Category Archive HISTORIA DE LA IGLESIA

La canonización de un Santo

Recientemente el papa Francisco ha canonizado a varios santos en la Iglesia Católica, entre ellos la madre teresa de Calcuta, así hasta la fecha ya tiene en su haber 848 santos. Pero hay que distinguir que un Santo de la Edad medieval no es lo mismo que un Santo actual.

Además la iglesia siempre pone como ejemplo a una determinada “figura” en determinadas ocasiones dentro del contexto histórico en el que se enmarca, para que así sirva de ejemplo a los contemporáneos.

Lo que en la Iglesia llamamos canonizar, no es otra cosa que el Papa da a entender que una persona es digna de culto universal. La canonización tiene el propósito de presentar a dicha persona como modelo de conducta ante los creyentes, dándole reconocimiento por el grado de perfección alcanzado y como intercesor ante Dios.

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La Iglesia Católica es la única confesión religiosa que posee un mecanismo formal, continuo y altamente racionalizado para llevar a cabo el proceso de canonización de una persona  (llamada la Congregación para la causa de los Santos), de manera que  las canonizaciones se efecúan después de un proceso judicial, llamado proceso de beatificación y canonización, o simplemente proceso de canonización.

En este proceso se verifica sobre si la persona es digna de tal “santidad”, hay dos caminos para la llegar a ello: El camino de las virtudes heróicas o el camino del martirio.

De esta forma se ha canonizado recientemente al ñiño cristero: José Sánchez del Río.

La canonización se lleva a cabo mediante una solemne declaración papa de que una persona está, con toda certeza, contemplando la visión de Dios. El creyente puede rezar confiadamente al santo en cuestión para que interceda en su favor ante Dios, asi el nombre de esa perona se añade a la lista de  los santos de la Iglesia y a la persona en cuestión se la asciende a los altares, es decir, se le asigna un día de fiesta para la veneración litúrgica por parte de la Iglesia católica y si es necesario se “mueve” del santoral a otra figura, en el caso de que no haya un sitio asignado convenientemente.

El tiempo que va desde el análisis de la persona en cuestión hasta que es probada por la congregación pude llevar años y hasta siglos, siendo precisamente un santo franciscano el único que fue más rápidamente canonizado, estoy hablando como hermano franciscano de  San Antonio de Padua, ya que fue declarado santo 352 días después de su muerte.

Al principio se les declaraba santos si eran aclamados por el pueblo (como Juan Pablo II, que ha sido aclamado y de ahí entre otras, la rapidez de su canonización), antiguamente también los obispos podían declarar santos en su diócesis.  Pero esto ya no esta en vigor desde 1234, año en que esto está reservado exclusivamente a la autoridad papal.

 En el año 1588 el Papa Sixto V puso el proceso en manos de la Congregación para las Causas de los Santos y del Santo Padre, que se encarga de estudiar, comprobar y verificar todo el proceso.

¿COMO ES EL PROCESO?

Suele haber varios pasos siervo de Dios, en el que el Obispo diocesano y el Postulador de la Causa piden iniciar el proceso de canonización. Y presentan a la Santa Sede un informe sobre la vida y las virtudes de la persona (en todos los casos debe morir perteneciendo oficialmente a unas de las Iglesias Católicas (u Orden Religiosa) que guardan obediencia al Papa de Roma y está reconocida oficialmente por la Santa Sede del Vaticano)..

La Santa Sede, por medio de la Congregación para las Causas de los Santos, examina el informe y dicta el Decreto diciendo que nada impide iniciar la Causa (Decreto “Nihil obstat”). Este Decreto es la respuesta oficial de la Santa Sede a las autoridades diocesanas que han pedido iniciar el proceso canónico.

