Category Archive EL PODER DE LA ORACIÓN

Meditación y oración mental

Cualquier tipo de oración es buena, pero la mental es fabulosa porque siempre nos pone en conexión con Dios. Es también llamada meditativa y es muy conveniente  para el progreso de la vida espiritual. Nuestra relación con Dios se establece por el ejercicio de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Son ellas las que deben establecer esa divina comunicación “con quien sabemos que nos ama” (Santa Teresa). Por ello la meditación no exige técnicas depuradas, aun cuando éstas nos puedan ayudar. “Si amáramos a Dios, la oración nos sería tan natural como la respiración” (San Juan María Vianney). Los antiguos monjes se unían a Dios por la repetición afectuosa de jaculatorias. Con todo, vamos a ver algunos consejos:

La  capacidad de meditar guarda proporción con tu espíritu de mortificación, abnegación, vida interior, santidad. “Tanto mayor capacidad tendremos cuanto más fielmente lo creamos, más firmemente lo esperemos, más ardientemente lo deseemos” (San Agustín).

La meditación requiere un lugar adecuado: si no puedes ir al templo, puedes hacerla en tu misma casa, buscando en ella el ambiente y el momento más tranquilo. Como Cristo, que para orar huía a la soledad del monte o de la noche. Pero recuerda que en cualquier lugar que estuvieses, tú mismo eres templo vivo de la Santísima Trinidad pues Cristo ha dicho: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn. 14, 23). Somos inhabitación del Espíritu Santo y algunos hermanos míos visitantes de TRAS CRISTO Y FRANCISCO DE ASÍS, parece que lo olvidan. También es bueno el silencio interior, que es la disposición del corazón para tratar y escuchar a Dios; pero también debes buscar el silencio exterior.

Hay que procurar tomar una postura cómoda y en lo posible en un lugar o momento en el que sepamos nadie nos va a molestar.  Es muy conveniente ayudarse con un libro como instrumento (otros usan la música relajante), en especial los escritos de los santos. Pero poca dosis y mucha actividad interior. Si no puedes otra cosa, haz lectura meditada. Pero no conviertas ese momento en simple lectura o estudio.

La idea es que sea un lugar de amistad y contacto con Dios, es decir, el mutuo conocerse y contemplarse y el mutuo amarse. Así precisamente la definió Santa Teresa: “Es tratar de amistad con aquél que nos ama”. Y San Ignacio: “Como un amigo habla a otro, o un siervo a su señor; ya sea pidiendo alguna gracia, ya sea culpándose por un mal hecho, ya sea comunicando sus cosas y queriendo consejo en ellas”. De allí que posea tres elementos fundamentales: “Qué hablamos, con quién hablamos, quiénes somos los que osamos hablar” (Santa Teresa).

El lenguaje de la meditación es el lenguaje del corazón. Si se deben usar palabras es porque ellas disponen el alma. Abandónate desde el principio y deja que  Cristo medite en ti y contigo. Préstale tu mente y tu corazón para que todo suba al Padre por Él, con Él y en Él.

 Reconstruye la escena que vas a meditar (yo así lo hago muchas veces e incluso me pongo hablando con los personajes, como si estuviera viviendo el momento) e intenta meterte en la situación, no se trata de crear un vació en la mente, sino todo lo contrario, llenarla del misterio de Dios. Si se trata de un pasaje evangélico, trasládate con la imaginación al sitio, procura ponerte en ambiente. Actualiza los hechos.

Me parece interesante el que se parte de un lugar o punto concreto como, como una fiesta litúrgica, el evangelio del día o el temario corrido de un libro. Pero debes tener la libertad de elegir algún tema que te afecte directamente en ese momento como una aflicción que estás padeciendo, una decisión que tomar, un acontecimiento para interpretar a la luz de la fe y la Providencia. Así obró la Santísima Virgen María que ante los acontecimientos de la vida cotidiana de su Hijo, se dice que “guardaba cuidadosamente esas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc. 2, 19, 51).

Siempre hay muchos modos  de orar y meditar. Puede hacerse con una simple jaculatoria; la repetición lenta del Padre nuestro, el Ave María u otra oración; la lectura pausada de un texto; la participación devota de la Santa Misa, el Vía Crucis o el Rosario; el recorrido con la mente y el corazón de alguna de las verdades de la fe.

