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Evangelios de la Infancia de Jesús por Santo Tomás (Apócrifo)

EL EVANGELIO DE SANTO TOMÁS

(Redacción griega)

Preámbulo

I 1.Yo, Tomás Israelita, vengo a anunciaros a todos vosotros, mis hermanos entre los gentiles, para que los conozcáis, los actos de la infancia y los prodigios de Nuestro Señor Jesucristo, cumplidos por él después de su nacimiento en nuestro país.
2.Y he aquí cuál fue su comienzo.

Gorriones hechos con barro

II 1.El niño Jesús, de cinco años de edad, jugaba en el vado de un arroyo, y traía las aguas corrientes a posar, y las tornaba puras en seguida, y con una simple palabra las mandaba.
2. Y, amasando barro, formó doce gorriones, e hizo esto un día de sábado. Y había allí otros muchos niños, que jugaban con él.
3. Y un judío, que había notado lo que hacía Jesús, fue acto seguido, a comunicárselo a su padre José, diciéndole: He aquí que tu hijo está cerca del arroyo, y, habiendo cogido barro, ha compuesto con él doce gorriones, y ha profanado el sábado.
4. Y José se dirigió al lugar que estaba Jesús, lo vio, y le gritó: ¿Por qué haces, en día de sábado, lo que no está permitido hacer? Pero Jesús, dando una palmada, y dirigiéndose a los gorriones, exclamó: Volad. Y los pájaros abrieron sus alas, y volaron, piando con estruendo.
5.Y los judíos quedaron atónitos ante este espectáculo, y fueron a contar a sus jefes lo que habían visto hacer a Jesús.

Muerte del hijo de Anás

III 1.Y el hijo de Anás el escriba se encontraba allí, y, con una rama de sauce, dispersaba las aguas que Jesús había reunido.
2. Y Jesús, viendo lo que ocurría, se encolerizó, y le dijo: Insensato, injusto e impío, ¿qué mal te han hecho estas fosas y estas aguas? He aquí que ahora te secarás como un árbol, y no tendrás ni raíz, ni hojas, ni fruto.
3. E inmediatamente aquel niño se secó por entero. Y Jesús se fue de allí, y volvió a la casa de José. Pero los padres del muchacho muerto lo tomaron en sus brazos, llorando su juventud, y lo llevaron a José, a quien reprocharon tener un hijo que hacía tales cosas.

Castigo infligido por Jesús a un niño

IV 1.Otra vez, Jesús atravesaba la aldea, y un niño que corría, chocó en su espalda. Y Jesús, irritado, exclamó: No continuarás tu camino. Y, acto seguido, el niño cayó muerto. Y algunas personas, que habían visto lo ocurrido, se preguntaron: ¿De dónde procede este niño, que cada una de sus palabras se realiza tan pronto?
2. Y los padres del niño muerto fueron a encontrar a José, y se le quejaron, diciendo: Con semejante hijo no puedes habitar con nosotros en la aldea, donde debes enseñarle a bendecir, y no a maldecir, porque mata a nuestros hijos.

José reprende a Jesús

V 1.Y José tomó a su hijo aparte, y lo reprendió, diciendo: ¿Por qué obras así? Estas gentes sufren, y nos odian, y nos persiguen. Y Jesús respondió: Sé que las palabras que pronuncias no son tuyas. Sin embargo, me callaré a causa de ti. Pero ellos sufrirán su castigo. Y, sin demora, los que lo acusaban, quedaron ciegos.
2. Y los que vieron esto, vacilantes y atónitos, decían de Jesús que toda palabra que pronunciaba, buena o mala, se cumplía, y producía un milagro. Y, cuando hubieron visto que Jesús hacía cosas semejantes, José se levantó, lo agarró por la oreja, y se la estiró con fuerza.
3. Pero el niño se enfadó, y le dijo: Bien fácil te es buscar sin encontrar, y acabas de obrar como un insensato. ¿Ignoras que te pertenezco? No me hagas daño.

Exposición del alfabeto

VI 1. Y un maestro de escuela, llamado Zaqueo, que se encontraba allí, oyó a Jesús hablar así a su padre, y lo sorprendió mucho que un niño se expresase de aquella manera.
2. Y, algunos días después, se acercó a José, y le dijo: Tienes un hijo dotado de buen sentido e inteligencia. Confíalo a mi cuidado, para que aprenda las letras, y, con las letras, le enseñaré toda ciencia. Y también le enseñaré a saludar a los mayores, a honrarlos como antepasados, a respetarlos como padres, y a amar a los de su edad.
3. Y le escribió todas las letras del alfabeto desde Alpha hasta Omega muy puntualmente y con toda claridad. Mas Jesús, mirando a Zaqueo, le dijo: Tú, que no conoces la naturaleza del Alpha, ¿cómo quieres enseñar a los demás la Beta? Hipócrita, enseña primero el Alpha, si sabes, y después te creeremos respecto a la Beta. Luego se puso a discutir con el maestro de escuela sobre las primeras letras, y Zaqueo no pudo contestarle.
4. Y, en presencia de muchas personas, el niño dijo a Zaqueo: Observa, maestro, la disposición de la primera letra, y nota cómo hay líneas y un rasgo mediano que atraviesa las líneas que tú ves comunes y reunidas, y cómo la parte superior avanza y las reúne de nuevo, triples y homogéneas, principales y subordinadas, de igual medida. Tales son las líneas del Alpha.

Perplejidad de Zaqueo

VII 1. Y, cuando Zaqueo, el maestro de escuela, oyó al niño exponer las alegorías tan numerosas y tan grandes de la primera letra, quedó perplejo ante tal respuesta y ante tal enseñanza, y dijo a los asistentes: ¡Desventurado de mí, a qué extremo me veo reducido! Me he cubierto de vergüenza, al traer a mi escuela a este muchacho.
2. Así, pues, hermano José, te ruego que lo lleves contigo, porque no puedo soportar la severidad de su mirada, ni penetrar el sentido de su palabra en modo alguno. Este niño no ha nacido en la tierra, es capaz de domar el fuego mismo, y quizá ha sido engendrado antes de la creación del mundo. ¿Qué vientre lo ha llevado? ¿Qué pecho lo ha nutrido? Lo ignoro. ¡Ay, amigo mío, tu hijo me pone fuera de mí, y no puedo seguir su pensamiento! Me he equivocado en absoluto. Yo quería tener en él un discípulo, y me he encontrado con que tengo en él un maestro.
3. Me doy cuenta de mi oprobio, amigos míos, porque yo, que soy un viejo, he sido vencido por un niño. Y no me queda sino abandonarme al desaliento o a la muerte, a causa de este niño, ya que no puedo, en este momento, mirarlo cara a cara. ¿Qué responderé, cuando digan todos que he sido derrotado por un pequeñuelo? ¿Y qué podré explicar acerca de lo que él me ha dicho de las líneas de la primera raya? No lo sé, amigos míos, por cuanto no conozco, ni el comienzo, ni el fin, de este niño.
4. Así, pues, hermano José, te ruego que lo lleves contigo a tu casa. Es algo muy grande, sin duda: un dios, un ángel o algo parecido.

Conclusión de la historia de Zaqueo

VIII 1. Y, mientras los judíos daban consejos a Zaqueo, el niño rompió a reír, y dijo: Ahora que tu aventura produce sus frutos, y que los ciegos de corazón ven, he aquí que yo vengo de lo alto para maldecirlos, y para llamarlos a lo alto, como me lo ordenó el que me ha enviado a causa de vosotros.
2. Y, cuando el niño hubo acabado de hablar, pronto todos los que habían caído antes bajo su maldición, quedaron curados. Y nadie, desde entonces, se atrevió a provocar nunca su cólera, por miedo a que los maldijese, y los hiriese de enfermedad.

Niño caído de una terraza

IX 1. Algunos días después, Jesús jugaba en una terraza, sobre lo alto de una casa, y uno de los niños que jugaba con él, cayó de la terraza, y murió. Y, Viendo esto, los demás niños huyeron, y Jesús quedó solo.
2. Y, habiendo llegado los padres del niño muerto, acusaron a Jesús de haberlo hecho caer. (Jesús les dijo: Yo no hice tal.) Y lanzaron invectivas contra él.
3. Mas Jesús se tiró de la terraza abajo, se detuvo cerca del cuerpo del niño caído, y gritó a gran voz, diciendo: Zenón (porque tal era su nombre), levántate, y dime: ¿Soy yo quien te hizo caer? Y, habiéndose levantado inmediatamente, el niño repuso: No, Señor, tú no me has hecho caer, sino que me has resucitado. Y los espectadores del lance quedaron conmovidos de asombro. Y los padres del niño glorificaron a Dios por el milagro cumplido, y adoraron a Jesús.

Resurrección de un joven

X 1.Pasados otros cuantos días, un joven cortaba leña en las proximidades del pueblo. Y he aquí que su hacha le hendió la planta del pie, y murió, por haber perdido toda su sangre.
2. Y, como ello produjera una aglomeración y un tumulto de gentes, el niño Jesús corrió también allí, y, haciéndose sitio, atravesó la multitud, y tomó el pie herido del joven, que en seguida quedó curado. Y dijo al joven: Levántate, sigue cortando leña, y acuérdate de mí. Y la multitud, al ver lo que había pasado, adoró al niño, diciendo: Verdaderamente, el espíritu de Dios reside en ti.

Jesús en la fuente

XI 1.Y, cuando tenía seis años, su madre le dio un cántaro, y lo envió a tomar agua, para llevarla a casa. Pero, habiendo tropezado el niño con la multitud, el cántaro se rompió.
2. Entonces Jesús, extendiendo la túnica que lo cubría, la llenó de agua, y la llevó a su madre. Y su madre, reconociendo milagro tal, lo abrazó, y guardó en su corazón los misterios que veía cumplidos.

Milagro del grano de trigo

XII 1.Otra vez, en la época de la siembra, el niño salió con su padre para sembrar trigo en su campo, y, mientras su padre sembraba, el niño Jesús sembró también un grano de trigo.
2. Y, una vez lo hubo recolectado y molido, obtuvo cien medidas y, llamando a la granja a todos los pobres de la aldea, les distribuyó el trigo, y José se quedó con lo que aún restaba. Y Jesús tenía ocho años cuando hizo este milagro.

Milagro de las dos piezas de un lecho

XIII 1. Y su padre era carpintero, y hacía en aquel tiempo carretas y yugos. Y un hombre rico le encargó que le hiciese un lecho. Mas, habiendo cortado una de las piezas más pequeña que la otra, no sabía qué partido tomar. Entonces el niño Jesús dijo a su padre José: Pon las dos piezas en el suelo, e iguálalas por tu lado.
2. Y José procedió como el niño le había indicado. Y Jesús se puso al otro lado, tiró de la pieza más corta, y la tomó igual a la otra. Y su padre José, viendo tal, quedó admirado, y abrazó a Jesús, diciendo: Felicitarme puedo de que Dios me haya dado este niño.

Relaciones con un segundo maestro

XIV 1.Viendo José que el niño crecía en edad y en inteligencia, y no queriendo que permaneciese iletrado, lo llevó a un segundo maestro. Y este maestro dijo a José: Le enseñaré primero las letras griegas, y luego las hebraicas. Porque el maestro conocía la inteligencia del niño. Sin embargo, después de haber escrito el alfabeto, se ocupó largamente de él, y Jesús no le respondió, hasta que le advirtió:
2. Si eres verdaderamente un maestro, y conoces bien el alfabeto, dime primero el valor de Alpha y yo te diré luego el de Beta. Pero el maestro, irritado, le pegó en la cabeza. Y el niño, en su dolor, lo maldijo, y aquél cayó exánime, con la faz contra tierra.
3. Y el niño volvió a casa de José, que quedó muy afligido, y recomendó a su madre: No le dejes pasar la puerta, porque cuantos lo encolerizan, quedan heridos de muerte.

Jesús confunde a un tercer maestro

XV 1.Y, algún tiempo después, otro maestro que era pariente y amigo de José, le dijo: Tráeme al niño a la escuela, que quizá podré por la dulzura enseñarle las letras. Y José le contestó: Si tienes valor, hermano, llévalo contigo. Y lo llevó con temor y repugnancia, y el niño iba con placer.
2. Y, entrando decididamente en la escuela, encontró un libro sobre un pupitre, y, tomándolo, no leía los caracteres que en él se encontraban, sino que, abriendo la boca, hablaba conforme a la inspiración del Espíritu Santo. Y enseñó la Ley a los presentes. Y, juntándose una gran multitud, lo rodeaba, lo escuchaba, y se admiraba de la belleza de sus descripciones, de lo justo de sus discursos, y de que un niño como él se expresase de tal manera.
3. Al oír esto, José, espantado, fue a la escuela, temiendo por la salud del profesor. Y el maestro dijo a José: Sabe, hermano, que yo he tomado al niño por discípulo, pero está lleno de sabiduría y de gracia. Condúcelo, yo te lo ruego, a tu domicilio.
4. Y, cuando el niño hubo oído estas palabras, sonrió. y le dijo: Puesto que has hablado bien, y has dado un buen testimonio, sea por tu causa curado quien fue herido. Y en seguida el otro maestro fue curado. Y José volvió con el niño a su casa.

Jacobo, curado de una mordedura de víbora

XVI 1.Y José envió a su hijo Jacobo a cortar madera, el niño Jesús lo seguía. Y, mientras Jacobo trabajaba, una víbora le mordió en la mano.
2. Y, como sufría y parecía herido de muerte, Jesús se aproximó, y le sopló en la mordedura, y en seguida cesó el dolor, y murió el reptil, y, al instante, Jacobo quedó sano y salvo.

Resurrección de un niño

XVII 1.Más tarde, murió un niño en la vecindad, y su madre lloraba mucho. Y Jesús oyó el clamor de su gran pena y se apresuró a acudir. Y, hallando al niño muerto, le tocó el pecho, y dijo: Yo te mando, niño, que no mueras, sino que vivas, y que te quedes con tu madre. Y en seguida el niño abrió los ojos, y sonrió. Y Jesús dijo a la mujer: Tómalo, y dale leche, y acuérdate de mí.
2. Y, viendo esto, la gente se llenó de admiración, y decía: En verdad, este niño es un Dios o un ángel de Dios, porque toda palabra suya se convierte en un hecho. Y Jesús se fue a jugar con los demás niños.

Resurrección de un hombre

XVIII 1. Algún tiempo más tarde, habiéndose producido en una casa que se construía un gran tumulto, Jesús se levantó, y acudió al lugar. Y, viendo a un hombre que yacía sin vida, le tomó la mano y dijo: Levántate, hombre, y continúa laborando en tu obra, pues yo te lo ordeno. Y el hombre se levantó, y lo adoró.
2. Viendo lo cual, quedó la gente admirada, y decía: Este niño viene del cielo, porque ha salvado almas de la muerte, y las salvará durante toda su vida.

