari 1724-1730
Clemente XII Florencia 1730-1740
Benedicto XIV Bolonia 1740-1758
Clemente XIII Venecia 1758-1769
Clemente XIV Rímini 1769-1774
Pío VI Cesena 1775-1799
Pío VII Cesena 1800-1823
León XII Spoleto 1823-1829
Pío VIII Áncona 1829-1830
Gregorio XVI Belluno 1831-1846
B.Pío IX Senigallia 1846-1878
León XIII Carpineto romano 1878-1903
S.Pío X Treviso 1903-1914
Benedicto XV Génova 1914-1922
Pío XI Milán 1922-1939
Pío XII Roma 1939-1958
B.Juan XXIII Bérgamo 1958-1963
Pablo VI Brescia 1963-1978
Juan Pablo I Belluno 1978
Juan Pablo II Wadowice (Polonia) 1978-2005
Benedicto XVI Marktl am Inn (Alemania) 2005-2013
Francisco I Buenos Aires (Argentina) 2013-

 

Fuente: Anuario Pontificio

Transcripción y comentario introductorio: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Oración al Dios omnipotente por penitencia

Señor santo, Padre omnipotente, Dios eterno, por tu generosidad y la de tu Hijo quien por mí padeció pasión y muerte, y por la excelentísima santidad de su Madre, y por los méritos de todos los santos, concédeme a mí, pecador e indigno de cualquier beneficio tuyo, que sólo a ti ame, que siempre tenga sed de tu amor, que continuamente tenga en el corazón el beneficio de la pasión, que reconozca mi miseria, que desee ser pisado y despreciado de todos; que sólo la culpa me entristezca. Amén.

Autor: San Buenaventura, o.f.m.

Transcrito: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Oración al Dios inmutable e incombrensible

Creador incomprensible, yo te adoro. Soy ante ti como un poco de polvo, un ser de ayer, de la hora pasada. Me basta retroceder sólo unos pocos años, y no existía todavía… Las cosas seguían su curso sin mí. Pero tú existes desde la eternidad. ¡Oh Dios!, desde la eternidad te has bastado a ti mismo, el Padre al Hijo y el Hijo al Padre. ¿No deberías también poderme bastarme a mí, tu pobre criatura?… En ti encuentro todo cuanto puedo anhelar. Me basta si te tengo…

¡Dáteme a mí como yo me doy a ti,Dios mío! ¡Dáteme tú mismo! Fortaléceme, Dios todopoderoso, con tu fuerza interior; consuélame con tu paz, que siempre permanece; sáciame con la belleza de tu rostro; ilumíname con tu esplendor increado; purifícame con el aroma de tu santidad inexpresable; déjame sumergirme en ti y darme de beber del torrente de tu gracia cuanto puede apetecer un hombre mortal, de los torrentes que fluyen del Padre y del Hijo; de la gracia de tu amor eterno y consubstancial. Amén.

Autor: Tradición Católica

Transcrito: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

 

 

Oración al Dios Creador de Romano Guardini

¡Oh Señor!, tú has creado todas las cosas. Tú les has dado su ser y las has puesto en equilibrio y armonía. Están llenas de tu misterio, que toca el corazón si es piadoso.

También a nosotros, ¡oh Señor!, nos has llamado a la existencia y nos has puesto entre ti y las cosas. Según tu modelo nos has creado y nos has dado parte de tu soberanía. Tú has puesto en nuestras manos tu mundo, para que nos sirva y completemos en él tu obra. Pero hemos de estarte sometidos, y nuestro dominio se convierte en rebelión y robo si no nos inclinamos ante ti, el único que llevas la corona eterna y eres Señor por derecho propio.

Maravillosa, ¡oh Dios!, es tu generosidad. Tú no has temido por tu soberanía al crear seres con poder sobre ellos mismos y al confiar tu voluntad a su libertad. ¡Grande y verdadero Rey eres tú!

Tú has puesto en mis manos el honor de tu voluntad. Cada palabra de tu revelación dice que me respetas y te confías a mí, me das dignidad y responsabilidad. Concédeme la santa mayoría de edad, que es capaz de aceptar la ley que tú guardas y de asumir la responsabilidad que tú me transfieres. Ten despierto mi corazón para que esté ante ti en todo momento, y haz que mi actuación se convierta en ese dominio y esa obediencia a que tú me has llamado.

Amén.

Autor: Romano Guardini

Transcrito: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Invocación protectora a San Jose de Juan XXIII

¡San José, guardián de Jesús y casto esposo de María, tu empleaste toda tu vida en el perfecto cumplimiento de tu deber. Tú mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret con el trabajo de tus manos. Protege bondadosamente a los que se vuelven confiadamente a ti. Tú conoces sus aspiraciones y sus esperanzas. Ellos se dirigen a ti porque saben que tú los comprendes y proteges. Tú también supiste de pruebas, cansancio y trabajo. Pero, aun dentro de las preocupaciones materiales de la vida, tu alma estaba llena de profunda paz y cantó llena de verdadera alegría debido al íntimo trato que gozaste con el Hijo de Dios que te fue confiado a ti a la vez a María, su tierna Madre. Amén.

Autor: Papa Juan XXIII

Transcrito: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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