Es frecuente que nos parezca que no somos escuchados o que Dios no nos hace caso, no se siente ninguna devoción, parece que hemos retrocedido, con grandes dificultades para concentrarnos, sin embargo la oración es siempre escuchada. Dios muchas veces calla, para ver nuestras actuaciones y perseverancia.

Pero ten seguridad, de que todas las oraciones son escuchadas, sobre todo las causadas por algún tipo de dolor.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Tu Ángel Guardían te habla

Aquí os traigo un hermoso escrito que os puede servir de meditación en estos seres que sin duda están al lado nuestro en todas las tribulaciones, solo que debido a nuestro libre albedrío, están limitados en cuanto a la ayuda que puedan ofrecer, por ello hay que pedirla, con el consentimiento y la autoridad de Dios.

TU ÁNGEL GUARDÍAN TE HABLA:

Muchos de ustedes han acudido a los reinos celestiales pidiendo ayuda, asistencia y milagros. Nunca antes las Huestes Celestiales y los Ángeles escucharon tal clamor. Nunca antes hemos enviado millones de ángeles para que se presenten y envuelvan la Tierra. En el Mundo Angelical nos revestimos de muchas formas, colores y energías. A veces aparecemos como una sola gota de lluvia sobre su rostro. A veces nos presentamos como la brisa que roza su mejilla. A veces se nos puede ver en las nubes como una brillante luminosidad. A veces somos un único y diminuto punto de luz y otras veces somos lo suficientemente grandes como para abarcar toda la tierra.

Variamos en tamaño, color y luz. Variamos en tareas y en posición y en comprensión de los humanos. No somos los que han caído desde la muerte en su planeta. Somos un tipo de ser totalmente distinto, uno que escucha cada seña y llamado. El Padre Celestial los envió para que estuvieran a cargo de nosotros. Finalmente, luego de tanto tiempo, se nos libera para que cumplamos con nuestro trabajo, para amarlos y protegerlos. Cada uno de ustedes tiene una multitud de nosotros alrededor. Revoloteamos como mariposas en el rosedal de un palacio.

Al nacer, se les dio un ángel guardián. Nosotros venimos para permitirles experimentar la gracia, la gloria de la paz en medio de toda la agitación. Somos los que traemos una sonrisa a su rostro en medio de un día frenético cuando por un momento se acuerdan de nosotros y por un momento experimentan paz. Somos tan reales como ustedes. Simplemente estamos en una frecuencia de luz diferente. Lloramos por ustedes, reímos con ustedes, hablamos de ustedes, pensamos en ustedes, porque estamos enamorados de ustedes.

Estamos enamorados de sus alegrías y nos entristecen sus heridas. Porque cada parte de ustedes resuena con una parte de nosotros, pero necesitamos toda su atención mientras pasan por estas próximas secuencias de tiempo. Envíennos a los campos de batalla. Envíennos a quienes duermen con miedo. Envíennos a quienes sufren. Se nos debe enviar a toda la humanidad. Desafortunadamente, ustedes sólo nos llaman en momentos de desesperación, pero siempre estamos aquí.

Permítannos venir a su mundo, hacer sus mandados de luz, hacer sus diligencias de esperanza, hacer sus mandados de sanación. Es nuestro trabajo pues servimos al creador por ustedes. No sigan llenando su alma con cargas pesadas; permítannos, con su pedido, alivianar su carga literalmente. Envíennos a quienes los preocupan. Envíennos a quienes sólo piensan en sí mismos y en nadie más. Envíennos a su día antes de aventurarse afuera. Los milagros están contenidos en nuestros corazones y son liberados de nuestros corazones hacia sus manos. Recíbanlos mediante su convicción. Recíbanlos mediante su fe.

Somos enviados a la humanidad por el Padre Celestial mismo. Al principio mirábamos a los humanos con desdén, pensábamos cómo era posible que un ser tan inferior, una especie inferior, supiera cómo delegarnos filamentos de luz celestial delineados tan delicadamente. Al haberlos observado calladamente a través del tiempo, sabemos que ustedes tienen un gran corazón en su interior y una gran posibilidad para el futuro. Este conocimiento nos alegra. Este conocimiento nos ayuda a involucrarnos en sus asuntos cotidianos.