Jesús en medio de los doctores

XIX 1.Cuando tuvo la edad de doce años, sus padres, siguiendo la costumbre, fueron a Jerusalén por las fiestas de Pascua con otros compañeros de viaje, y, después de las fiestas, regresaron a su morada. Y, mientras ellos volvían, el niño Jesús quedó en Jerusalén, y sus padres pensaron que estaba entre sus compañeros de viaje.
2. Mas, tras una jornada de camino, buscaron entre sus deudos, y, no hallándolo, se afligieron, y tomaron a la ciudad para buscarlo. Y, tres días después, lo hallaron en el templo, sentado entre los doctores, escuchándolos e interrogándolos. Y todos estaban atentos y sorprendidos de que un niño redujese al silencio a los ancianos del templo y a los doctores del pueblo, explicando los puntos principales de la Ley y las parábolas de los profetas.
3. Y su madre María, aproximándose, le dijo: ¿Por qué nos has hecho esto, hijo mío? He aquí que estábamos afligidos, y que te buscábamos. Pero Jesús les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que es preciso que yo atienda a las cosas que afectan a mi Padre?
4. Y los escribas y los fariseos dijeron a María: ¿Tú eres madre de este niño? Ella respondió: Lo soy. Y ellos dijeron: Feliz eres entre las mujeres, porque Dios ha bendecido el fruto de tus entrañas. Nunca hemos visto ni oído tanta gloria, tanta virtud, tanta sabiduría.
5. Y Jesús, levantándose, siguió a su madre, y estaba sometido a su familia. Y su madre guardaba estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en edad y en gracia. Gloria a él por los siglos de los siglos. Amén.
Fuente: Evangelios Apócrifos, por Edmundo González Blanco

HISTORIA DE LA INFANCIA DE JESUS SEGÚN SANTO TOMÁS

(Redacción latina)

De cómo Maria y José huyeron con Jesús a Egipto

I 1.Cuando Herodes hizo buscar a Jesús, para matarlo, el ángel dijo a José:
2. Toma a María y a su hijo, y huye a Egipto, lejos de los que quieren matar al niño.
3. Y Jesús tenía dos años cuando entró en Egipto.
4. Y ocurrió que, como cruzasen un sembrado, recogió espigas, y las puso al fuego, y las asó, y las comió.
5. Y, llegados a Egipto, fueron admitidos en la casa de una viuda.
6. Y pasaron un año allí.
7. Y Jesús cumplió los tres años. Y, viendo jugar a los niños, comenzó a tomar parte en sus diversiones.
8. Y, encontrando un pez seco, lo puso en un plato, y le ordenó que palpitase.
9. Y el pez comenzó a palpitar.
10. Y Jesús le dijo: Quítate la sal que has tomado, y ve al agua.
11. Y fue así. Mas los vecinos, viendo lo que había hecho, llevaron la noticia a la casa de la viuda en que vivía María, la madre de Jesús.
12. Y aquella mujer, al saber lo ocurrido, los arrojó de su casa.

Jesús y los doce pajarillos

II 1.Y Jesús, paseando con su madre María por la plaza de la población, vio a un maestro que enseñaba a sus discípulos.
2.Y he aquí que doce pajarillos descendieron sobre donde estaban los discípulos con el maestro.
3. Y Jesús, al observar esto, se paró, y se puso a reír.
4. Y, viéndolo reír, el maestro se encolerizó.
5. Y dijo a sus discípulos: Id y traédmelo.
6. Y cuando se lo llevaron, el maestro lo agarró de una oreja.
7. Y le preguntó: ¿Qué has visto que te haya hecho reír?
8. Y Jesús le contestó: Maestro, he aquí mi mano llena de trigo.
9. Yo lo he mostrado a esos pájaros, y he esparcido este grano, y ellos se han apresurado a venir por él.
10. Y Jesús estuvo allí hasta que los pájaros se repartieron el trigo.
11. Mas el maestro lo echó de la ciudad, con su madre.

Jesús vuelve de Egipto a Judea

III 1.Y he aquí que el ángel del Señor se apareció a María.
2. Y le dijo: Toma el niño, y vuelve a la tierra de los judíos.
3. Porque los que querían su vida, han muerto.
4. Y María se levantó y se llevó a Jesús.
5. Y fueron a la ciudad de Nazareth, donde estaba la hacienda de su padre.
6. Y cuando José salió de Egipto, después de la muerte de Herodes, condujo a Jesús al desierto, hasta que los que querían la vida del niño no turbasen a Jerusalén.
7. Y dio gracias al Altísimo, porque le había dado la inteligencia.
8. Y porque había hallado gracia ante el Señor Dios. Amén.

Cosas que hizo Jesús en la villa de Nazareth

IV 1.Glorioso es para Tomás Israelita, apóstol del Señor, contar las obras de Jesús, cuando estaba en Nazareth, de regreso de Egipto.
2. Oíd atentamente, hermanos queridos, lo que hizo el Señor Jesús en la ciudad de Nazareth.
3. Jesús tenía cinco años, cuando una gran lluvia cayó sobre la tierra.
4. Y el Señor Jesús andaba bajo la lluvia.
5. Y era espantosa, mas él la reunió en una cisterna y le ordenó ser clara. Y ella lo fue.
6. Y, tomando el barro de aquel pozo, lo modeló, y le dio forma de doce pajaritos.
7. Y Jesús hacía estas cosas un día de sábado, en medio de los hijos de los judíos.
8. Y los hijos de los judíos fueron a José, padre de Jesús, y le dijeron:
9. He aquí que tu hijo jugaba con nosotros.
10. Y ha tomado barro, y ha modelado doce pájaros, y ha violado el sábado.
11.Y José vino al niño Jesús, y le dijo: ¿Por qué has hecho lo que no está permitido hacer en día de sábado?
12. Mas Jesús, abriendo las manos, dijo a los pájaros: Levantaos y volad.
13. Porque nadie ha de daros muerte.
14. Y poniéndose a volar, alababan con sus gritos a Dios Todopoderoso.
15. Y, al ver esto, los judíos, maravilláronse, y empezaron a divulgar los milagros de Jesús.
16. Y un fariseo, que estaba con el niño, tomó un ramo de oliva, y destruyó la fuente que había hecho Jesús.
17. Y, cuando Jesús lo vio, se enojó, y dijo: Sodomita impío e ignorante, ¿qué te habían hecho estas fuentes, que son obra mía?
18. Quedarás como un árbol seco, sin raíces, sin hojas ni frutos.
19. Y el fariseo se secó, y cayó a tierra, y murió.
20. Y sus padres llevaron su cuerpo, y se enojaron con José.
21. Y le decían: He aquí la obra de tu hijo. Enséñale a orar, y no a maldecir.

Los nazarenos se irritan contra José por las cosas que obra Jesús

V 1.Y, unos días después, yendo Jesús con José por la ciudad, un niño corrió ante ellos, y, tropezando intencionadamente con Jesús, lo lastimó mucho en un costado.
2. Mas Jesús le dijo: No acabarás el camino que has comenzado a recorrer.
3. Y el niño cayó a tierra, y murió.
4. Y los que vieron tal milagro, exclamaron: ¿De dónde es este niño?
5. Y dijeron a José: No conviene que semejante niño esté entre nosotros. Aléjalo de aquí.
6. Mas si es preciso que tú estés entre nosotros, enséñale a orar, y no a maldecir, porque nuestros hijos han perdido la razón.
7. Y José llamó a Jesús y le dijo: ¿Por qué maldices?
8. He aquí que los habitantes de esta ciudad nos odian.
9. Mas Jesús dijo: Yo sé que a ti, y no a mí, afectan esos discursos.
10. Y me callaré por ti, mas que ellos vean lo que hacen, según su discreción.
11. Y todos los que hablaban contra Jesús, quedaron ciegos.
12. Y se fueron diciendo: Todas las palabras que salen de su boca tienen una potencia fatal.
13. Y viendo José lo que había hecho Jesús, se enfureció, y le agarró de una oreja.
14. Y Jesús se enojó, y dijo a José: Bástete mirarme, mas no me toques.
15. Tú no sabes quién soy. Y si lo supieras, no me contrariarías. Porque, aunque estoy aquí contigo, he sido creado antes que tú.

De cómo fue tratado Jesús por un maestro de escuela

VI 1. Y un hombre llamado Zaqueo escuchaba lo que Jesús decía a José.
2. Y lleno de admiración por Jesús, dijo: Nunca he visto un niño que hablase así.
3. Y se acercó a José y le dijo: Tienes un hijo muy inteligente. Envíamelo, para que le enseñe las letras.
4. Y luego que las sepa, yo lo instruiré con esmero, para que no permanezca en la ignorancia.
5. Y José contestó: Nadie puede enseñarle, sino Dios. ¿Crees que este niño es como los demás?
6. Y oyendo Jesús lo que Zaqueo hablaba a José, le dijo: Maestro, todas las palabras que salen de mi boca son verdaderas.
7. Y yo he sido el Señor antes que todos los hombres, y la gloria de los siglos me ha sido dada. Mas nada se os ha dado a vosotros.
8. Porque yo soy antes que los siglos, y sé cuál será el número de los años de tu vida, y que serás desterrado.
9. Y tú debes comprender lo que ha dicho mi padre, porque cuantas palabras salen de mi boca son verdaderas.
10. Y oyendo los judíos lo que decía Jesús, se maravillaban.
11. Y decían: Estamos escuchando de este niño discursos que no hemos oído nunca, y que no oiremos jamás de nadie.
12. Ni aun de los príncipes de los sacerdotes, ni de los doctores de la Ley, ni de los fariseos.
13. Y Jesús les contestó: ¿De qué os maravilláis?
14. Miráis como increíble lo que os he dicho, y he aquí que os he dicho la verdad.
15. Porque yo sé cuándo habéis nacido vosotros y vuestros padres, y os puedo decir cómo fue hecho el mundo, y conozco a quien me ha enviado a vosotros.
16. Y los judíos estaban tan asombrados que no acertaban a responder.
17. Y el niño, recogiéndose en sí mismo, se gozó, y dijo: Os he hablado en parábola, porque sé que sois débiles e ignorantes.
18. Y el maestro dijo a José: Tráemelo, para que le enseñe las letras.
19. Y José llevó a Jesús a la casa del maestro, donde había otros niños instruyéndose.
20. Y el maestro, hablándole con dulzura, se puso a enseñarle las letras.
21. Mas él escribió el primer versículo, que va desde A a T, y se puso a instruirlo.
22. Y el maestro pegó al niño en la cabeza, y el niño le dijo: Conviene que yo te instruya a ti, y no tú a mi.
23. Porque yo conozco las letras que quieres enseñarme, y sé que nada puede salir de ti, más que palabras, y no sabiduría.
24. Y comenzando el versículo, recitó desde A hasta F muy rápidamente. Y mirando al maestro dijo: Tú no sabes explicar lo que es A ni lo que es B. ¿Cómo quieres enseñar las otras letras?
25. Hipócrita, dime qué es A, y te diré que es B. Y queriendo aquel doctor explicar la A, no pudo dar ninguna respuesta.
26. Y Jesús dijo a Zaqueo. Escucha, doctor, y comprende la primera letra.
27. Nota que tiene dos trazos que se unen, se separan y engruesan, y que son el símbolo de la permanencia, de la dispersión y de la variedad.
28. Y viendo Zaqueo explicar así la primera letra, se asombró de que un niño tuviera ciencia tan profunda, y exclamó: ¡Malhaya yo!
29. Porque he traído sobre mí una gran vergüenza por causa de este niño, y estoy lleno de estupefacción.
30. Y dijo a José: Yo te ruego, hermano, que te lo lleves, pues no puedo mirarlo a la cara, ni escuchar sus discursos asombrosos.
31. Porque este niño puede dominar el fuego y encadenar la mar, por haber nacido antes que los siglos.
32. Y yo no sé qué vientre lo ha engendrado niqué pecho lo ha nutrido.
33. He aquí que quedo abatido en espíritu, porque seré objeto de irrisión. Yo lo creía discípulo, y resulta ser maestro.
34. Y no puedo sobrellevar mi oprobio porque soy viejo, y, sin embargo, nada hallo que responderle.
35. Y quiero caer enfermo, y dejar este mundo, o, a lo menos, abandonar esta ciudad, donde todos han visto mi afrenta de ser confundido por un niño.
36. ¿Qué podré ya decir a los otros? ¿Qué discursos haré, si él me ha vencido ya en la primera letra?
37. Estoy estupefacto, ¡oh amigos!, y no hallo ni el principio ni el fin de la contestación que habría de darle.
38. Y ahora, hermano José, llévate al niño a casa, porque es un maestro, y un Señor, o un ángel.
39. Y volviéndose Jesús a los judíos que estaban con Zaqueo, les dijo: Que los que no creían, crean, y que los que no comprendían, comprendan, y que los sordos oigan y que los muertos resuciten.
40. Y cuando hubo callado el niño Jesús, todos los que habían sido heridos por su palabra, curaron.

Jesús resucita a un niño

VII 1.Subiendo un día Jesús con unos niños a la azotea de una casa, se puso a jugar con ellos.
2. Y uno cayó al patio y murió. Y todos los niños huyeron, mas Jesús se quedó.
3. Y, habiendo llegado los padres del niño muerto, decían a Jesús: Tú eres quien lo has tirado. Y lo amenazaban.
4. Y Jesús, saliendo de la casa. se puso en pie ante el niño muerto, y le dijo en voz alta: Simón, Simón, levántate y di si yo te he hecho caer.
5. Y el niño se levantó, y dijo: No, Señor. Y viendo sus padres el gran milagro que había hecho Jesús, lo adoraron y glorificaron a Dios.

Jesús cura el pie de un niño

VIII 1.Y un niño partía madera, y se hirió un pie.
2. Y, sobreviniendo allí mucha gente, Jesús se acercó también al niño, y le tocó el pie, y curó.
3. Y díjole Jesús: Levántate, y parte tu leña, y acuérdate de mi.
4. Y la gente, al ver este milagro, adoró a Jesús, diciendo: Verdaderamente, creemos que es Dios.

Jesús lleva el agua en su ropa

IX 1. Y tenía Jesús seis años. Y su madre lo envió a buscar agua.
2. Y como llegase Jesús a la fuente, había mucha multitud, y se rompió su cántaro.
3. Y en la ropa que vestía, recogió agua y la llevó a María, su madre.
4. Y viendo ella el milagro que había hecho Jesús, lo abrazó, y dijo: Señor, óyeme, y salva a mi hijo.

Jesús siembra trigo

X 1. Y, al advenir la sementera, José fue a sembrar, y Jesús iba con él.
2. Y cuando empezó a sembrar José, Jesús tomó un puñado de trigo, y lo esparció por el suelo.
3. Y llegado el tiempo de la siega, José fue a recolectar.
4. Y Jesús recogió las espigas del trigo que había sembrado, e hizo cien haces de buen grano, y lo repartió a los pobres, a las viudas y a los huérfanos.

Jesús iguala dos maderos desiguales

XI 1.Y Jesús cumplió la edad de ocho años.
2. Y José era carpintero, y hacía carretas y yugos para los bueyes.
3. Y un rico dijo a José: Maestro, hazme un lecho grande y hermoso.
4. Y José estaba afligido, porque uno de los maderos que iba a emplear era más corto que el otro.
5. Mas le dijo Jesús: No te aflijas. Toma el madero de un lado, yo lo tomaré del otro, y tiremos.
6. Y, haciéndolo así, el madero adquirió la longitud precisa. Y Jesús dijo a José: Trabaja. He ahí el madero que necesitabas.
7. Y, al ver José lo que había hecho Jesús, lo abrazó, diciendo: Bendito sea Dios, que me ha dado tal hijo.