Obtenido el Decreto de “Nihil obstat”, el Obispo diocesano dicta el Decreto de Introducción de la Causa del ahora Siervo de Dios. Luego si todo va bien se le concede el título de Venerable, que se concede generalmente a un fallecido que vivió virtudes heroicas, y suele hacerse por un Cardenal del lugar donde vivió esa persona.

testamento2Tras ello puede darse la Beatificación; en el que además de todo lo demás (virtudes y vida probada), se requiere un milagro obtenido a través de la intercesión del Siervo de Dios y verificado después de su muerte. El milagro no es requerido si la persona ha sido reconocida mártir. Los beatos son venerados públicamente por la iglesia local (en España la provincia correspondiente), esta canonización la hace el Papa o un Cardenal en nombre del Papa generalmente en la Basílica de San Pedro o en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

Dados todos estos pasos llega la canonización después de un largo periodo de tiempo, asi al beato le corresponde el título de santo. Para la canonización hace falta otro milagro (en total dos milagros o un milagro más haber muerto como mártir) atribuido a la intercesión del beato y ocurrido después de su beatificación.

Al igual que ocurre en el proceso de beatificación, el martirio no requiere habitualmente un milagro, esta canonización la hace el Papa en la Basílica de San Pedro o en la Plaza de San Pedro del Vaticano. En el caso del Papa Juan Pablo II, las Canonizaciones las realizaba en el País de Origen del Beato a canonizar (durante sus Viajes Pontificios por el Mundo). En la actualidad, se efectúa en algunos casos en el País de Origen del Beato a canonizar.

Mediante la canonización se concede el culto público en la Iglesia católica. Se le asigna un día de fiesta y se le pueden dedicar iglesias y santuarios, y además se les edita en caso de ser congregaciones religiosas su propio ritual para la fiesta.

Como hemos comentado anteriormente, es la Congregación para las Causas de  los Santos, la encargada de ello, (Congregatio de Causis Sanctorum) que esta encargada de estudiar los milagros, martirios y virtudes heroicas y de proponer los diferentes ejemplos de santidad para que el Sumo Pontífice proceda a realizar las canonizaciones y beatificaciones oportunas.

Con los cambios en el proceso de canonización introducida por Papa Juan Pablo II en 1983, un Colegio de Relatores se añadió a preparar los casos de los declarados como Siervo de Dios.

Como hemos podido apreciar es un proceso arto difícil y enrevesado que terminará felizmente en la exaltación a los altares de una figura contemporánea que servirá de ejemplo a los demás.

Fuentes consultadas: Causas de los Santos

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Pentecostés la fuerza del Espíritu Santo

Toda la vida consagrada en la Iglesia, es alentada por el Espíritu, Él es quien llama y quien alienta, pero vamos a ver que significa primero este vocablo y de donde viene, para poder así mejor entender de que estamos hablando.

Pentecostés (del griego pentekosté (heméra) “el quincuagésimo día”) describe la fiesta del quincuagésimo día después de la Pascua (Domingo de Resurrección) y que pone término al tiempo pascual.

Durante Pentecostés se celebra el descenso del Espíritu Santo y el inicio de la actividad de la Iglesia, por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo. En la liturgia católica es la fiesta más importante después de la Pascua y la Navidad. La liturgia incluye la secuencia medieval Veni, Sancte Spiritus.

La venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente, fue uno de los hitos más importantes dentro de la Historia, en este apartado nuevo que inauguramos “Historia de la Iglesia” en el site Tras Cristo y Francisco de Asís, vamos a hablar de lo que supuso de importante para el sostenimiento de fe y de la iglesia en particular.

El fondo histórico de tal celebración se basa en la fiesta semanal judía llamada Shavuot (fiesta de las semanas), durante la cual se celebra el quincuagésimo día de la aparición de Dios en el monte Sinaí, por lo tanto en el día de Pentecostés también se celebra la entrega de la Ley (mandamientos) al pueblo de Israel.

En las Iglesias ortodoxas existe además la celebración de las Tres Divinas Personas o de la Santa Trinidad; las Iglesias occidentales celebran para esta ocasión desde el siglo XIV su propia fiesta llamada Trinitatis (la fiesta de la Santísima Trinidad) una semana después del Pentecostés.

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En el calendario cristiano con Pentecostés termina el tiempo pascual de los 50 días.