Porque como he dicho, somos diminutos y somos inmensos, más allá de su conocimiento. Ustedes conocen a muchos de nuestros comandantes, tales como Miguel, Gabriel, Uriel y Rafael, pero ellos no son más que unos pocos de trillones de trillones de nosotros que esperan su reconocimiento. Porque ése es nuestro trabajo y el Padre nos impele a hacerlo. No podemos ser llamados a la acción a menos que sean ustedes quienes nos llamen. Nos sentamos a la vera de la luz, esperando su llamado como una jovencita enamoradísima la noche de una cita.

La verdad es que nos hemos enamorado de ustedes. Finalmente les hemos abierto nuestro corazón y todo resentimiento del pasado se ha disuelto. Ahora comprendemos los deseos y las ansias del Creador. Ahora comprendemos el destino de la humanidad. Porque al principio –su principio– no lo comprendíamos. Así que déjennos amarlos y dense permiso para amarnos. Trabajaremos como un equipo para ayudarlos a disolver todo el dolor de la Tierra. Dejen que los ayudemos a sanar. Permitan que los ayudemos a traer más amor a sus matrimonios, a sus familias, a su vida. Somos mucho más de lo que comprenden. Los amamos. En verdad es así. Les pedimos disculpas de corazón por cualquier tristeza que les hayamos causado en el comienzo de los tiempos.

Comprendan que esta batalla que libran en la Tierra ha caído desde el cielo para ser representada en la Tierra. Permitan que vengan los ángeles de la luz. Ya es hora de que reinstalen lo que se les indicó divinamente que hicieran al principio. Invoquen a los ángeles y estaremos aquí con una palabra, un pensamiento y un aliento.

Canalizado por Gillian MacBeth-Louthan
Transcrito por: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

¿Cómo mantener a raya las tentaciones?

Por sobre todo la oración, la oración es como un escudo y es la comunicación con Dios y con el Espíritu. Si no hay oración, si apagamos el Espíritu de oración como diría nuestro bendito padre San Francisco de Asís, no hay nada.

Cuando el cristiano ora y ayuna (hace penitencia), no solo fortalece la acción contra la tentación y el pecado, sino que se mantiene en guardia contra las acechanzas del demonio. A esto se puede añadir algunas oraciones específicas que la Iglesia siempre ha recomendado contra la acción del demonio como son: La consagración a Dios por medio de María Santísima, ya que ella es la enemiga victoriosa de la “serpiente” de acuerdo a Gen 3,15 y Ap 12. Una oración que refuerza nuestra unión con Dios es la del “Regina Caeli”, así como la oración de San Miguel Arcángel, atribuida a San León XIII.

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La práctica del ayuno y en general todas las prácticas ascéticas, las cuales de acuerdo a Jesús son una de las armas más importantes para protegerse y luchar contra el “adversario” del Reino (“Este tipo de demonios no salen sino es con el ayuno y la oración” Mc 9,29). La renuncia voluntaria a las cosas buenas de la vida, nos ejercitan para renunciar a aquellas que se nos presentan como una tentación.

Todos los santos (incluidos los de la orden franciscana y no son pocos), quienes han tenido que combatir contra el pecado y en muchas ocasiones con manifestaciones expresas del demonio, no cesan de recomendar el ayuno como una de las armas más eficaces contra las acechanzas del maligno.

Las otras dos armas con las que cuenta el cristiano para su lucha espiritual contra el pecado y las acechanzas de Satanás, son los sacramentos y los sacramentales. Los primeros, siendo una acción y participación directa de Jesús en el cristiano, son la mejor defensa contra el poder del Maligno y fuente de fortaleza espiritual para prevenir el pecado.