Jesús es llevado a otro maestro para aprender las letras

XII 1.Y viendo José el poder de Jesús, y que crecía, pensó enviarlo a un maestro que le enseñase las letras, y lo llevó a un doctor.
2. Y este doctor dijo a José: ¿Qué letras quieres que aprenda tu hijo?
3. Y José le contestó: Enséñale primero las letras extranjeras y luego las hebreas. Porque estaba informado de que aquel doctor era muy sabio.
4. Y cuando el doctor escribió el primer versículo, que es A y B, se lo explicó a Jesús varias horas.
5. Mas Jesús callaba y nada respondía.
6. Y dijo luego al doctor: Si eres verdaderamente un maestro, y sabes las letras, dime la potencia de la letra A, y yo te diré la potencia de la letra B.
7. Mas el maestro, colérico, le pegó en la cabeza. Y Jesús, irritado, lo maldijo, y el maestro cayó al suelo, y murió.
8. Y Jesús volvió a su casa, mas José prohibió a María que lo dejase pasar el umbral.

Jesús es llevado por tercera vez a un maestro

XIII 1.Mas, transcurridos pocos días, vino un doctor, amigo de José.
2. Y dijo: Llévame el niño, y yo le enseñaré las letra tratándolo con mucha dulzura.
3. Y José contestó: Si puedes conseguirlo, instrúyelo.
4. Y recibiendo el doctor a Jesús, lo llevó con alegría.
5. Y llegado Jesús a la morada del doctor, encontró un libro en un rincón, y tomándolo, lo abrió.
6. Mas no leía lo que estaba escrito en él, sino que abría la boca y hablaba por inspiración del Espíritu Santo, y enseñaba la Ley.
7. Y todos los asistentes lo escuchaban atentos, y el maestro lo oía con placer, y le pidió que enseñase con más extensión.
8. Y mucha gente se reunió para escuchar los discursos que salían de su boca.
9.Mas José, sabiendo esto, se espantó. Y el maestro le dijo: Hermano, yo he recibido a tu hijo para instruiro.
10. Empero, he aquí que él está lleno de sabiduría. Llévalo a tu casa con gozo, porque la sabiduría que tiene es un don del Señor.
11. Y oyendo Jesús hablar así al maestro, se regocijó y dijo: Tú ahora, maestro, has dicho la verdad.
12. Y por ti, el que es muerto, debe resucitar. Y José lo llevó a casa.

Jesús cura a Jacobo de la mordedura de una vibora

XIV 1. José envió a Jacobo a recoger paja, y Jesús iba con él.
2. Y mientras Jacobo recogía la paja, una víbora lo mordió, y cayó al suelo como muerto.
3. Y viendo esto Jesús, sopló sobre la herida, y Jacoboquedó curado, y la víbora murió.

Jesús resucita a otro niño

XV 1.Y habiendo muerto el hijo de un vecino, su madre se entregó a un gran dolor
2. Y sabiéndolo Jesús, llegóse al cadáver del niño, y se inclinó sobre él, y sopló sobre su pecho.
3. Y le dijo: Niño, yo te ordeno no morir, sino vivir.
4. Y el niño resucitó. Y Jesús dijo a la madre: Toma a tu hijo, y dale de mamar, y acuérdate de mí.
5. Y viendo este milagro, decía la gente: En verdad, este niño es del cielo.
6. Porque ha librado varias vidas de la muerte, y cura a todos los que esperan en él.
7. Y los escribas y los fariseos se llegaron a María, y le preguntaron: ¿Eres tú la madre de este niño? Y ella dijo: En verdad que lo soy.
8. Y ellos le dijeron: Dichosa eres tú entre todas las mujeres.
9. Porque Dios ha bendecido el fruto de tu vientre, pues que te ha dado un hijo tan glorioso y dotado de una sabiduría como nunca hemos visto ni oído.
10. Y Jesús se levantó, y seguía a su madre. Y María conservaba en su corazón todos los milagros que había hecho entre el pueblo, curando a muchos que habían enfermado.
11. Y Jesús crecía en talla y en sapiencia, y todos los que lo veían, glorificaban a Dios, el Padre Todopoderoso, que bendito sea por los siglos de los siglos. Amén.
Fuente: Los Evangelios Apócrifos, por Edmundo González Blanco

Transcrito:


AGUILAR PEDRERA CRISTOBAL (246)

Programador de Sistemas de Alto nivel, Monitor Experto para cursos de Formación Profesional Ocupacional y Monitor de para cursos de Fundaciones Laborales. Dedicado desde el año 1995 a la enseñanza Informática, impartiendo cursos a entidades privadas y empresariales, incluyendo a particulares. Monitor avanzado en Redes y comunicaciones.

Epístola de la Iglesia de Esmirna a la de Filomelio Apócrifo

EPÍSTOLA DE LA IGLESIA DE ESMIRNA A LA DE FILOMELIO

(Martirio de Policarpo)

La Iglesia de Dios que reside en Esmirna a la Iglesia de Dios que reside en Filomelio, y a todas las fraternidades de la santa y universal Iglesia que reside en todo lugar, misericordia y paz y amor de Dios el Padre y nuestro Señor Jesucristo os sean multiplicados.

I. Os escribimos, hermanos, un relato de lo que sucedió a los que sufrieron martirio, y en especial al bienaventurado Policarpo, que puso fin a la persecución, habiendo puesto sobre ella, por así decirlo, el sello de su martirio. Porque casi todos los sucesos antes mencionados acaecieron para que el Señor pudiera mostrarnos una vez más un ejemplo de martirio que es conforme al Evangelio. Porque fue demorándolo para que pudiera ser entregado, como hizo el Señor, con miras a que nosotros también pudiéramos ser imitadores suyos, no mirando sólo a lo que nos afecta a nosotros, sino también a lo que afecta a nuestros prójimos. Porque incumbe al amor verdadero y firme no sólo desear ser uno salvado, sino también que lo sean los hermanos.

II. Benditos y nobles son, pues, todos los martirios que tienen lugar según la voluntad de Dios (porque nos corresponde ser muy escrupulosos y asignar a Dios el poder sobre todas las cosas). Porque, ¿quién podría dejar de admirar su nobleza y resistencia paciente y lealtad al Señor, siendo así que cuando eran desgarrados por los azotes, de modo que el interior de su carne quedaba visible incluso hasta las venas y arterias de dentro, lo soportaban con paciencia, de modo que los mismos que lo contemplaban tenían compasión y lloraban; en tanto que ellos mismos alcanzaban un grado tal de valor que ninguno de ellos lanzó un grito o un gemido, mostrándonos con ello a todos que en aquella hora los mártires de Cristo que eran torturados estaban ausentes de la carne, o, mejor dicho, que el Señor estaba presente y en comunión con ellos? Y prestando atención a la gracia de Cristo, despreciaban las torturas del mundo, comprando al coste de una hora el ser librados de un castigo eterno. Y hallaron que el fuego de sus inhumanos verdugos era frío: porque tenían puestos los ojos en el hecho de ser librados del fuego eterno que nunca se apaga; en tanto que los ojos de sus corazones contemplaban las buenas cosas que están reservadas para aquellos que soportan con paciencia cosas que no oyó ningún oído o ha visto ojo alguno, y que nunca han entrado en el corazón del hombre, pero que les fueron mostradas a ellos porque ya no eran hombres, sino ángeles. Y de la misma manera también los que fueron condenados a las fieras soportaron castigos espantosos, ya que les hicieron echar sobre conchas aguzadas y sufrir otras formas de torturas diversas, para que el diablo pudiera conseguir que se retractaran, de ser posible, por la persistencia del castigo; pues el diablo intentó muchas añagazas contra ellos.

III. Pero, gracias a Dios, El prevaleció contra todo. Porque el noble Germánico animó la pusilanimidad de ellos por medio de la constancia que había en él; y luché con las fieras en una forma destacada. Porque cuando el procónsul deseaba prevalecer sobre él y le mandó que tuviera compasión de su juventud, él, haciendo uso de violencia, arrastró a la fiera hacia él, deseando conseguir más rápidamente ser librado de su vida injusta y arbitraria. De modo que después de esto la multitud, asombrada del valor de los cristianos amados de Dios y temerosos de Dios, levantó un clamor: «Fuera los ateos; que vayan a buscar a Policarpo.»

IV. Pero un hombre, que se llamaba Quinto, un frigio llegado recientemente de Frigia, cuando vio las fieras se acobardó. Fue él que se había forzado a sí mismo y a otros a presentarse por su propia y libre voluntad. De éste el procónsul, con muchos ruegos, consiguió que hiciera el juramento y ofreciera incienso. Por esta causa, pues, hermanos, no alabamos a los que se entregan ellos mismos, puesto que el Evangelio no nos enseña esto.

V. Ahora bien, el glorioso Policarpo, al principio, cuando lo oyó, lejos de desanimarse, tenía deseos de permanecer en la ciudad; pero la mayoría le persuadieron a que se retirara. Así que se retiró a una casa de campo no lejos de la ciudad; y allí se quedó con unos pocos compañeros, no haciendo otra cosa noche y día que orar por todos los hombres y por las iglesias por todo el mundo; porque ésta era su costumbre constante. Y mientras estaba orando tuvo una visión tres días antes de su captura; y vio que su almohada estaba ardiendo. Y se volvió y dijo a los que estaban con él: «Es menester que sea quemado vivo.»

VI. Y como los que le estaban buscando persistían, él se fue a otra casa de campo; y al poco llegaron allí los que le buscaban, y como no le hallaron, echaron mano de dos muchachos esclavos, uno de los cuales confesó bajo tortura; porque le era imposible permanecer escondido cuando las mismas personas que le habían delatado eran gente de su propia casa. Y el capitán de los gendarmes, que resulté precisamente llamarse Herodes, tenía muchos deseos de llevarle al estadio. (Esto sucedió para que pudiera cumplir su suerte designada, o sea, el ser hecho participante con Cristo, en tanto que ellos —los que le traicionaban— sufrían el mismo castigo de Judas.

VII. Así que llevándose al muchacho con ellos, en viernes, hacia la hora de la cena, los gendarmes y jinetes se dirigieron con sus armas acostumbradas, apresurándose como contra un ladrón. Y llegando todos ellos tarde al anochecer, hallaron al hombre echado en cama en un aposento alto de cierta cabaña; y aunque él podría haberse ido a otro lugar, no quiso, diciendo: Sea hecha la voluntad de Dios. Así que cuando oyó que venían, se dirigió hacia abajo y conversó con ellos, en tanto que los presentes se maravillaban de su edad y de su constancia, preguntándose cómo podía haber tanta ansia para aprehender a un anciano como él. Con lo cual, inmediatamente dio orden de que se dispusiera una mesa para ellos, para que comieran y bebieran en aquella hora tanto como desearan. Y les persuadió a concederle una hora para que pudiera orar sin ser molestado; y cuando ellos consintieron, él se levantó y oró, estando tan lleno de la gracia de Dios, que durante dos horas no pudo callar, y todos los que le oían estaban asombrados, y muchos se arrepentían de haber acudido contra un anciano tan venerable.

VIII. Pero cuando finalmente puso fin a su oración, después de recordar a todos los que en. un momento u otro habían estado en contacto con él, pequeños y grandes, altos y bajos, y a toda la Iglesia universal por todo el mundo, llegó la hora de partir, y le sentaron sobre un asno y le llevaron a la ciudad, y era un gran sábado. Y fue recibido por Herodes, el capitán de la policía y por su padre Nicetes, los cuales le hicieron bajar de su montura y subir a su carruaje, y procuraron convencerle, sentándose ellos a su lado y diciéndole: «~,Qué mal hay en decir César es Señor, y en ofrecerle incienso», añadiendo a esto «y con ello salvarte?» Pero él al principio no les dio respuesta. Sin embargo, cuando ellos persistieron, les dijo: «No voy a hacer lo que me aconsejáis.» Entonces ellos, viendo que no podían persuadirle, hicieron uso de amenazas y le hicieron bajar rápidamente, de modo que se hirió en la espinilla cuando bajaba del carruaje. Y sin volverse tan sólo, siguió su camino al punto y rápidamente, como si nada le hubiera sucedido, y fue llevado al estadio; y había en el estadio un tumulto tal que no era posible oír la voz de ninguno al hablar.

IX. Pero cuando Policarpo entró en el estadio le llegó una voz del cielo: «Mantente firme, Policarpo, y sé un hombre.» Y nadie vio al que hablaba, pero los que son de los nuestros que estaban presentes oyeron la voz. Y al final, cuando fue traído, hubo un gran tumulto, porque oyeron que habían capturado a Policarpo. Así pues, cuando lo presentaron delante del procónsul, éste inquirió si él era el hombre. Y al confesar que lo era, intentó persuadirle a que se retractara, diciendo: «Ten respeto a tu edad», y otras cosas apropiadas, como acostumbran decir: «Jura por el genio de César; y retráctate y di: Fuera los ateos.» Entonces Policarpo, con mirada solemne, contemplé toda la multitud de paganos impíos que había en el estadio, y les hizo señas con la mano; y gimiendo y mirando al cielo, dijo: «Fuera los ateos.» Pero cuando el magistrado insistió y le dijo: «Jura, y te soltaré; insulta a Cristo», Policarpo dijo: «Durante ochenta y seis años he sido su siervo, y no me ha hecho mal alguno. ¿Cómo puedo ahora blasfemar de mi Rey que me ha salvado?»

X. Pero cuando el procónsul persistió diciendo: «Jura por el genio del César», él contestó: «Si supones, en vano, que voy a jurar por el genio del César, como dices, y haces ver que no sabes quién soy, te lo diré claramente: soy cristiano. Pero si quieres aprender la doctrina del Cristianismo, señala un día y escúchame.» El procónsul dijo: «Convence al pueblo.» Pero Policarpo contestó: «En cuanto a ti, he considerado que eres digno de hablarte; porque se nos ha enseñado a rendir honor como es debido a los príncipes y autoridades designadas por Dios, salvo que no sea en nuestro perjuicio; pero en cuanto a éstos, no los considero dignos de que tenga que defenderme delante de ellos.»

XI. Ante lo cual el procónsul dijo: «Tengo fieras aquí y te echaré a ellas como no te retractes.» Pero él dijo: «Que las traigan; porque el arrepentirse de lo mejor a lo peor es un cambio que no nos es permitido; pero es noble el cambiar de lo perverso a lo justo.» Entonces le dijo: «Haré que ardas con fuego si desprecias las fieras, como no te arrepientas.» Pero Policarpo dijo: «Tú me amenazas con fuego que arde un rato y después se apaga; pero no sabes nada del fuego del juicio futuro y del castigo eterno, que está reservado a los impíos. ¿Por qué te demoras? Haz lo que quieras.»

XII. Diciendo estas y otras cosas, iba llenándose de valor y gozo, y su rostro se henchía de gracia, de modo que no sólo no se desmayó ante las cosas que le decían, sino que, al contrario, el procónsul estaba asombrado y envió a su propio heraldo a proclamar tres veces en medio del estadio: «Policarpo ha confesado que es un cristiano.» cuando el heraldo hubo proclamado esto, toda la multitud, tanto de gentiles como de judíos que vivían en Esmirna, clamó con ira incontenible y grandes gritos: «Éste es el maestro de Asia, el padre de los cristianos, el que derriba nuestros dioses y enseña a muchos a no sacrificar ni adorar.» Diciendo estas cosas, a grandes gritos pidieron al asiarca Felipe que soltara un león a Policarpo. Pero él dijo que no podía hacerlo legalmente, puesto que ya había dado por terminados los juegos. Entonces ellos decidieron gritar unánimes que Policarpo debía ser quemado vivo. Porque era menester que se cumpliera la visión que se le había mostrado con respecto a su almohada, cuando la vio ardiendo mientras oraba, y volviéndose dijo a los fieles que estaban con él: «Es menester que sea quemado vivo.»