En las narraciones sobre Pentecostés de Hechos de los Apóstoles (2,1 – 41) se le adjudica al Espíritu Santo, en congruencia con el Antiguo Testamento, características milagrosas (carismas): él ofrece valentía y libertad, posibilita la comprensión (glosolalia) y fortifica una comunidad universal.

El lunes después de Pentecostés es día de fiesta en muchos países como Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Hungría, Islandia, Liechtenstein, Noruega, los Países Bajos o Suiza. También es festivo en algunas comunidades autónomas de España como en Cataluña.

Los judíos celebraban una fiesta para dar gracias por las cosechas, 50 días después de la pascua. De ahí viene el nombre de Pentecostés. Luego, el sentido de la celebración cambió por el dar gracias por la Ley entregada a Moisés.

En esta fiesta recordaban el día en que Moisés subió al Monte Sinaí y recibió las tablas de la Ley y le enseñó al pueblo de Israel lo que Dios quería de ellos. Celebraban así, la alianza del Antiguo Testamento que el pueblo estableció con Dios: ellos se comprometieron a vivir según sus mandamientos y Dios se comprometió a estar con ellos siempre.

La gente venía de muchos lugares al Templo de Jerusalén, a celebrar la fiesta de Pentecostés.

En el marco de esta fiesta judía es donde surge nuestra fiesta cristiana de Pentecostés.

La Promesa del Espíritu Santo

Durante la Última Cena, Jesús les promete a sus apóstoles: “Mi Padre os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el espíritu de Verdad” (San Juan 14, 16-17).

Más adelante les dice: “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése les enseñará todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho.” (San Juan 14, 25-26).

Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Les conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado,… muchas cosas tengo todavía que decirles, pero no se las diré ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hasta la verdad completa,… y os comunicará las cosas que están por venir” (San Juan 16, 7-14).

En el calendario del Año Litúrgico, después de la fiesta de la Ascensión, a los cincuenta días de la Resurrección de Jesús, celebramos la fiesta de Pentecostés.

Explicación de la fiesta:

Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos.

Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas.

En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban.

Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.

¿Quién es el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo es Dios, es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo es el amor que existe entre el Padre y el Hijo. Este amor es tan grande y tan perfecto que forma una tercera persona. El Espíritu Santo llena nuestras almas en el Bautismo y después, de manera perfecta, en la Confirmación. Con el amor divino de Dios dentro de nosotros, somos capaces de amar a Dios y al prójimo. El Espíritu Santo nos ayuda a cumplir nuestro compromiso de vida con Jesús.

Señales del Espíritu Santo:

El viento, el fuego, la paloma.
espiritusantotrascristoyfcoasissiteEstos símbolos nos revelan los poderes que el Espíritu Santo nos da: El viento es una fuerza invisible pero real. Así es el Espíritu Santo. El fuego es un elemento que limpia. Por ejemplo, se prende fuego al terreno para quitarle las malas hierbas y poder sembrar buenas semillas. En los laboratorios médicos para purificar a los instrumentos se les prende fuego.

El Espíritu Santo es una fuerza invisible y poderosa que habita en nosotros y nos purifica de nuestro egoísmo para dejar paso al amor.

Nombres del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo ha recibido varios nombres a lo largo del nuevo Testamento: el Espíritu de verdad, el Abogado, el Paráclito, el Consolador, el Santificador.

Misión del Espíritu Santo:

 El Espíritu Santo es santificador: Para que el Espíritu Santo logre cumplir con su función, necesitamos entregarnos totalmente a Él y dejarnos conducir dócilmente por sus inspiraciones para que pueda perfeccionarnos y crecer todos los días en la santidad.