La Eucaristía y la Reconciliación frecuente, hacen que el cristiano pueda avanzar en la vida con la victoria de Cristo. Estos dos sacramentos fortalecen toda la vida espiritual de quien los recibe imposibilitando la acción del demonio. Esto  trae por consecuencia, paz y armonía interior. Finalmente tenemos los sacramentales como son los crucifijos, las imágenes de Jesús y de la Santísima Virgen, las medallas benditas, y de manera particular la “Cruz de San Benito” a cuya bendición está ligado un exorcismo. Todos estos sacramentales, en la medida en que se usan con fe y con la aprobación de la Iglesia, vienen a ser una importante herramienta para mantenerse en santidad y en guardia contra las acechanzas del demonio.

Uno de los elementos más efectivos para tener a raya al demonio y todas sus seducciones, es el amor a María Santísima a quien Satanás teme y lo hace temblar de rabia y de impotencia. Mientras que el demonio combate desde el exterior, por medio de la violencia y la seducción, María  inspira, desde nuestro interior, la fuerza que viene solo de Dios. Satanás inspira el odio que destruye y desintegra mientras, que María nos inspira el amor que reinará por siempre. De ahí? la necesidad de una piedad mariana que mantenga a distancia al enemigo y que nos ayude a resistir en el momento de la tentación. Es testimonio de todos los santos la eficacia de la intercesión de María en los momentos de tentación y acoso del demonio. Por ello, arma indispensable del cristiano es el rezo diario del rosario, el uso del escapulario de la Virgen del Carmen y alguna medalla de protección como por ejemplo la de San Benito.

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Todavía hay muchos sectores de la Iglesia, que intentan eliminar, sino atenuar en lo posible las devociones marianas (porque son cosas del antes del concilio, dicen) pero cuando en los santuarios los estipendios de los devotos, llenan las arcas de la Iglesia, ¡bienvenida sea María!. Hipócritas, no saben que si desdeñan a  la Madre, también se lo hacen al Hijo. Es verdad que Jesús es Hijo de Dios, pero eligió de forma natural nacer de María y por tanto la dignifico, ella no es la Trinidad, ni tiene el poder de su Hijo, pero “su poder de intercesión es el más grande después de su Hijo en todo el cielo”, por tanto no denigremos a la Virgen, ni a sus imágenes, porque quizás un día cuando tengamos que rendir cuentas, nos encontremos con que hemos estado encontrá de Dios.

Y en cuanto a las tentaciones, que es el tema que nos ocupa en este artículo querido visitante de TRAS CRISTO Y FRANCISCO DE ASÍS, hacer notar que como decía San Francisco de Asís: “…cuanto más tentado y probado eres, sabete más querido…”, por tanto ningún miedo, el Señor sabe de todas nuestras imperfecciones, Él nos conoce mejor que nadie, para Él la intención cuenta más que la acción, pues sabe que por nuestra debilidad, solemos pensar una cosa y desear hacerla, para luego hacer la contraria.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Meditación y la conexión interna-externa del YO con Dios

Es importante recordar que la Virgen María en prácticamente todas sus apariciones, cuando pedía el rezo del Santo Rosario destacaba la importancia de meditar sobre los misterios. Es decir que pensásemos y sopesásemos sobre ellos y lo que podíamos sacar de cada uno de ellos. Aquí vamos a hablar propiamente de lo que es la meditación. Espero que os sirva para rezar en un futuro.

La palabra meditación viene del latín meditatio, que originalmente indica un tipo de ejercicio intelectual. De este modo, en el ámbito religioso occidental se ha distinguido entre meditación y contemplación, reservando a la segunda un significado religioso o espiritual. Esta distinción se vuelve tenue en la cultura oriental, de forma que al comienzo de la influencia del pensamiento oriental en Europa, la palabra adquiriría un nuevo uso popular.

Este nuevo uso se refiere a la meditación propia del yoga, originada en India. En el siglo XIX, los teósofos adoptaron la palabra meditación para referirse a las diversas prácticas de recogimiento interior o contemplación propias del hinduismo, budismo y otras religiones orientales. No obstante, hay que notar que este tipo de práctica no es ajena a la historia de Occidente, como muestran descubrimientos de vasijas celtas con figuras en postura yóguica.

La meditación se caracteriza normalmente por tener algunos de estos rasgos:

Un estado de concentración sobre la realidad del momento presente. Un estado experimentado cuando la mente se disuelve y es libre de sus propios pensamientos. Una concentración en la cual la atención es liberada de su común actividad y focalizada en Dios (propio de las religiones teístas), una focalización de la mente en un único objeto de percepción, como por ejemplo la respiración o una recitación de palabras constante, a modo de rúbricas o jaculatorias.