XIII. Estas cosas sucedieron rápidamente, más aprisa de lo que pueden contar las palabras, y la multitud empezó a recoger en obradores y baños leña y haces, y los judíos en especial ayudaron, según acostumbran. Pero cuando estuvo listo el montón de leíia, él mismo se quitó las prendas externas y se soltó la faja, esforzándose también en quitarse los zapatos, aunque no tenía la costumbre de hacerlo antes, porque todos los fieles en todo momento se esforzaban por quién tocaría antes su carne. Porque había sido tratado con todo honor toda su vida, incluso antes de que le salieran canas. Al punto, los instrumentos que estaban preparados para la hoguera fueron colocados a su alrededor; y como iban también a clavarle a la estaca, él dijo: «Dejadme como estoy; puesto que El me ha concedido que pueda resistir el fuego, también me concederá que pueda permanecer inmóvil en la hoguera, sin tener que ser sujetado por los clavos.»

XIV. Y ellos no le clavaron, pero le amarraron. Entonces él, colocando las manos detrás y amarrado a la estaca como un noble cordero del gran rebaño para ser como una ofrenda, un holocausto preparado y aceptable a Dios, mirando al cielo dijo: «Oh Señor Dios Todopoderoso, Padre de tu amado y bendito Hijo Jesucristo, por medio del cual hemos recibido conocimiento de Ti, el Dios de ángeles y poderes, y de toda creación y de toda la raza de los justos, que viven en tu presencia; te bendigo porque me has concedido este día y hora para que pueda recibir una porción entre el número de los mártires en la copa de [tu] Cristo en la resurrección de vida eterna, tanto del alma como del cuerpo, en la incorruptibilidad del Espíritu Santo. Que pueda ser recibido con ellos en tu presencia este día, como un sacrificio rico y aceptable, que Tú has preparado y revelado de antemano, y has realizado, Tú que eres el Dios fiel y verdadero. Por esta causa, sí, y por todas las cosas, te alabo, y bendigo, y glorifico, por medio del Sumo Sacerdote eterno y celestial, Jesucristo, tu Hijo amado, por medio del cual, con El y el Espíritu Santo, sea gloria ahora y [siempre] y por todos los siglos. Amén.»

XV. Cuando hubo ofrecido el Amén y terminado su oración, el verdugo encendió el fuego. Y cuando surgió la llama poderosa, todos los que pudimos verlo, contemplamos un portento, sí, y fuimos preservados para que pudiéramos referir al resto lo que había sucedido. El fuego, formando la apariencia de una bóveda, como la vela de un navío llenada por el viento, formé una pared alrededor del cuerpo del mártir; y estaba allí en medio, no como carne quemándose, sino como [un pan en el horno o como] oro y plata refinados en un horno. Porque percibimos un olor fragante, como si desprendiera olor de incienso o de algún bálsamo precioso.

XVI. Así que, finalmente, los impíos, viendo que su cuerpo no podía ser consumido por el fuego, ordenaron al verdugo que fuera y le apuñalara con una daga. Y cuando lo hubo hecho, salió [una paloma y] una cantidad de sangre tal que extinguió el fuego; y toda la multitud se maravillé de que hubiera una diferencia tan grande entre los incrédulos y los elegidos. En el número de éstos estaba este hombre, el glorioso mártir Policarpo, que fue un maestro apostólico y profético en nuestros propios días, un obispo de la santa Iglesia que está en Esmirna. Porque cada palabra que pronunció su boca se cumplió o bien se cumplirá.

XVII. Pero el Maligno, celoso y envidioso, el adversario de la familia de los justos, habiendo visto la grandeza de su martirio y lo intachable de su vida desde el principio, y cómo fue coronado con la corona de la inmortalidad, y hubo ganado un premio que nadie puede desmentir, se las arregló para que ni aun su pobre cuerpo fuera sacado y llevado por nosotros, aunque muchos deseaban hacerlo y tocar su carne santa. Así que hizo salir a Nicetes, el padre de Herodes y hermano de Alce, para rogar al magistrado que no entregara su cuerpo, según se dijo: «para que no abandonen al crucificado y empiecen a adorar a este hombre»; lo cual fue hecho por instigación y ruego apremiante de los judíos, que también vigilaban cuando iban a sacarle del fuego, no sabiendo que será imposible que nosotros abandonemos en este tiempo al Cristo que sufrió por la salvación de todo el mundo de los que son salvos —sufriendo por los pecadores siendo El inocente—, ni adorar a otro. Porque a Él, siendo el Hijo de Dios, le adoramos, pero a los mártires, como discípulos e imitadores del Señor, los respetamos y queremos como merecen, por su afecto incomparable hacia su propio Rey y Maestro. Que nuestra suerte sea también ser hallados copartícipes y condiscípulos de ellos.

XVIII. El centurión, pues, viendo la oposición levantada por parte de los judíos, le puso en medio y lo quemó según su costumbre. Y así nosotros, después, recogimos sus huesos, que son mucho más valiosos que piedras preciosas y que oro refinado, y los pusimos en un lugar apropiado; donde el Señor nos permitirá congregarnos, según podamos, en gozo y alegría, y celebrar el aniversario de su martirio para la conmemoración de todos los que ya han luchado en la contienda y para la enseñanza y preparación de los que han de hacerlo más adelante.

XIX. Así ha sucedido que el bienaventurado Policarpo, habiendo recibido el martirio en Esmirna con los de Filadelfia —doce en conjunto—, es recordado de modo especial más que los otros por todos, de manera que se habla de él incluso entre los paganos en todas partes; porque mostró no sólo que era un maestro notable, sino también un mártir distinguido, cuyo martirio todos desean imitar, viendo que fue según el modelo del Evangelio de Cristo. Habiendo vencido con su sufrimiento al gobernante injusto en el conflicto y recibido la corona de la inmortalidad, se regocija en la compañía de los apóstoles y de los justos, y glorifica al Dios y Padre Todopoderoso, y bendice a nuestro Señor Jesucristo, el salvador de nuestras almas y piloto de nuestros cuerpos y pastor de la Iglesia universal que se halla por todo el mundo.

XX. En verdad pedisteis que se os mostraran en gran detalle todas las cosas que han sucedido; pero nosotros, hasta aquí, os hemos mostrado cómo fue en un sumario por medio de nuestro hermano Marciano. Cuando os hayáis enterado de estas cosas, enviad la carta también a otros hermanos que están más lejos, para que ellos también puedan glorificar al Señor, que elige entre sus propios siervos. Ahora, al que es poderoso para traernos a todos por su gracia y bondad a su reino eterno, por medio de su Hijo unigénito Jesucristo, sea gloria, honor, poder y grandeza para siempre. Saludad a todos los santos. Los que están con nosotros os saludan, y Evaresto, que escribió esta carta, con toda su casa.

XXI. El bienaventurado Policarpo sufrió el martirio el segundo día de la primera parte del mes Xanticus, el séptimo día antes de las calendas de marzo, en un gran sábado, a la hora octava. Fue capturado por Herodes, cuando Felipe de Tralles era sumo sacerdote, en el proconsulado de Statius Quadratus, pero en el reino del Rey eterno Jesucristo. Al cual sea la gloria, honor, grandeza y trono eterno, de generación en generación. Amén.

XXII. (1) Que Dios os sea propicio, hermanos, en tanto que andáis en la palabra de Jesucristo que es según el Evangelio; con quien sea la gloria de Dios para salvación de sus santos elegidos; así como el bienaventurado Policarpo sufrió el martirio, en cuyas pisadas sea nuestra suene para ser hallados en el reino de Jesucristo.

(2) Este relato Gayo lo copió de los papeles de Ireneo, un discípulo de Policarpo. Este mismo vivió también con Ireneo.

(3) Y yo Sócrates los escribí en Corinto de la copia de Gayo. La gracia sea con todos los hombres.

(4) Y yo Pionio lo escribí de nuevo de la copia antes mencionada, habiéndola buscado (según el bienaventurado Policarpo me mostró en una revelación, como declararé en la secuela), recogiéndola y juntándola cuando ya estaba casi desgastada por la edad, para que el Señor Jesucristo pueda recogerme también a mí con sus elegidos en su reino celestial; al cual sea la gloria con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Los tres párrafos precedentes según se hallan en el manuscrito de Moscú

(2) Este relato lo copió Gayo de los papeles de Ireneo. Este vivió con Ireneo, que había sido un discípulo del santo Policarpo. Porque este Ireneo, estando en Roma al tiempo del martirio del obispo Policarpo, instruyó a muchos; y hay en circulación muchos tratados ortodoxos y muy excelentes que son suyos. En éstos hace mención de Policarpo, diciendo que le había enseñado a él. Y fue capaz de refutar toda herejía y entregar la regla católica de la Iglesia tal como la había recibido del santo. Menciona este hecho también: que cuando Marción, según el cual son llamados los marcionitas, se encontró con el santo Policarpo en una ocasión, y dijo: «Te reconozco, Policarpo», él respondió a Marción: «Ciertamente, te reconozco como el primogénito de Satanás.» La afirmación siguiente se hace también en los escritos de Ireneo: que en el mismo día y hora en que Policarpo era martirizado en Esmirna, Ireneo, estando en la ciudad de Roma, oyó una voz como de una trompeta que decía: «Policarpo está sufriendo el martirio.»

(3) De estos papeles de Ireneo, pues, como ya se ha afirmado, Gayo hizo una copia, y de la copia de Gayo, Isócrates hizo otra en Corinto.

(4) Y yo Pionio de nuevo escribo la copia de Isócrates, habiéndola buscado en obediencia a una revelación del santo Policarpo, juntándola, cuando ya estaba casi desgastada por los años, para que el Señor Jesucristo pueda recogerme también a mí con sus elegidos en su reino celestial; a quien sea la gloria con el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo para siempre jamás. Amén.

Fuente: Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE www.clie.es

Transcrito:


AGUILAR PEDRERA CRISTOBAL (246)

Programador de Sistemas de Alto nivel, Monitor Experto para cursos de Formación Profesional Ocupacional y Monitor de para cursos de Fundaciones Laborales. Dedicado desde el año 1995 a la enseñanza Informática, impartiendo cursos a entidades privadas y empresariales, incluyendo a particulares. Monitor avanzado en Redes y comunicaciones.

Papa Francisco canoniza dos nuevos Santos en Fátima

La Iglesia Católica cuenta con dos nuevos santos: Francisco y Jacinta Marto (antes beatos), son dos de los tres personajes que protagonizaron hace ahora 100 años las Apariciones de Fátima.

Los dos fallecieron víctimas de una gripe, en 1919 a Francisco (tenía solo 10 años) y en 1920 a Jacinta. A esta importante ceremonia han llegado más de millón de peregrinos de todas las partes del mundo.  El Papa Francisco protagonizo una larga oración en silencio, que conmociono a los presentes.

Todos conocemos la historia de las apariciones de Fátima, por lo que no parece interesante recordarlas ahora, no obstante os dejo esta dirección: http://www.corazones.org/maria/fatima/apariciones_nuestra_senora_fatima.html .

Destacar también la presencia de un hermano musulmán que visitaba Fátima, para pedir a la Virgen por sus hijos y familia a la par que pedir el entendimiento entre las dos religiones.

En Fátima el Papa ha aprovechado para hacer un llamamiento a la Paz, sabiendo que Fátima es un nombre también venerado por la religión Islámica (por la hija del profeta Mahoma que se llamaba así) y por tanto se le tiene respeto. Ha presentado con su visita a Fátima, como lugar de reencuentro y de paz, como objeto de misericordia, y en ningún momento, se ha empleado en recordar la mano justiciera de Dios, los pecados del infierno, y ha querido desterrar la “imagen” que ha tenido de conservadora y apocalíptica si se quiere.

En otras palabras en esta visita corta, el Papa ha dejado “huella” y ha imprimido el sello de la Misericordia, presentando a la Virgen una vez más como puerta de esta misericordia que viene del Padre a través de su Hijo Jesucristo, que ella anuncia y proclama.

En una palabra ha sido un lugar y momento para proclamar la paz en el mundo (todos recordamos las continuas injerencias de corea del Norte y su programa armamentístico y la continua escalada mundial que nos recuerda a la antigua guerra fría. A mi particularmente me ha hecho recordar la Pacem in terris (11 de abril de 1963) del tan querido Papa Juan XXIII.

Este Papa nos tiene acostumbrados a “vender” algo siempre y en toda ocasión, ojala esta vez, la venta de la paz y de la misericordia, tenga mejor oferta y demanda.

Hechos de Pedro y los doce Apóstoles – Apócrifo

Os traigo en esta ocasión los Hechos de Pedro y de los doce Apóstoles, es un apócrifo encontrado en Nag Hammadi. Espero que os guste es un texto de gran riqueza.

 

HECHOS DE PEDRO Y LOS DOCE APÓSTOLESIntroducción

1 […] nos hicimos a la mar. Nos sentíamos unidos en nuestros corazones. Estábamos todos dispuestos a ejecutar el ministerio que el Señor nos había encargado, y llegamos a un acuerdo entre nosotros. Bajamos al mar en un momento oportuno, dispuesto por el Señor. Encontramos un navío fondeado en la costa preparado para partir, y hablamos con los marineros si podríamos embarcarnos con ellos. Mostraron con nosotros una gran amabilidad, según lo dispuesto por el Señor. Y ocurrió que cuando partimos, navegamos un día y una noche. Luego sopló sobre la nave un viento contrario que nos arrastró hacia una pequeña ciudad (en una isla) situada en medio del mar. Yo, Pedro, pregunté el nombre de la ciudad a algunas personas del lugar que se hallaban en el muelle.

2 Nos respondió [un hombre] de aquellos [y nos dijo el nombre] de la ciudad que era [«Inhabitación»], es decir, «Fundamento» […] paciencia. Su alcalde se hallaba [en el muelle, portando] una palma (en la mano). Y ocurrió que cuando desembarcamos en tierra [con] el equipaje, entré en la ciudad buscando [consejo?] sobre un alojamiento.

Primer encuentro con Litargoel

Salió un hombre que llevaba una vestidura ceñida sobre sus lomos y un cinturón dorado que la ajustaba. (Llevaba) un blanco sudario recogido alrededor del pecho, que le llegaba hasta los hombros y que cubría su cabeza y sus manos. Yo contemplaba a ese hombre porque era hermoso en su forma y figura. Cuatro zonas de su cuerpo miraba: las plantas de sus pies, una parte de su pecho, las palmas de sus manos y su rostro. Esto es lo que pude ver. Había en su mano izquierda una caja de las que suelen emplearse para libros y un bastón de estoraque en su derecha. Su voz resonaba pausadamente mientras gritaba en el ciudad: «Perlas, perlas». Yo pensé que era un habitante de aquella villa. Le hablé así: —Hermano mío y compañero.

3 Me respondió:  —[Bie]n has dicho «[hermano] mío [y c]ompañero». ¿Qué [deseas] de mí?.

Le respondí: —[Busco] un alojamiento para mí [y] para mis hermanos, ya que somos forasteros.

Añadió: —Por eso también yo me he apresurado a decir  «hermano mío y compañero», porque soy un extranjero como tú.

Cuando hubo dicho estas palabras, gritó: —Perlas, perlas.