  1. El Espíritu Santo mora en nosotros: En San Juan 14, 16, encontramos la siguiente frase: “Yo rogaré al Padre y les dará otro abogado que estará con ustedes para siempre”. También, en I Corintios 3. 16 dice: “¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes?”. Es por esta razón que debemos respetar nuestro cuerpo y nuestra alma. Está en nosotros para obrar porque es “dador de vida” y es el amor. Esta aceptación está condicionada a nuestra aceptación y libre colaboración. Si nos entregamos a su acción amorosa y santificadora, hará maravillas en nosotros.
  2. El Espíritu Santo ora en nosotros: Necesitamos de un gran silencio interior y de una profunda pobreza espiritual para pedir que ore en nosotros el Espíritu Santo. Dejar que Dios ore en nosotros siendo dóciles al Espíritu. Dios interviene para bien de los que le aman.
  3. El Espíritu Santo nos lleva a la verdad plena, nos fortalece para que podamos ser testigos del Señor, nos muestra la maravillosa riqueza del mensaje cristiano, nos llena de amor, de paz, de gozo, de fe y de creciente esperanza.

El Espíritu Santo y la Iglesia:

Desde la fundación de la Iglesia el día de Pentecostés, el Espíritu Santo es quien la construye, anima y santifica, le da vida y unidad y la enriquece con sus dones.
El Espíritu Santo sigue trabajando en la Iglesia de muchas maneras distintas, inspirando, motivando e impulsando a los cristianos, en forma individual o como Iglesia entera, al proclamar la Buena Nueva de Jesús.
Por ejemplo, puede inspirar al Papa a dar un mensaje importante a la humanidad; inspirar al obispo de una diócesis para promover un apostolado; etc.

El Espíritu Santo asiste especialmente al representante de Cristo en la Tierra, el Papa, para que guíe rectamente a la Iglesia y cumpla su labor de pastor del rebaño de Jesucristo.
El Espíritu Santo construye, santifica y da vida y unidad a la Iglesia.
El Espíritu Santo tiene el poder de animarnos y santificarnos y lograr en nosotros actos que, por nosotros, no realizaríamos. Esto lo hace a través de sus siete dones.

Los siete dones del Espíritu Santo:

Estos dones son regalos de Dios y sólo con nuestro esfuerzo no podemos hacer que crezcan o se desarrollen. Necesitan de la acción directa del Espíritu Santo para poder actuar con ellos.

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 SABIDURÍA: Nos permite entender, experimentar y saborear las cosas divinas, para poder juzgarlas rectamente.

  1. ENTENDIMIENTO: Por él, nuestra inteligencia se hace apta para entender intuitivamente las verdades reveladas y las naturales de acuerdo al fin sobrenatural que tienen. Nos ayuda a entender el porqué de las cosas que nos manda Dios.
  2. CIENCIA: Hace capaz a nuestra inteligencia de juzgar rectamente las cosas creadas de acuerdo con su fin sobrenatural. Nos ayuda a pensar bien y a entender con fe las cosas del mundo.
  3. CONSEJO: Permite que el alma intuya rectamente lo que debe de hacer en una circunstancia determinada. Nos ayuda a ser buenos consejeros de los demás, guiándolos por el camino del bien.
  4. FORTALEZA: Fortalece al alma para practicar toda clase de virtudes heroicas con invencible confianza en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir. Nos ayuda a no caer en las tentaciones que nos ponga el demonio.
  5. PIEDAD: Es un regalo que le da Dios al alma para ayudarle a amar a Dios como Padre y a los hombres como hermanos, ayudándolos y respetándolos.
  6. TEMOR DE DIOS: Le da al alma la docilidad para apartarse del pecado por temor a disgustar a Dios que es su supremo bien. Nos ayuda a respetar a Dios, a darle su lugar como la persona más importante y buena del mundo, a nunca decir nada contra Él.

Oración al Espíritu Santo

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor; envía Señor tu Espíritu Creador y se renovará la faz de la tierra.
OH Dios, que quisiste ilustrar los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que, guiados por este mismo Espíritu, obremos rectamente y gocemos de tu consuelo.
Por Jesucristo, nuestro Señor
Amén.

Fuentes Consultadas: Catecismo de la Iglesia Católica y otras.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Diácono transitorio y permanente

Un diácono (del griego διακονος, diakonos, «servidor» vía latín diaconus) es un hombre que ha recibido el primer grado del sacramento del Orden Sacerdotal por la imposición de las manos del obispo. Propiamente, según el Catecismo de la Iglesia Católica, los diáconos no son sacerdotes, a pesar de pertenecer al orden sagrado. Dentro de la Iglesia Católica existen dos tipos de diáconos:

Diácono transitorio
Diácono permanente

DIÁCONO TRANSITORIO

Los diáconos transitorios no son sacerdotes hasta culminar sus estudios y ser entonces ordenados por el Obispo. Por tanto, por un tiempo, todos los sacerdotes son primero ordenados diáconos transitorios (en tránsito hacia el sacerdocio).

DIÁCONO PERMANENTE

Este tipo de diaconado puede ser conferido a hombres casados pero especialmente comprometidos con su comunidad y la iglesia. El diácono permanente debe ser considerado hombre “probo” por la comunidad, caritativo, respetuoso, misericordioso y servicial. Es determinación del obispo exigir que sea casado, y en este caso, la esposa deberá autorizar por medio escrito al obispo la aceptación para la ordenación del esposo (requisito indispensable). Un diácono casado que ha perdido a su esposa no puede volver a contraer matrimonio, pero si puede optar a ser presbítero. Quien es ordenado diácono siendo soltero se compromete al celibato permanente.

priest_easter_procession_hg_clrEn el Concilio Vaticano II, se restauró nuevamente el diaconado permanente Los primeros diáconos fueron ordenados por los Apóstoles: Hechos 6, 1-6. Y fueron 7, el más destacado de ellos fue el protomártir San Esteban.

Solo el varón (“vir”) bautizado recibe válidamente esta sagrada ordenación. El sacramento del Orden confiere un carácter espiritual indeleble y no puede ser reiterado ni ser conferido para un tiempo determinado. Se le puede liberar de obligaciones y de las funciones vinculadas a la ordenación y hasta se le puede impedir ejercerlas, pero no vuelve a ser laico nuevamente, puesto que desde la ordenación queda marcado permanentemente.

FUNCIONES DEL DIÁCONO

Proclama el Evangelio y asiste en el Altar, administra los sacramentos del bautismo, del matrimonio y bendice, lleva el Viático a los enfermos (no pueden administrar la Unción de los Enfermos, antes, llamada Extremaunción) además, pueden dirigir la administración de alguna parroquia, se le puede designar una Diaconía y otros servicios según la necesidad de la Diócesis. En fin, todo lo relacionado con la misericordia y caridad además de animar a las comunidades que se le responsabilicen.

VESTIDURAS

Las vestiduras propias del diácono son la estola puesta al modo diaconal, es decir, cruzada en el cuerpo desde el hombro izquierdo y anudado por sus extremos en el lado derecho, a la altura de la cintura y sobre esta la dalmática, vestidura utilizada sobre todo en las grandes celebraciones y solemnidades.

 

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Fragmentación cristiana

A pesar de las instrucciones y el deseo de Jesús de que sus seguidores fueran identificados esencialmente por el amor entre ellos (“cuando vean como se aman entonces la Iglesia ha sido testigo de grandes divisiones en el cuerpo de Jesús. Previendo esta situación causada por la debilidad humana, siempre vendida al pecado, Jesús le prometió a Pedro que aunque hubiera divisiones y problemas en la Iglesia, “los poderes del demonio no prevalecerían en ella” (Mt 16,19) . En este tiempo de Pascua en el que celebramos y actualizamos el misterio cristiano, veremos los orígenes y las causas de los grandes cismas en la Iglesia y la acción del Espíritu Santo en su continua acción por santificar a todos sus miembros y hacer de ellos un solo cuerpo, un solo rebaño el cual crece al cuidado de un solo pastor. La primera gran división en el cristianismo surgió cuando Arrio, en el siglo IV afirmaba que Jesús no era Dios, es decir de la misma sustancia que el Padre. Esto hacia entre otras cosas que María no fuera la madre de Dios sino simplemente la madre del hombre “Jesús”. El concilio de Nicea en el 325 confesó que Jesús era verdaderamente hijo de Dios y por lo tanto de la misma naturaleza que el Padre y que por ello María Santísima debía ser llamada y tenida como la verdadera madre de Dios según su naturaleza humana. Siendo Arrio un obispo muy conocido, hizo popular su doctrina y ésta llegó a dividir la Iglesia por mas de 7 siglos. Durante ese tiempo aquellos que sostenían las ideas equivocadas de Arrio, rechazaron la guía de la Iglesia y se separó de la comunión eclesial lo que mantuvo en gran conflicto a toda la Iglesia. Sin embargo, Dios que es fiel unió de nuevo a la Iglesia bajo un solo pastor y la Iglesia volvió a la unidad.