Oyeron su voz los ricos de aquella ciudad. (Unos) salieron de sus habitaciones más ocultas; otros, por el contrario, lo contemplaron desde las habitaciones de sus casas; y otros miraban desde las ventanas superiores. Pero vieron que no (podían conseguir) nada de él, porque no llevaba alforja ninguna sobre sus espaldas, ni envoltorio ninguno entre su vestidura o sudario. A causa de su desprecio ni siquiera le preguntaron, y él, por su parte, no se reveló a ellos. Los ricos se volvieron a sus aposentos mientras decían: «Éste se burla de nosotros».

4 Los pobres [de la ciudad] escucharon [su voz, y salieron hacia] el hombre que [vendía las perlas. Le dijeron]: —Por favor, [muéstranos una] perla, para que al menos [podamos verla] con nuestros ojos, ya que somos [pobres], y no tenemos el dinero de su precio para entregártelo. [Enséñanosla], sin embargo, para que podamos decir a nuestros camaradas que [hemos visto] una perla con nuestros propios ojos.

Les respondió así: —Si os es posible, venid a mi ciudad. No sólo la mostraré ante vuestros ojos, sino que os la daré de balde.

Los pobres de aquella ciudad escucharon sus palabras y replicaron: —Puesto que somos mendigos, sabemos que nadie acostumbra a regalar una perla a los mendigos, quienes suelen recibir alimentos y calderilla. Ahora bien, lo que deseamos obtener de tu bondad es que nos muestres la perla ante nuestros ojos. Así podremos decir con orgullo a nuestros camaradas: «Hemos visto una perla con nuestros ojos», ya que (tal cosa) no sucede entre los pobres, especialmente mendigos (como nosotros).

Viaje de Pedro y sus compañeros a la ciudad de Litargoel

Les respondió así:  —Si os es posible, venid a mi ciudad. No sólo os enseñaré la perla, sino que os la daré de balde.

Los pobres y los mendigos se alegraron a causa de 5 el [dadivoso] mercader. [Los hombres] (de la ciudad) [preguntaron a Pedro] sobre las penalidades [del camino]. Pe[dr]o respondió [contándoles] lo que habían oído de [las dificultades] del camino, puesto que [experimentarán?] (esas) penalidades en su ministerio. (Luego) dijo (Pedro) al hombre que vendía la perla: —Deseo conocer tu nombre y las penalidades del camino hasta tu ciudad, porque somos forasteros y siervos de Dios, y nos es necesario extender la palabra de Dios en toda ciudad pacíficamente.

Respondió así (el vendedor de perlas): —Si preguntas por mi nombre, es Litargoel, que significa «piedra liviana (que brilla como los ojos de) una gacela». Y la vía hacia la ciudad sobre la que me has preguntado, te la mostraré (también). Cualquier hombre no puede ir por ese camino, salvo el que haya renunciado a todo lo que posee, y ayune diariamente de estación en estación. Porque son numerosos los ladrones y las fieras salvajes en esa vía. Al que lleva pan consigo para el camino, perros negros lo devoran a causa de ese pan. El que lleva un vestido precioso de este mundo lo matan los ladrones 6 [a causa del] vestido. [Al que lleva] agua [lo destrozan] los lobos [por el agua], ya que tienen sed. [Al que] se preocupa de la [carne] y las verduras, lo desgarran loe leo[nes] a causa de la carne. [Si] escapa de los leones, lo cornean los toros a causa de las verduras.

Cuando terminó de decirme [estas] cosas, suspiré en mi interior diciendo: «¡Qué grandes son las penalidades del camino! ¡Ojalá nos diera Jesús fuerza para caminar por él!».

Me miró mientras suspiraba y se entristecía mi rostro. Me dijo: —¿Por qué suspiras si conoces ese nombre, «Jesús», y crees en él? Él es el Gran Poder y lo concede. Porque yo también creo en el Padre que lo envió.

Volví a preguntarle: —¿Cuál es el nombre del lugar al que te vas, tu ciudad?

Me respondió: —El nombre de mi ciudad es «Nueve Puertas». Alabemos a Dios mientras nos ejercitamos pensando que la décima es la cabeza.

Dspués de esto me aparté de él en paz para llamar a mis compañeros. (Entonces) vi unas olas, y grandes y elevados muros que rodeaban los límites de la ciudad. Me admiré de las grandezas que vi. Y observé a un anciano que estaba sentado. Le pregunté el nombre de la ciudad, si en verdad (su nombre) era 7 «Inhabi[tación»] […]. Me dijo: —[Has dicho] verdad, pues [habitamos] aquí, porque soportamos con paciencia.

[Respondí] así: —Justamente […] los hombres la han llamado […] porque las ciudades son habitadas por quienes soportan con paciencia sus tentaciones. Un reino noble saldrá de ellas, pues resisten en medio de las olas y de las angustias de las tormentas. De modo que la ciudad de aquellos que soportan el peso del yugo de la fe será habitada. Y él, (cada uno de sus habitantes), será computado en el reino de los cielos.

Transición a la segunda narración

Me marché apresuradamente y llamé a mis compañeros para entrar en la ciudad de la que nos había hablado Litargoel. Ligados por la fe, abandonamos todas las cosas como él nos había dicho. Nos libramos de los ladrones, puesto que no encontraron sus vestiduras sobre nosotros. Nos escapamos de los lobos, porque no hallaron en nosotros el agua de la que estaban sedientos. Nos libramos de los leones, porque no encontraron en nosotros el deseo de carne. 8 [Nos escapamos de los perros] y de [los toros, porque no encontraron ni pan] ni verduras. [Sentimos una] gran alegría, [con] (ausencia) de preocupaciones en la paz de nuestro Señor. Tomamos un poco de descanso ante la puerta y comentamos entre nosotros cosas que no suponían distracción en este mundo, sino una práctica continuada de la fe.

Segundo encuentro con Litargoel

Mientras hablábamos de los ladrones del camino, de quienes habíamos escapado, he aquí que salió Litargoel. Se había transformado ante nosotros y había tomado la apariencia de un médico. Llevaba bajo su brazo un ungüento de nardo medicinal, y un discípulo le seguía portando una cajita llena de medicinas. Nosotros no lo reconocimos. Pedro respondió y le dijo: —Nos gustaría que nos hicieras un favor, ya que somos extranjeros. Condúcenos a la casa de Litargoel antes de que se haga tarde.

Nos respondió: —Os la mostraré con rectitud de corazón. Pero me admira que conozcáis a ese hombre bueno, pues no se revela a cualquiera, ya que es el hijo de un gran rey. Descansad un poco mientras voy, curo a ese hombre y vengo (de nuevo).

Se dio prisa y volvió 9 rápidamente. (El hombre) dijo a Pedro: —Pedro.

Éste se atemorizó (preguntándose) cómo había llegado a saber que su nombre era Pedro. Pedro respondió al Salvador: —¿De dónde me conoces, puesto que has pronunciado mi nombre?

Respondió Litargoel: —Deseo preguntarte quién te ha dado el nombre de Pedro.

Díjole él: —Jesús, el Cristo, el hijo del Dios viviente, Él me dio este nombre.

Respondió (Litargoel) con estas palabras: —Yo soy (ese). Reconóceme, Pedro.

Desanudó el vestido que le cubría, con el que se había disfrazado ante nosotros, y se nos reveló en verdad como era él. Nos postramos en tierra y lo adoramos nosotros, los once apóstoles. Extendió su mano, nos hizo levantar (y) hablamos con él humildemente. Mientras nuestras cabezas estaban inclinadas hacia el suelo con respeto, le dijimos: —¿Qué quieres que hagamos? Mas otórganos la fuerza para que cumplamos tu voluntad en todo momento.

Él (Jesús) les entregó el ungüento de nardo curativo y la cajita que estaba en las manos del dicípulo, y les impartió la orden 10 siguiente: —Volved a la ciudad de la que habéis salido que es llamada «Inhabitación». Continuad enseñando pacientemente a los que han creído en mi nombre, puesto que yo he tenido paciencia en los sufrimientos de la fe. Yo os otorgaré vuestra recompensa. Dad a los pobres de la ciudad lo que necesiten para que vivan de ello, hasta que yo les dé lo que es superior, lo que os dije que os iba a dar de balde.

Pedro respondió con estas palabras: —Señor, Tú nos has enseñado a renunciar al mundo y a lo que en él hay. Hemos dejado todo por ti. Nos preocupamos (ahora solamente) del alimento de cada día. ¿Dónde podremos encontrar las cosas necesarias que nos pides entregar a los pobres?

El Señor respondió con estas palabras: —¡Oh Pedro!, era necesario que comprendieras la parábola que te he contado. ¿No sabes tú que mi nombre, que tú enseñas, es más valioso que cualquier riqueza y que la sabiduría de Dios es superior al oro, la plata y las piedras preciosas?

La misión universal

Les entregó (la cajita con) los remedios medicinales y les dijo (de nuevo): —Curad a todos los enfermos de la ciudad que han creído 11 [en] mi nombre.

Pedro tuvo miedo de responderle por segunda vez. Se dirigió al que estaba a su lado, que era Juan, (y le dijo): —Habla tú esta vez.

Juan respondió con estas palabras: —Señor: tenemos miedo de pronunciar ante ti multitud de palabras. Pero eres tú el que nos exige que practiquemos esta técnica, aunque nadie nos ha instruido para ser médicos. ¿Cómo, pues, sabremos curar los cuerpos, como tú nos has ordenado?

Le respondió (Jesús): —Has hablado bien, Juan, pues yo sé que los médicos de este mundo acostumbran a curar (las enfermedades) que pertenecen al mundo. (Pero) los médicos del alma sanan los corazones. Curad, pues, los cuerpos primero, de modo que gracias a la potencia curativa que hay en vosotros para curación de los cuerpos sin medicinas de este mundo puedan creer que os es posible también sanar las enfermedades del corazón. Con los ricos de la ciudad, (sin embargo,) esos que no consideran digno saber de mí, sino que se regocijan en su riqueza y en su orgullo, con ésos, pues, 12 no comáis en [sus] casas, ni os amiguéis con ellos, no sea que os hagan partícipes de su parcialidad. Pues muchos toman partido por los ricos en las iglesias, porque son pecadores (también) y proporcionan la ocasión a otros hombres de hacer (lo mismo). Mas vosotros juzgadlos con sabiduría, de modo que vuestro ministerio sea glorificado, y para que Yo y mi nombre sean glorificados también en las iglesias.

Los discípulos respondieron así: —Sí. En verdad esto es lo que conviene hacer.

Se postraron en tiera y lo adoraron. (Pero) él los hizo levantar y se apartó de ellos en paz. Amén.

Hechos de Pedro y los Doce Apóstoles.

Fuente: Textos Gnósticos – Biblioteca Nag Hammadi II, por Antonio Piñero. Editorial Trotta www.trotta.es

Nota: la numeración corresponde a las páginas del manuscrito

Transcrito: Cristóbal Aguilar

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Lista de Papas de la Iglesia Católica

Este artículo inicia un nuevo apartado en el sitio, en donde poco a poco iremos comentando la vida de los que han ostentado desde Pedro hasta nuestros días las llamadas “sandalías del pescador”. Incluiremos sus vidas resumidas, anécdotas y si esta diponible alguna foto del Santo Padre citado. Algunos autores entre los que se encuentran varios anónimos dicen basarse en ciertos pasajes de los evangelios, en los que se ve claramente como Jesús “pone a la cabeza” de los demas apóstoles a Pedro, como sucesor de Él en la tierra. Para ello podemos citar: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque ni la carne ni la sangre te ha revelado esto, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y yo te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que atares en la tierra, atado será también en los cielos, y todo lo que desatares en la tierra, será también desatado en los cielos (Mateo 16. 17-19).

En resumídas cuentas existen varios documentos de historiadores que además no eran cristianos, como Flavio Josefo y otros romanos que comentan en sus escritos varios temas haciendo referencia a varios asuntos que dan a entender la primacía de Pedro en la comunidad de Jerusalén.

La Iglesia, como sociedad en este mundo, necesita una cabeza visible, y ésta es Pedro o el Papa, su sucesor, desde el momento que Jesús subio al cielo.

CATALOGO DE LOS PAPAS

Hacía el año 170, Hegesipo, convertido del judaismo a la fe cristiana, vino a instruirse a Roma, y dice que en todas las ciudades por las que pasó preguntó a los obispos y encontró que en todas las Iglesias era la creencia tal como la Ley, los profetas y el Señor la han enseñado, e hizo un catálogo de los obispos de Roma desde San Pedro hasta el Papa Eleuterio (Eusebio Hist. Ecles. I, 4 c. 22).

La lista más antigua que conocemos de los Papas se remonta a los tiempos de dicho Papa Eleuterio (175-189), y en él se pone la lista de ellos desde los primeros años de la Iglesia: Pedro, Lino, Anacleto, Clemente, Evaristo, etc… La lista empieza por San Pedro y la confirman Ireneo, Tertuliano, Epifanio, San Agustín y otros muchos. Desde Pedro al actual Papa Francisco ha habido 266 Papas que han gobernado la Iglesia de Jesucristo (Católica) como Vicarios suyos.

NOMBRE                                                                  ORIGEN                                        AÑOS PONTIFICADO