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Una vez reunida de nuevo la familia cristiana, a finales del siglo X se desencadenó una nueva amenaza contra la unidad. De nuevo los planteamientos teológicos serán la causa de una nueva división en el cristianismo, división que aun permanece entre nosotros. La Iglesia oriental, asegura que el Espíritu Santo procede solo del Padre y no como lo afirma la Iglesia Occidental que «procede del Padre y del Hijo» (DS 527). Esto unido a la concepción sobre el primado y la función del Papa, dieron como resultado una gran división entre los cristianos, dividiéndose la Iglesia en dos grandes rebaños, que se conocerán como Iglesia Oriental, la cual sostendrá que el Espíritu solo procede del Padre y que tiene como cabeza al patriarca de Constantinopla. Por otro lado estará la Iglesia Latina que sostiene que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo y que tiene como pastor al Romano Pontífice, sucesor de san Pedro (Mt 16,18).

A pesar de que la división entre el Oriente y el Occidente permanece, en ella nunca ha habido rivalidad y violencia, aceptando los demás principios teológicos de unos y de otros los cuales mantienen la ortodoxia de la fe. Esto hizo que ambas se desarrollaran como, lo ha dicho el Papa Juan Pablo II en la histórica reunión con el Patriarca de Constantinopla, como hermanos. Ninguna de las dos ha buscado el partidismo ni confundiendo a la Iglesia con otras doctrinas extrañas al cristianismo. De hecho, hoy la relación es muy cercana y se buscan los caminos por los cuales se puedan allanar las diferencias, las cuales en principio están sostenidas por una traducción que no es clara en el griego, principalmente en lo que se refiere a la procedencia del Espíritu Santo. En cuanto a la autoridad del Papa, si bien la Iglesia oriental no acepta totalmente el primado del Romano Pontífice, mantiene por él un gran respeto y ordinariamente sigue sus orientaciones, teniéndolo como el hermano mayor. La siguiente gran división que mantiene aun dividida a la Iglesia es la iniciada por Martín Lutero en 1521, cuando buscando reformar la Iglesia, hace una serie de proposiciones que en su tiempo fueron rechazadas y que darán origen al rompimiento con la Iglesia Católica (que significa universal). A pesar de lo que se ha dicho, debe reconocerse que esta separación tuvo como origen y motor la inconformidad del gobierno de Alemania con el gobierno de Roma, el cual en ese tiempo se pude decir que regía al mundo incluso en el área política y civil. Utilizaron algunas de las posturas del movimiento protestante para quitarse de encima el yugo de Roma. El nombre de PROTESTANTISMO, se deriva de la “Dieta de Seller” emitida en 1529 en Alemania en la cual se hace referencia a una serie de protestas que nuca se llevaron a cabo. Como decíamos, el protestantismo tuvo como padre a Martín Lutero quien nació en Eisleben, Alemania en 1483, y en su juventud estudio Leyes. Estando cerca de la muerte a causa de una enfermedad, hace votos de entrar a la vida monástica. Es así que en Julio de 1505 entra al noviciado de los monjes agustinos y es ordenado sacerdote el 3 de abril de 1507 y recibe el doctorado en teología el 19 de octubre de 1512 con lo cual inicia su carrera como profesor de Sagrada Escritura en la universidad.

De 1513 a 1517 profundizó en el estudio principalmente de la Carta a los Gálatas, a los romanos y los Salmos, lo que lo llevó a entender que la salvación era una obra ya realizada por Cristo, y que no era por las obras por las que se accedía a ella sino por la fe. Esto contrastó fuertemente con la idea, muy acentuado en ese tiempo sobre las indulgencias, las cuales, en la mayoría de los casos, era mal entendida por el pueblo considerándose que la salvación y la gracia podrían ser compradas u obtenidas de una manera artificiosa. Estos dos elementos hicieron una fuerte crisis en el Teólogo, quien más adelante se pronunció abiertamente contra esta práctica de la Iglesia, sin considerar que el hecho de que muchos cristianos tuvieran esta idea errónea, no significaba que ésta fuera el pensamiento de la Iglesia. Esta proposición y divergencias fueron llevando poco a poco a un problema más de fondo que, como ya hemos mencionado, se centrará en la obediencia al Romano Pontífice. Por causa de sus pensamientos, en 1521, fue obligado a renunciar a su cátedra en la universidad. Entre 1520 y 1521 escribirá los tres grandes tratados que servirán de base para la gran división del cristianismo.

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El primero de esos escritos (agosto 1520) se intituló “Au den christlichen Adel deutscher Nation von des christlichen stnades besserung” (A la nobleza cristiana de la nación alemana sobre la reforma de los cristianos). En ella invita a todos el pueblo alemán, principalmente a los que están en el poder, para unirse en una reforma cristiana. Es una obra que destila el gran odio que llegó a sentir por Roma. Invita en ella derribar los muros en los que se ha encerrado la Iglesia para tener así una iglesia «liberada».Es una invitación a la libre interpretación de la Sagrada Escritura sin más discernimiento que el que cada uno pueda tener. Es en este escrito en donde propone los 27 puntos esenciales en los que es necesario reformar la Iglesia. Fueron enviados dos legados papales con el fin de que se retractara el monje agustino, pero sin ningún resultado. Solo para darnos idea del impacto que tuvo este escrito bástenos decir que el tiraje original de 4000 ejemplares, elevadísimo para la época, se agotó en una semana. Sus dos siguientes escritos: “La cautividad Babilónica en la Iglesia” (octubre 1520) en la que niega la existencia de los 7 sacramentos reduciéndolos a 3 y “La libertad del cristiano”, (Noviembre 1520) que hace de la «sola scriptura» la máxima del cristiano, vinieron a solidificar la gloria de Lutero y el establecimiento del movimiento de reforma.

Dado que Lutero se negaba a rectificar sus errores doctrinales y teológicos así como su ataque sistemático contra la Iglesia Católica, fue excomulgado en 1521. Los príncipes de Wartburg, lo escondieron y durante este tiempo Lutero tradujo la Biblia al alemán (hasta ese tiempo sólo se tenía en Latín y estaba prácticamente reservada a la lectura de los monjes y en general de los eclesiásticos). Esto afianzó el camino sobre la interpretación personal de la Biblia sin ninguna norma ni criterio para realizarlo, pues rechazada la jerarquía y la tradición de la Iglesia no quedaba más que un texto, que como veremos más adelante, no siempre es de fácil interpretación. Una vez tranquilizadas las aguas en Alemania, en 1525 se casó con una ex-monja llamada Catherine von Bora. De esta manera, Lutero continuó su trabajo como teólogo, biblista, pastor y líder del movimiento de Reforma hasta su muerte. Hoy podemos decir que la intención de Lutero no fue la de dividir la Iglesia sino de reformarla; sin embargo en su tiempo, las reformas que proponía no encontraron eco en la Iglesia, lo cual, aunado a que no en todo tenía razón (como es el hecho de rechazar como fuentes de revelación la Tradición y el Magisterio y considerar que la «sola scriptura» podría dar razón a la fe, así como el reducir el número de sacramentos, entre otros), hizo que una acción que se pensaba como buena diera como resultado la división y el odio en la Iglesia.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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