S.Pedro Galilea Mártir en 64 ó 67
S.Lino Toscana 68-79
S.Anacleto o Cleto Roma 80-92
S.Clemente Roma 92-99 ó 68-76
S.Evaristo Grecia 99 ó 96-108
S.Alejandro I Roma 108 ó 109-116 ó 119
S.Sixto I Roma 117 ó 119-126 ó 128
S.Telesforo Grecia 127 ó 128- 137 ó 138
S.Higinio Grecia 138-142 ó 149
S.Pío I Aquilea 142 ó 146-157 ó 161
S.Aniceto Siria 150 ó 157-153 ó 168
S.Sotero Campania 162 ó 168-170 ó 177
S.Eleuterio Epiro 171 ó 177-185 ó 193
S.Víctor I África 186 ó 189-197 ó 201
S.Ceferino Roma 198-217 ó 218
S.Calixto I Roma 218-222
S.Urbano I Roma 222-230
S.Ponciano Roma 230-235
S.Antero Grecia 235-236
S.Fabian Roma 236-250
S.Cornelio Roma 251-253
S.Lucio I Roma 253-254
S.Esteban I Roma 254-257
S.Sixto II Grecia 257-258
S.Dionisio Desconocido 259-268
S.Félix I Roma 269-274
S.Eutiquiano Luni 275-283
S.Cayo Dalmacia 283-296
S.Marcelino Roma 296-304
S.Marcelo I Roma 306-309
S.Eusebio Grecia 309
S.Melquíades África 311-314
S.Silvestre I Roma 314-335
S.Marcos Roma 336
S.Julio I Roma 337-352
Liberio Roma 352-366
S.Dámaso I Roma 366-384
S.Siricio Roma 384-399
S.Anastasio I Roma 399-401
S.Inocencio I Albano 401-417
S.Zósimo Grecia 417-418
S.Bonifacio I Roma 418-422
S.Celestino I Campania 422-432
S.Sixto III Roma 432-440
S.León I el Magno Toscana 440-461
S.Hilario Cerdeña 461-468
S.Simplicio Tívoli 468-483
S.Félix III o II Roma 483-492
S.Gelasio I África 492-496
Anastasio II Roma 496-498
S.Símmaco Cerdeña 498-514
S.Hormisdas Frosinone 514-523
S.Juan I Toscana 523-526
S.Félix IV o III Samnio 526-530
Bonifacio II Roma 530-532
Juan II Roma 533-535
S.Agapito I Roma 535-536
S.Silverio Frosinone 536-537
Vigilio Roma 537-555
Pelagio I Roma 556-561
Juan III Roma 561-574
Benedicto I Roma 575-579
Pelagio II Roma 579-590
S.Gregorio I el Magno Roma 590-604
Sabiniano Toscana 604-606
Bonifacio III Roma 607
S.Bonifacio IV Abruzos 608-615
S.Adeodato I Roma 615-618
Bonifacio V Nápoles 619-625
Honorio I Campania 625-638
Severino Roma 640
Juan IV Dalmacia 640-642
Teodoro I Jerusalén 642-649
S.Martín I Todi 649-655
S.Eugenio I Roma 654-657
S.Vitaliano Segni 657-672
Adeodato II Roma 672-676
Dono Roma 676-678
S.Agatón Sicilia 678-681
S.León II Sicilia 682-683
S.Benedicto II Roma 684-685
Juan V Siria 685-686
Conón Desconocido 686-687
S.Sergio I Siria 687-701
Juan VI Grecia 701-705
Juan VII Grecia 705-707
Sisinio Siria 708
Constantino Siria 708-715
S.Gregorio II Roma 715-731
S.Gregorio III Siria 731-741
S.Zacarías Grecia 741-752
Esteban II (III) Roma 752-757
S.Pablo I Roma 757-767
Esteban III (IV) Sicilia 768-772
Adriano I Roma 772-795
S.León III Roma 795-816
Esteban IV (V) Roma 816-817
S.Pascual I Roma 817-824
Eugenio II Roma 824-827
Valentín Roma 827
Gregorio IV Roma 827-844
Sergio II Roma 844-847
S.León IV Roma 847-855
Benedicto III Roma 855-858
S.Nicolás I el Magno Roma 858-867
Adriano II Roma 867-872
Juan VIII Roma 872-882
Marino I Toscana 882-884
S.Adriano III Roma 884-885
Esteban V (VI) Roma 885-891
Formoso Desconocido 891-896
Bonifacio VI Roma 896
Esteban VI (VII) Roma 896-897
Romano Toscana 897
Teodoro II Roma 897
Juan IX Tívoli 898-900
Benedicto IV Roma 900-903
León V Ardea 903
Sergio III Roma 904-911
Anastasio III Roma 911-913
Landón Sabina 913-914
Juan X Ímola 914-928
León VI Roma 928
Esteban VII (VIII) Roma 929-931
Juan XI Roma 931-936
León VII Roma 936-939
Esteban VIII (IX) Roma 939-942
Marino II Roma 942-946
Agapito II Roma 946-955
Juan XII Roma 955-964
León VIII Roma 963-965
Benedicto V Roma 964-965
Juan XIII Roma 965-972
Benedicto VI Roma 973-974
Benedicto VII Roma 974-983
Juan XIV Pavia 983-984
Juan XV Roma 985-996
Gregorio V Sajonia 996-999
Silvestre II Aquitania 999-1003
Juan XVII Roma 1003
Juan XVIII Roma 1003-1009
Sergio IV Roma 1009-1012
Benedicto VIII Roma 1012-1024
Juan XIX Roma 1024-1032
Benedicto IX Roma 1032-1044
Silvestre III Roma 1045
Benedicto IX (segunda vuelta) Roma 1045
Gregorio VI Roma 1045-1046
Clemente II Sajonia 1046-1047
Benedicto IX (tercera vuelta) Roma 1047-1048
Dámaso II Tirol 1048
S.León IX Alsacia 1049-1054
Víctor II Alemania 1055-1057
Esteban IX (X) Lorena 1057-1058
Nicolás II Borgoña 1059-1061
Alejandro II Milán 1061-1073
S.Gregorio VII Toscana 1073-1085
B.Víctor III Benevento 1086-1087
B.Urbano II Francia 1088-1099
Pascual II Ravena 1099-1118
Gelasio II Gaeta 1118-1119
Calixto II Borgoña 1119-1124
Honorio II Ímola 1124-1130
Inocencio II Roma 1130-1143
Celestino II Umbría 1143-1144
Lucio II Bolonia 1144-1145
B.Eugenio III Pisa 1145-1153
Anastasio IV Roma 1153-1154
Adriano IV Inglaterra 1154-1159
Alejandro III Siena 1159-1181
Lucio III Lucca 1181-1185
Urbano III Milán 1185-1187
Gregorio VIII Benevento 1187
Clemente III Roma 1187-1191
Celestino III Roma 1191-1198
Inocencio III Roma 1198-1216
Honorio III Roma 1216-1227
Gregorio IX Anagni 1227-1241
Celestino IV Milán 1241
Inocencio IV Génova 1243-1254
Alejandro IV Roma 1254-1261
Urbano IV Francia 1261-1264
Clemente IV Francia 1265-1268
B.Gregorio X Piacenza 1271-1276
B.Inocencio V Saboya 1276
Adriano V Génova 1276
Juan XXI Lisboa 1276-1277
Nicolás III Roma 1277-1280
Martín IV Francia 1281-1285
Honorio IV Roma 1285-1287
Nicolás IV Áscoli 1288-1292
S.Celestino V Molisse 1294
Bonifacio VIII Anagni 1294-1303
B.Benedicto XI Treviso 1303-1304
Clemente V Francia 1305-1314
Juan XXII Francia 1316-1334
Benedicto XII Francia 1334-1342
Clemente VI Francia 1342-1352
Inocencio VI Francia 1352-1362
B.Urbano V Francia 1362-1370
Gregorio XI Francia 1370-1378
Urbano VI Nápoles 1378-1389
Bonifacio IX Nápoles 1389-1404
Inocencio VII Sulmona 1404-1406
Gregorio XII Venecia 1406-1415
Martín V Roma 1417-1431
Eugenio IV Venecia 1431-1447
Nicolás V Sarzana 1447-1455
Calixto III Játiva (España) 1455-1458
Pío II Siena 1458-1464
Pablo II Venecia 1464-1471
Sixto IV Savona 1471-1484
Inocencio VIII Génova 1484-1492
Alejandro VI Játiva (España) 1492-1503
Pío III Siena 1503
Julio II Savona 1503-1513
León X Florencia 1513-1521
Adriano VI Utrech (Holanda) 1522-1523
Clemente VII Florencia 1523-1534
Pablo III Roma 1534-1549
Julio III Roma 1550-1555
Marcelo II Lazio 1555
Pablo IV Nápoles 1555-1559
Pío IV Milán 1559-1565
S.Pío V Alessandría 1566-1572
Gregorio XIII Bolonia 1572-1585
Sixto V Áncona 1585-1590
Urbano VII Roma 1590
Gregorio XIV Cremona 1590-1591
Inocencio IX Bolonia 1591
Clemente VIII Florencia 1592-1605
León XI Florencia 1605
Pablo V Roma 1605-1621
Gregorio XV Bolonia 1621-1623
Urbano VIII Florencia 1623-1644
Inocencio X Roma 1644-1655
Alejandro VII Siena 1655-1667
Clemente IX Pistoia 1667-1669
Clemente X Roma 1670-1676
B.Inocencio XI Como 1676-1689
Alejandro VIII Venecia 1689-1691
Inocencio XII Spinazola 1691-1700
Clemente XI Urbino 1700-1721
Inocencio XIII Roma 1721-1724
Benedicto XIII Bari 1724-1730
Clemente XII Florencia 1730-1740
Benedicto XIV Bolonia 1740-1758
Clemente XIII Venecia 1758-1769
Clemente XIV Rímini 1769-1774
Pío VI Cesena 1775-1799
Pío VII Cesena 1800-1823
León XII Spoleto 1823-1829
Pío VIII Áncona 1829-1830
Gregorio XVI Belluno 1831-1846
B.Pío IX Senigallia 1846-1878
León XIII Carpineto romano 1878-1903
S.Pío X Treviso 1903-1914
Benedicto XV Génova 1914-1922
Pío XI Milán 1922-1939
Pío XII Roma 1939-1958
B.Juan XXIII Bérgamo 1958-1963
Pablo VI Brescia 1963-1978
Juan Pablo I Belluno 1978
Juan Pablo II Wadowice (Polonia) 1978-2005
Benedicto XVI Marktl am Inn (Alemania) 2005-2013
Francisco I Buenos Aires (Argentina) 2013-

 

Fuente: Anuario Pontificio

Transcripción y comentario introductorio: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Preguntas y respuestas sobre las Navidades

1. ¿Quién ordenó el 25 de diciembre como fecha de celebración de la Navidad?

2. ¿Quién construyó el primer Pesebre?

3. ¿Cuándo aparece el Árbol de Navidad y de dónde es originario?

4. ¿Cuándo empezó la tradición de los Reyes Magos?

5. ¿Sabes de dónde es originaria la flor de Nochebuena y qué representa?

6. ¿De dónde viene la imagen de Santa Clós?

7. ¿Qué son las Posadas?

8. ¿Sabes lo que significa la Piñata?

9. ¿Por qué la costumbre de prender Velitas el 7 y 8 de diciembre?

10. ¿Qué son las Pastorelas?

11. ¿Quiénes fueron los precursores de los Villancicos y qué son?

12. ¿Qué significa la Corona Navideña?

13. ¿Sabes lo que significan las Esferas y los colores de las mismas?

14. ¿Qué se celebra en Navidad?

RESPUESTAS

1. El obispo romano Liberio, en el año 354. Otro texto habla del año 345 como la fecha en que fue oficialmente reconocida, por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno.

2. San Francisco de Asís, en 1223, escenifico las escenas del Nacimiento de forma real, siendo el iniciador de esta entrañable tradición cristiana.

3. Se remonta a la era precristiana, cuando en invierno se ponía en las casas hojas y plantas verdes para evocar el verano. Es original del Suroeste de Alemania. Sólo hasta el siglo IX se comenzaron a colocar los abetos -pinos- en las iglesias cristianas.

4. En el siglo IV.

5. Esta flor es originaria de México. Su nombre en nahuatl es tlazochitl que significa flor que se marchita. Para los aztecas simbolizaba la sangre de los sacrificios que los indígenas ofrendaban al sol para renovar sus fuerzas. Los españoles la bautizaron como flor de Nochebuena porque florece en diciembre y la utilizaron como símbolo de las fiestas navideñas.

6. Tuvo su origen en la historia de San Nicolás. Nicolás nació en Asia Menor (hoy Turquía). Fue elegido obispo de esta sede y se hizo famoso por su piedad y bondad ayudando a los pobres. El nombre de Santa Clós viene de la evolución del nombre de San Nicolás: St. Nicklauss, St. Nick, St. Klauss, Santa Claus y Santa Clós.

7. Las Posadas son fiestas que tienen como fin, preparar la Navidad. Comienzan el día 16 y terminan el día 24 de diciembre. Se llevan a cabo los nueve días previos a la Navidad que simbolizan los nueve meses de espera de La Virgen María; coincidiendo el último día con la festividad de la Natividad. Históricamente, fueron implantadas por los españoles con el fin de evangelizar, tomando como base una celebración azteca.

8. La piñata representa al demonio. La piñata clásica tiene siete picos que son los siete pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza). Al romperla y caer el relleno se rompe con el mal y se obtienen los bienes anhelados.

9. Esta costumbre ha tenido un soporte religioso. Además, concuerda con la celebración del día de la Virgen Inmaculada y simboliza el agradecimiento a Dios por lo favores recibidos. Cabe anotar que el fuego siempre ha despertado en los hombres un sentimiento muy especial: salir de la oscuridad para entrar a la luz, a la verdad y a la vida eterna.

10. Las pastorelas son representaciones escénicas, de marco festivo que se refieren a acontecimientos previos a la venida de Jesús y termina con el esplendor del Pesebre y la adoración de los pastores.

11. Los alemanes. Es una canción popular. Eran inventados por los campesinos, generalmente con carácter religioso. Es una mezcla del espíritu plebeyo y culto. Comenzaron a utilizarse en las ceremonias religiosas de Navidad en el siglo XVI. El más famoso es Noche de paz, traducido a casi 300 idiomas. Cumple 183 años desde que sonó por primera vez en Austria.

12. La forma circular es un signo pagano que significa la felicidad y el alejamiento de las desgracias. Los accesorios rojos, ya sean moños o bolas, simbolizan luz y vida.

13. Simbolizan las oraciones que se hacen durante el periodo de Adviento. Los colores de las esferas también tienen un significado: azules, oraciones de arrepentimiento; plateadas, de agradecimiento; doradas, de alabanza; y rojas, de petición.

14. La celebración de la Navidad nos recuerda que Dios no está lejos, sino muy cerca de nosotros. En Navidad, celebramos al Niño Jesús que es Hijo de Dios. En Él, Dios nos mostró su rostro humano, para salvarnos y amarnos desde la Tierra.

Espero haberos despejado algunas dudas. Feliz Navidad.

 

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Fechas importantes en el Cristianismo

Os traigo en este breve artículo una serie de fechas (que algunos me habéis solicitado) sobre la historia del cristianismo y la Iglesia en General. Son simplemente informativas y dependiendo de los autores de la historia de la Iglesia, puede haber leves variaciones en algunas de ellas, pero en general son correctas.

Bueno vamos a ver a modo de resumen que fechas más importantes o de relevancia lo han sido y son en el cristianismo actual:

  1. 4 a.C.-6 d.C. Nace Jesús. En Palestina reina Herodes (40/37-4 a.C).
  2. 1 d.C. Comienza el cómputo del tiempo según la cronología cristiana, sobre la base de un cálculo erróneo acerca del nacimiento de Cristo realizado en el año 525 por el monje Dionisio el Exiguo (470-550).
  3. 30 aproximadamente Jesús de Nazaret es crucificado en Jerusalén en la Época del emperador Tiberio (14-37) y de su procurador en Galilea Poncio Pilatos (26-36), del te-trarca Herodes Antipas (4 a.C.-40) y del sumo sacerdote Caifás (18-36).
  4. 45-58 Viajes misioneros del apóstol Pablo.
  5. 64 aproximadamente. Ejecución de los apóstoles Pedro y Pablo, en la Época de la primera persecución contra los cristianos promovida por el emperador Nerón (54-68).
  6. 250 Persecución anticristiana promovida por el emperador romano Decio (249-251).
  7. 303-304 Persecuciones anticristianas promovidas por el emperador romano Diocleciano (284-305).
  8. 313 Edicto de Milán.
  9. 325 Concilio ecuménico de Nicea, convocado por el emperador Constantino: se condena el arrianismo.
  10. 391-392 El emperador Teodosio (379-395) proclama el cristianismo religión del estado. Se prohíben en los territorios del imperio todos los cultos no cristianos.
  11. 431 Concilio ecuménico de Éfeso: se condena el nestorianismo.
  12. 496 Conversión al cristianismo del rey de los francos Clodoveo (482-511).
  13. 529 Benito de Norcia (480-547) funda el monasterio de Montecassino.
  14. 726-843 Lucha contra el culto a las imágenes en el imperio bizantino.
  15. 728 El rey longobardo Liutprando (712-744) dona al pontífice los territorios de Nepi y de Sutri: comienza el dominio temporal de la iglesia romana.
  16. 800 Carlomagno, rey de los francos, es coronado emperador del Sacro Imperio Romano por el papa León III (795-816).
  17. 1054 Ruptura definitiva entre la iglesia romana y la iglesia ortodoxa.
  18. 1075-1122 Lucha por las investiduras entre el papa y el emperador.
  19. 7095 El papa Urbano II (1088-1099) convoca la primera cruzada. Las cruzadas se prolongan hasta 1270. Primeras persecuciones contra los judíos.
  20. 7722 El concordato de Worms pone fin a las luchas por las investiduras.
  21. 1208-1229 Cruzada contra los albigenses hasta su exterminio.
  22. 1270 Francisco de Asís (1181/2-1226) funda la orden franciscana.
  23. 1275 El IV Concilio de Letrán, convocado por el papa Inocencio III (1198-1216), emprende la reforma de la iglesia y establece las normas para la lucha contra las herejías.
  24. 1231 El papa Gregorio IX (1227-1241) crea el Oficio de la Santa Inquisición.
  25. 1309 La sede del papado se traslada a Aviñon; será devuelta a Roma el año 1377 por el papa Gregorio XI (1370-1378).
  26. 1378 Gran cisma de Occidente, que terminará en 1417.
  27. 1425-1455 Primera edición impresa de la Biblia de Gutenberg.
  28. 1453 Los turcos se apoderan de Constantinopla.
  29. 1577 Martín Lutero cuelga en el portal de la iglesia del castillo de Wittenberg noventa y cinco tesis teológicas. Comienza la Reforma protestante.
  30. 1522 Comienzo de la Reforma en Zurich por obra del suizo Ulrico Zuinglio (1484-1531).
  31. 1557 El rey de Inglaterra Enrique VIII (1509-1547) se separa de la iglesia de Roma.
  32. 1534 Ignacio de Loyola (1491-1556) funda la orden de los jesuitas.
  33. 1545-1563 El Concilio de Trento establece los principios de la reforma católica (la llamada Contrarreforma).
  34. 1555 Paz religiosa de Augsburgo.
  35. 1562 Comienzan en Francia las guerras de religión entre católicos y hugonotes (calvinistas)
  36. 1572 Noche de San Bartolomé: sólo en París fueron masacrados más de 2.000 hugonotes.
  37. 1595 Edicto de Nantes, promulgado por el rey de Francia Enrique IV (1598-1610), que sanciona la tolerancia de la religión hugonote en Francia.
  38. 1648 Paz de Westfalia. Termina la guerra de los Treinta Años y se establece el principio cuius regio eius religio.
  39. 1685 El rey de Francia Luis XIV (1643-1715) revoca el edicto de Nantes: medio millón de hugonotes abandona Francia.
  40. 1789 La Asamblea Constituyente de París establece la supresión de la propiedad eclesiástica.
  41. 1869-1870 El Concilio Vaticano I, convocado por el papa Pio IX (1846-1878), establece el dogma de la infalibilidad del papa y de su primacía jurisdiccional.
  42. 1929 Pactos Lateranenses entre la iglesia católica y el estado italiano; se crea el estado de la Ciudad del Vaticano.
  43. 1962-1965 Concilio ecuménico Vaticano II, convocado por el papa Juan XXIII (1958-1963); se promueve una reforma de la iglesia.
  44. 1965 Se revoca la excomunión recíproca entre católicos y ortodoxos.

 

Podría incorporar algunas más, pero me ha parecido bien llegar hasta aquí, más adelante en próximos artículos, la segunda parte, hasta los tiempos actuales.

 

Fuentes consultadas: Varias fuentes históricas de la Iglesia.

Transcrito: Fray Cristóbal Aguilar.

Distinción entre dogma y misterio

Es claro que hay muchos dogmas que son un misterio, y viceversa, vamos a intentar esclarecer un poco este tema. La naturaleza está llena de misterios y vivimos rodeados de realidades que no podemos comprender. Aún hay muchos “misterios” en el organismo humano y no digamos de las realidades que están físicamente muy alejadas de nosotros.

Misterio, en sentido estricto, es una verdad que no podemos comprender, pero que conocemos y creemos porque Dios nos la ha revelado o por el magisterio de la Iglesia; como por ejemplo la Santísima Trinidad.

Es importante saber que los Misterios no son contrarios a la razón humana, sino que únicamente están por encima de ella. Por ejemplo, las leyes de la electricidad, que son conocidas por un buen físico, son un misterio para el ignorante. Pero esto no quiere decir que vaya contra la razón, sino que le son superiores. No puede haber contradicción entre la razón y los misterios revelados, porque Dios es, a la vez, el autor de la razón y de la Revelación.

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Pero, ¿ qué es un Dogma?. Dogma, en sentido amplio, es una verdad contenida en la Revelación divina. Dogma, en sentido estricto, son las verdades reveladas por Dios y propuestas como tales por el Magisterio de la Iglesia a los fieles, con la obligación de creer en ellas. Como el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen a los Cielos, que aún hoy en día está en algunos sectores en debate.

Habiendo apuntado esto, decir que en el dogma hay dos elementos: Es una verdad revelada por Dios y se halla, por tanto, contenida ya en la Sagrada Escritura, en la Tradición, o en ambas. Es una verdad propuesta por el Magisterio de la Iglesia con obligación de creer en ella. Esa propuesta puede hacerla la Iglesia, bien de forma extraordinaria, por ejemplo con una solemne definición del Papa o de un Concilio Universal de acuerdo con el Papa, o por el Magisterio Ordinario y universal de toda la Iglesia.

Quien niega o pone en duda de un modo pertinaz las verdades que han de ser creídas, comete el pecado de herejía, y hoy hay muchos teólogos actuales que incurren en ella, incluso religiosos que no debieran caer en ella. El libre pensamiento y  la conciencia pertenecen al fuero interno, pero de puerta a fuera de la conciencia hay que estar en consonancia con él Magisterio de la Iglesia, y por lo menos intentar no crear confusión, máxime si se está en un puesto en el que el teólogo debe orientar a las futuras mentes pensantes de la iglesia.

Sin embargo en nuestra época de tanta confusión intelectual, y de tanto orgullo (incluso por parte de aquellos que no debieran de tenerlo) , en que por todas partes surgen quienes pretenden ser Maestros, ya sea en Sagrada Escritura por y la destrozan y denigran reduciéndola a una simple “escritura” humana, mero conjunto de libros piadosos escrito y reelaborado sucesivamente por las distintas comunidades…,ya sea en las Verdades de la Fe o la Moral, proponiéndonos nuevos avances más acordes con estos tiempos de suerte que muchas de las teologías ponen en duda verdades de Fe comúnmente aceptadas en el magisterio (como dije antes) y por toda la tradición de la historia. Se puede hacer teología positiva, e innovar sin destruir o quitar la divinidad.

Por ejemplo, la Iglesia y el Magisterio nos dice que la Revelación de Dios a los hombres tiene su culminación en Jesucristo. Ya no es un mensajero de Dios el que viene a revelar un aspecto del plan salvador: es Dios mismo. Jesucristo, “con toda su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, prodigios y milagros, y, ante todo, con su muerte y resurrección y, finalmente, enviando al Espíritu de verdad, culmina plenamente la Revelación” (Const. Dogm. Dei Verbum, n.4).

De esto se puede pensar que con la muerte del último Apóstol por ejemplo (una persona que ha sido testigo),  se cerró el contenido del depósito revelado por Dios. La Iglesia, que es depositaria de la Palabra de Dios que es inmutable, no puede quitar o añadir nada. Todas las verdades enseñadas por Dios están contenidas en la Escritura y en la Tradición. Pero no se han conocido y profundizado en toda su amplitud.

De acuerdo con lo anteriormente expuesto se podría admitir el progreso del dogma católico, y en qué sentido no.  Con la muerte de los Apóstoles quedó terminada la Revelación; y después de ellos Dios no ha revelado ninguna verdad nueva. En consecuencia, cuando la Iglesia define solemnemente un nuevo dogma, no establece una verdad nueva, no contenida en la Escritura y en la Tradición; sino que por el contrario declara que esta verdad está contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición; y que por lo mismo hay que admitirla.

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Los dogmas no pueden cambiar de sentido; pero sí pueden cambiar los términos en que son expresados. No pueden cambiar de sentido. Lo que la Iglesia aceptó ayer como verdadero, no puede hoy rechazarlo como falso; o el caso inverso (aunque hoy estamos asistiendo precisamente a esto y parece que se van a desatar todas tormentas, aquí todo el mundo cambia y tergiversa a su antojo); porque si no sería algo como decir que Dios no da su asistencia a la Iglesia, tal y como prometió.

Lo que sí es aceptable a mi modo de ver es que los dogmas se puedan explicar o hasta expresar con palabras que sean más claras, entendibles o precisas. Desde un principio se admitió que por las palabras de la consagración el pan se cambia en el cuerpo de Cristo. Pero la palabra transubstanciación (cambio de una substancia en otra) la empleó por primera vez la Iglesia en el IV Concilio de Letrán, 1215.

Por tanto como yo lo veo, el progreso del dogma consiste en que la Iglesia enseña de modo más claro y explícito, verdades que estaban contenidas en la Escritura y en la Tradición de modo velado e implícito.  Espero querido visitante de TRAS CRISTO Y SAN FRANCISCO DE ASÍS, haberte esclarecido las dudas.

Fuentes Consultadas: Documentos conciliares. www.vatican.va.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m

La vocación de los laícos fortalece la Iglesia de Dios

Por los laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los miembros del orden sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia. Así todos somos laicos miembros de la iglesia de Cristo y todos participamos en los actos de la Iglesia, es más junto con el sacerdote en la misa formamos uno con él.  Paso a recordaros brevemente las funciones, obligaciones y derechos que tienen los laicos en la Iglesia.

1) S.D.No.94

El Pueblo de Dios está constituido en su mayoría por fieles cristianos laicos. Ellos son llamados por Cristo como Iglesia, agentes y destinatarios de la Buena Noticia de la Salvación, a ejercer en el mundo, viña de Dios, una tarea evangelizadora indispensable.

A ellos se dirigen hoy las palabras del Señor: “Id también vosotros a mi viña” (Mt. 20,3-4) y estas otras: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda la creación” (Mc 16,15; cf.ChL 33)

Como consecuencia del bautismo los fíeles son injertados en Cristo y son llamados a vivir el triple oficio: sacerdotal, profético y real. Esta vocación debe ser fomentada constantemente por los pastores en las Iglesias particulares.

2) S.D.No.96

Sin embargo se comprueba que la mayor parte de los bautizados no han tomado aún conciencia plena de su pertenencia a la Iglesia. Se sienten católicos, pero no Iglesia. Pocos asumen los valores cristianos como un elemento de su identidad cultural y por lo tanto no sienten la necesidad de un compromiso eclesial y evangelizador. Como consecuencia, el mundo del trabajo, de la política, de la economía, de la ciencia, del arte, de la literatura y de los medios de comunicación social no son guiados por criterios evangélicos. Así se explica la incoherencia que se da entre la fe que
dicen profesar y el compromiso real en la vida.

Se comprueba también que los laicos no son siempre adecuadamente acompañados por los Pastores en el descubrimiento y maduración de su propia vocación.

La persistencia de cierta mentalidad clerical en numerosos agentes de pastoral, clérigos e incluso laicos, la dedicación de muchos laicos de manera preferente a tareas intra-eclesiales y una deficiente formación les priva de dar respuestas eficaces a los desafíos actuales de la sociedad.

3) Cf. Ch. L. No.23

La misión salvífica de la Iglesia en el mundo es llevada a cabo no sólo por los ministros en virtud del sacramento del Orden, sino también por todos los fíeles laicos. En efecto, éstos, en virtud de su condición bautismal y de su específica vocación, participan en el
oficio sacerdotal, profetice y real de Jesucristo, cada uno en su propia medida.

Los pastores, por tanto, han de reconocer y promover los ministerios, oficios y funciones de los fíeles laicos, que tienen su fundamento sacramental en el Bautismo y en la Confirmación, y para muchos de ellos, además en el Matrimonio.

Después, cuando la necesidad o la utilidad de la Iglesia lo exija, los pastores -según las normas establecidas por el derecho universal- pueden confiar a los fieles laicos algunas tareas que, si bien están conectadas a su propio ministerio de pastores, no exigen, sin embargo, el carácter del Orden. El Código de Derecho Canónico escribe ” Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros, pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir oraciones litúrgicas, administrar el bautismo y dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del derecho “- Sin embargo, el ejercicio de estas tareas no hace del fiel laico un pastor. En realidad, no es la tarea lo que constituye el ministerio, sino la ordenación sacramental. Sólo el sacramento del Orden atribuye al ministerio ordenado una peculiar participación en el oficio de Cristo Cabeza y Pastor y en su sacerdocio eterno. La tarea realizada en calidad de suplente tiene su legitimación -formal e independiente- en el encargo oficial hecho por los pastores, y depende, en su concreto ejercicio, de la dirección de la autoridad eclesiástica.

La reciente Asamblea sinodal ha trazado un amplio y significativo panorama de la situación eclesial acerca de los ministerios, los oficios y las funciones de los bautizados. Los Padres han apreciado vivamente la aportación apostólica de los fieles laicos, hombres y mujeres, en favor de la evangelización, de la santificación y de la animación cristiana de las realidades temporales, como también su generosa disponibilidad a la suplencia en situaciones de emergencia y de necesidad crónica.

Como consecuencia de la renovación litúrgica promovida por el Concilio, los mismos fíeles laicos han tomado una más viva conciencia de las tareas que les corresponden en la asamblea litúrgica y su preparación, y se han manifestado ampliamente dispuestos a desempeñarlas. En efecto, la celebración litúrgica es una acción sacra no sólo del clero, sino de toda la asamblea. Por tanto, es natural que las tarcas no propias de los ministros ordenados sean desempeñadas por los fieles laicos. Después, ha sido espontáneo el paso de una efectiva implicación de los fíeles laicos en la acción litúrgica a aquélla en el anuncio de la Palabra de Dios y en la cura pastoral.

En la misma Asamblea sinodal no han faltado, sin embargo, junto a los positivos, otros juicios críticos sobre el uso indiscriminado del término ” ministerio “, la confusión y tal vez la igualación entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial, la escasa observancia de ciertas leyes y normas eclesiásticas,, la interpretación arbitraria del concepto de ” suplencia “, la tendencia a la “clericalización” de los fieles laicos y el riesgo de crear de hecho una estructura eclesial de servicio paralela a la fundada en el sacramento del Orden.

Precisamente para superar estos peligros, los Padres sinodales han insistido en la necesidad de que se expresen con claridad sirviéndose también de una terminología más precisa, tanto la unidad de misión de la Iglesia, en la que participan todos los bautizados, como la sustancial diversidad del ministerio de los pastores, que tiene su raíz en el sacramento del Orden, respecto de los otros ministerios, oficios y funciones eclesiales, que tienen su raíz en los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación.

Es necesario pues, en primer lugar, que los pastores, al reconocer y conferir a los fieles laicos los varios ministerios, oficios y funciones, pongan el máximo cuidado en instruirles acerca de la raíz bautismal de estas tareas. Es necesario también que los pastores estén vigilantes para que se evite un fácil y abusivo recurso a presuntas ” situaciones de emergencia “o de ” necesaria suplencia “, allí donde no se dan objetivamente o donde es posible remediarlo con una programación pastoral más racional.

Los diversos ministerios, oficios y funciones que los fieles laicos pueden desempeñar legítimamente en la liturgia, en la transmisión de la fe y en las estructuras pastorales de la Iglesia, deberán ser ejercitados en conformidad con su específica vocación laical, distinta de aquella de los sagrados ministros- En este sentido, la exhortación Evangeli Nuntiandi; que tanta y tan beneficiosa parte ha tenido en el estimular la diversificada colaboración de los fieles laicos en la vida y en la misión evangelizadora de la Iglesia, recuerda que ” el campo propio de su actividad evangelizadora es el dilatado y complejo mundo de la política, de la realidad social, de la economía; así como también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los órganos de comunicación social; y también de otras realidades particularmente abiertas a la evangelización, como el amor, la familia, la educación de los niños y de los adolescentes, el trabajo profesional, el sufrimiento. Cuantos más laicos haya compenetrados con el espíritu evangélico, responsables de estas realidades y explícitamente comprometidos en ellas, competentes en su promoción y conscientes de tener que desarrollar toda su capacidad cristiana, a menudo ocultada y sofocada, tanto más se encontrarán estas realidades al servicio del Reino de Dios -y por tanto de la salvación en Jesucristo-, sin perder ni sacrificar nada de su coeficiente humano, sino manifestando una dimensión trascendente a menudo desconocida “.

Durante los trabajos del Sínodo, los Padres han prestado no poca atención al Lectorado y al Acolitado. Mientras en el pasado existían en la Iglesia Latina sólo como etapas espirituales del itinerario hacia los ministerios ordenados, con el Motu propio de Pablo VI Muüsteria quaedam (15 Agosto 1972) han recibido una autonomía y estabilidad propias, como también una posible destinación a los mismos fíeles laicos, si bien sólo a los varones. En el mismo sentido se ha expresado el nuevo Código de Derecho Canónico. Los Padres sinodales han manifestado ahora el deseo de que ” el Motu propio “Ministeria quaedam” sea revisado, teniendo en cuenta el uso de las Iglesias locales e indicando, sobre todo, los criterios según los cuales han de ser elegidos los destinatarios de cada ministerio”.

A tal fin ha sido constituida expresamente una Comisión, no sólo para responder a este deseo manifestado por los Padres sinodales, sino también, y sobre todo, para estudiar en profundidad los diversos problemas teológicos, litúrgicos, jurídicos y pastorales surgidos a partir del gran florecimiento actual de los ministerios confiados a los fieles laicos.

Para que la praxis eclesial de estos ministerios confiados a los fieles laicos resulte ordenada y fructuosa, en tanto la Comisión concluye su estudio, deberán ser fielmente respetados por todas las Iglesias particulares los principios teológicos arriba mencionados, en particular la diferencia esencial entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común y, por consiguiente, la diferencia entre los ministerios derivados del Orden y los ministerios que derivan de los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación.

4) Cat.I.C.897

Por los laicos se entiende aquí a todos los cristianos, excepto los miembros del orden sagrado y del estado religioso reconocido en la Iglesia, Son, pues- los cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el pueblo de Dios y que participan de las funciones de Cristo-, Sacerdote, Profeta y Rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo.

5) Cat.I.C.900

Como todos los fieles, los laicos están encargados por Dios del apostolado en virtud del bautismo y de la confirmación y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, do trabajar para que el mensaje divino
de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra, ésta obligación es tanto más apremiante cuando sólo por medio de ellos los demás hombres pueden oír el evangelio y conocer a Cristo. En las comunidades eclesiales, su acción es tan necesaria, que sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener en la mayoría de las veces su plena eficacia.

Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Los tribunales de la Inquisición

Mucho se ha hablado sobre la inquisición y de sus errores, nosotros no podemos sino mirarlos desde cierta distancia, teniendo en cuenta que en su origen la idea era la de corregir, pero luego degeneró en una persecución en la que probablemente pagaran “justos por pecadores”, sin quitar hierro al asunto, de que posiblemente, algunos fueran “hechiceros” y “brujas”, también es sabido que en toda “sartenada” se suelen echar más “huevos de la cuenta”, como decía mi abuela, en fin vamos adentrarnos en el asunto que nos compete.

El primer tribunal inquisitorial para juzgar delitos contra la fe nació en el siglo XIII. Fue fundado por el Papa Honorio III en 1220 a petición del emperador alemán Federico II Hohenstaufen, que reinaba además en el sur de Italia y Sicilia.

Parece que el emperador solicitó el tribunal para mejorar su deteriorada imagen ante la Santa Sede (personalmente era amigo de musulmanes y no había cumplido con la promesa de realizar una cruzada a Tierra Santa) y pensó que era un buen modo de congraciarse con el Papa, ya que en aquella época el emperador representaba el máximo poder civil y el Papa, el religioso y, era conveniente que las relaciones entre ambos fueran al menos correctas. El romano pontífice exigió que el primer tribunal constituido en Sicilia estuviera formado por teólogos de las órdenes mendicantes (franciscanos y dominicos) para evitar que se desvirtuara su misión, como de hecho intentó Federico II, al utilizar el tribunal eclesiástico contra sus enemigos.

Yo creo como franciscano que el tema era corregir pero con medidas que no fuesen violentas, además el problema es la  implicación en la íntima relación que de hecho se trabó entre el poder civil y la Iglesia en la Edad Media. La herejía pasó a ser un delito comparable al de quien atenta contra la vida del rey, es decir, de lesa majestad, castigado con la muerte en hoguera como en el siglo IV, bajo los emperadores Constantino y Teodosio.

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Pero veamos en antecedentes que herejías se forjaban; en el  XIII aparecieron dos herejías (albigense y valdense) en el sur de Francia y norte de Italia. Atacaban algunos pilares de la moral cristiana y de la organización social de la época. Inicialmente se intentó que sus seguidores abandonaran la heterodoxia a través de la predicación pacífica encomendada a los recién fundados dominicos; después se procuró su desaparición mediante una violenta cruzada. En esas difíciles circunstancias nace el primer tribunal de la Inquisición.

Aplicar torturas o la pena capital por motivos religiosos. Los católicos de fin del siglo XX conocemos la doctrina del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa, que coincide, en sus planteamientos básicos con la de muchos teólogos cristianos de los cuatro primeros siglos de nuestra era. Por este motivo, el Papa San Juan Pablo II en su Carta Apostólica Tertio Milenio Adveniente (10-11-94) hizo hincapié en su momento de  la necesidad de revisar algunos pasajes oscuros de la historia de la Iglesia para reconocer ante el mundo los errores de determinados fieles, teniendo en cuenta la unión espiritual que nos vincula con los miembros de la Iglesia de todos los tiempos.

Pero como nosotros estamos en España, vamos justamente a ver como actuó la Inquisición española que dicho sea de paso fue la más “benévola en todos los casos” que las restantes.  Los primeros tribulales se formaron 1242, a partir de un Concilio provincial de Tarragona. Dependían del obispo de la diócesis y, por regla general, su actuación fue moderada. Con la llegada de los Reyes Católicos al poder, el Santo Oficio cambió de modo notable. Isabel y Fernando consideraron que la unidad religiosa debía ser un factor clave en la unidad territorial de sus reinos. La conversión de las minorías hebrea y morisca era la condición para conseguirlo; algunos se bautizaron con convencimiento, otros no y éstos fueron perseguidos por la Inquisición.

En 1478 los Reyes Católicos consiguen del Papa Sixto IV una serie de privilegios en materia religiosa, entre ellos, el nombramiento del Inquisidor General por la monarquía y el control económico del Santo Oficio. Por otra parte, la actitud de los cristianos ante las comunidades judía y morisca en España fue muy variada a lo largo de la Historia. Había judíos asentados en España desde el final del Imperio Romano. Durante la etapa visigoda fueron tolerados y perseguidos en distintas épocas. Algunos reyes castellanos y aragoneses supieron crear condiciones de convivencia pacífica, pero el pueblo llano no miraba con buenos ojos a los hebreos prestamistas (el interés anual legal de los préstamos ascendía al 33%); además se les consideraba, de acuerdo con una actitud muy primaria, culpables de la muerte de Jesucristo. El malestar se transformó a finales del siglo XIV en revueltas y matanzas contra los judíos en el sur y levante español.

Los Reyes Católicos no sentían animadversión personal contra los hebreos (el propio rey Fernando tenía sangre judía por parte de madre) y en su corte se hallaban financieros, consejeros, médicos y artesanos hebreos. Los judíos vivían en barrios especiales (aljamas) y entregaban tributos directamente al rey a cambio de protección. El deseo de unión religiosa y de evitar matanzas populares impulsaron a los Reyes a decretar la expulsión de los judíos españoles (unos 110.000) en marzo de 1492.

La alternativa era recibir el bautismo o abandonar los reinos, aunque se preveían consecuencias económicas negativas en los territorios españoles. Sólo unos 10.000 hebreos se adhirieron a la fe cristiana y, entre ellos, bastantes por intereses no religiosos. Entonces surgió el criptojudaísmo, la práctica oculta de la religión de Moisés mientras se mantenía externamente el catolicismo. Contra estos falsos cristianos, como se ha dicho, actuó la Inquisición.

Respecto a los moriscos, unos 350.000 en el siglo XV, la política fue similar. Se intentó de modo más o menos adecuado su conversión tras la toma de Granada, pero al comprobar que su asimilación no era satisfactoria se procedió a la expulsión de los no conversos, tras violentos enfrentamientos, en 1609, bajo el reinado de Felipe III. Durante el siglo XVII aparece con fuerza el fenómeno social de la limpieza de sangre: para acceder a determinados cargos u oficios era necesario ser cristiano viejo, es decir, no tener sangre judía o morisca en los antepasados recientes.

Como he dicho inicialmente el tribunal fue creado para frenar la heterodoxia entre los bautizados: las causas más frecuentes eran las de falsos conversos del judaísmo y mahometismo; pronto se añadió el luteranismo con focos en Sevilla y Valladolid; y el alumbradismo, movimiento pseudo-místico. También se consideraban delitos contra la fe, la blasfemia, en la medida que podía reflejar la heterodoxia, y la brujería, como subproducto de religiosidad. Además, se perseguían delitos de carácter moral como la bigamia. Con el tiempo se introdujo el delito de resistencia al Santo Oficio, que trataba de garantizar el trabajo del tribunal.

La pena de muerte en hoguera se aplicaba a hereje contumaz no arrepentido, que gracias a Dios eran pocos.  El resto de los delitos se pagaban con excomunión, confiscación de bienes, multas, cárcel, oraciones y limosnas penitenciales. Las sentencias eran leídas y ejecutadas en público en los denominados autos de fe, instrumento inquisitorial para el control religioso de la población.

Desde el siglo XIII, la Iglesia admitió el uso de la tortura para conseguir la confesión y arrepentimiento de los reos. No hay que olvidar que el tormento era utilizado también en los tribunales civiles; en el de la Inquisición se le dio otra finalidad: el acusado confeso arrepentido tras la tortura se libraba de la muerte, algo que no ocurría en la justicia civil. Las torturas eran terribles sufrimientos físicos que no llegaban a mutilar o matar al acusado en algunos casos.

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Un personaje importante en la inquisición fue Fray Tomás de Torquemada de la orden de predicadores (dominicos)  fue Inquisidor General entre 1485 y 1496. Gozó de la confianza de los Reyes Católicos. Lo cierto es que no existe todavía una biografía definitiva sobre este importante personaje. Desde luego sentía animadversión hacia los judíos e influyó decisivamente en el decreto de expulsión de 1492, sin embargo no era sanguinario, como cierta leyenda injustificada pretende hacernos creer, aunque sí es obvio que presidió el tribunal en años de intensa actividad. No obstante, redactó una serie de normas y leyes para garantizar el buen funcionamiento del tribunal y evitar abusos.

Carranza era arzobispo de Toledo y Primado de España. Fue acusado injustamente de luteranismo y condenado a la pena capital por la inquisición española; por tratarse de un prelado, la causa se inició con el permiso de Roma y fue revisada por el Papa que no vio motivos proporcionados para tal veredicto. Aunque éste no llegó a aplicarse, Felipe II destituyó a Carranza para subrayar la autonomía del tribunal español respecto a la Santa Sede.

Hay que hacer notar que el  Tribunal de la Inquisición no hacia distinciones entre poderosos o no poderosos, por lo menos al principio y a la hora de acusar a prelados, cortesanos , nobles o ministros; fue, en ese sentido, un tribunal democrático con una jurisdicción sólo inferior a la del Papa.

Ejercían como inquisidores hermanos dominicos y franciscanos (no oculto mi pesar por ello), aunque tengo que decir que ambas ordenes había hermanos que nos consta libraban de la muerte o exculpaban a muchos de los reos, e intentaban siempre si se podía salvarlos. Es verdad que las penas las aplicaba el poder civil, pero habían sido juzgados por el poder eclesiástico.

Pero si por algo se ha conocido a la santa inquisición, era por sus casos de brujería; en  España hubo pocos casos de brujería en comparación al resto de Europa. Fue un fenómeno más destacado entre la población bautizada de los territorios americanos, por el apego a sus ritos y tradiciones seculares. En la Península fueron desgraciadamente famosas las brujas de Zugarramurdi (Navarra) condenadas en 1610.

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Desde entonces se tuvo en cuenta la acertada observación de un inquisidor, para quien cuanto menos se hablara de ellas, menos casos habría; la Inquisición prefirió considerarlas personas alucinadas o enfermas. Con todo la inquisición España fue desde el año 1242 y hasta 1834 (en que no fue abolida formalmente) durante la regencia de María Cristina. Sin embargo, su actuación más intensa se registra entre 1478 y 1700, es decir, durante el gobierno de los Reyes Católicos y los Austrias. En cierto sentido no se puede calcular el número de personas afectadas por la Inquisición: la migración forzosa de millares de judíos y moriscos; la deshonra familiar que comportaba una acusación del tribunal durante varias generaciones; la obsesión colectiva por la limpieza de sangre, lo hacen imposible.

A quienes se presentaban por propia voluntad y confesaban su herejía, se les imponía penas menores que a los que había que juzgar y condenar. Se concedía un periodo de gracia de un mes más o menos para realizar esta confesión espontánea; el verdadero proceso comenzaba después.

Si los inquisidores decidían procesar a una persona sospechosa de herejía, el prelado del sospechoso publicaba el requerimiento judicial. La policía inquisitorial buscaba a aquellos que se negaban a obedecer los requerimientos, y no se les concedía derecho de asilo. Los acusados recibían una declaración de cargos contra ellos.  El testimonio de dos testigos se consideraba por lo general prueba de culpabilidad.

Los inquisidores contaban con una especie de consejo, formado por clérigos y laicos, para que les ayudaran a dictar un veredicto. Les estaba permitido encarcelar testigos sobre los que recayera la sospecha de que estaban mintiendo. En los casos más graves las penas eran la confiscación de propiedades o el encarcelamiento. La pena más severa que los inquisidores podían imponer era la de prisión perpetua. De esta forma la entrega por los inquisidores de un reo a las autoridades civiles, equivalía a solicitar la ejecución de esa persona.

Con todo según algunas fuentes, no se llegó a más de 5.000 casos y algunos de ellos acabaron en la hoguera, pero no fue un gran número afortunadamente.

Bueno con este artículo querido visitante de TRAS CRISTO Y FRANCISCO DE ASÍS, he querido  arrojar un poco de luz, en este periodo de oscuridad que fue el tiempo de la inquisición y sobre todo de la española.

Fuentes Consultadas:

– Pérez Villanueva, Joaquín y Escandell Bonet, Bartolomé (dirs.): Historia de la Inquisición en España y América, Centro de Estudios Inquisitoriales, 1984-2000.

– Julio Caro Baroja: El señor inquisidor y otras vidas por oficio, Madrid: Editorial Alianza, 2006,

– Beatriz Comella (2004). La Inquisición española (4 edición). Rialp.

– Marcelino Menéndez Pelayo: Historia de los heterodoxos españoles, Madrid: CSIC, 2001.

 

 

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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