La meditación no solo puede tener propósitos religiosos sino estar también enfocada al mantenimiento de la salud física o mental.

Estudios científicos han demostrado que algunas técnicas de meditación pueden ayudar a mejorar la concentración, la memoria y mejorar el sistema inmunológico y la salud en general.

En otras religiones como en el budismo, también se práctica y cada escuela tiene diferentes maneras y técnicas específicas. Para algunas es la forma por la cual la mente logra alcanzar un plano de realidad y entendimiento que va más allá de lo sensorial o aprendido, o se puede ampliar o controlar el espectro de motivaciones de la personalidad. En el budismo zen, sin embargo, se dice que la meditación es un estado natural de crecimiento si el ego no lo interrumpe. En el hinduismo, en las escuelas de yoga y vedanta, la meditación es parte de dos de las seis ramas de la filosofía hindú.

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Las técnicas de aproximación a la meditación varían desde las que se basan en observar la respiración, en visualizar algún pensamiento positivo o imagen inspiradora, enfocar algún objeto o imagen (como un icono religioso de la Virgen o de Jesús), las invocaciones, hasta las que se basan en tipos de compleja contemplación espiritual.

En la mayoría de las religiones basadas en el paganismo y el neopaganismo, como son la Wicca (la antigua brujería) y el druidismo, la meditación es un pilar fundamental para mantener una conexión con la divinidad.

Multitud de técnicas de meditación han sido estudiadas por la psicología. Muchos terapeutas recomiendan alguna técnica o diseñan las suyas propias, a menudo inspiradas en las tradicionales. La mayoría utilizan la respiración como centro porque es el puente entre el cuerpo físico, el estado de ánimo y la mente. La práctica de una técnica o rutina ayuda a las personas con diferentes cuadros de estrés, pero normalmente no es recomendable practicarla cuando está presente una enfermedad mental.

 

Meditar ayuda a reordenar la mente y calmar la ansiedad. Mejora la comprensión de objetivos y motivaciones y equilibra el carácter. Algunos estudios científicos hechos en Japón acerca de la meditación zen registraron diferencias significativas entre el funcionamiento del sistema nervioso y cerebral de personas que meditaban regularmente y el de las que no.

En diversas escuelas orientales se suelen definir tres tipos básicos de pensamiento: cerebral, de corazón, y de tripas. Esto ha sido confirmado por la neurología moderna, observando que existen tejidos neuronales en diferentes partes del cuerpo que controlan diferentes impulsos, paralelos a las tres capas básicas del cerebro: impulsos instintivos que protegen los aspectos físicos, impulsos emocionales que mueven las motivaciones y la sensibilidad, e impulsos intelectuales que rigen las técnicas con que se resuelven problemas complejos

Dependiendo de la persona y la técnica, los cambios en la conciencia pueden ocurrir de diferentes formas. Pero lo verdaderamente importante es que nos lleve a Dios a lo transcendente, espero que este artículo os haya despertado el gusanillo para meditar las lecturas de cada día o los misterios del rosario, ahora ya sabéis que además de espiritual, el Rosario es terapéutico.

Fuentes consultadas:

–  Deshimaru, Taisen. Za Zen, la práctica del zen.

–  Jager, Willigis. En busca de la verdad.

– Jung, Carl Gustav (2008). Obra completa: Volumen 11. Acerca de la psicología de la religión occidental y de la religión oriental. XIV. Acerca de la psicología de la meditación oriental (1943/1948). Madrid: Trotta.

 

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

¿Hay que cumplir una promesa a un alma del purgatorio?

Esta es una pregunta que me hizo una amiga hace algunos años, y tras pasar el día de difuntos recientemente, ha vuelto a mi recuerdo como si algo me impulsase a contestar la misma pregunta de nuevo, y lo hago para todos.

De todas formas es mí punto de vista personal y a la luz de lo que conozco de la doctrina de la Iglesia; por ello intentaré dejar claro unos puntos que nos acercan a esta vertiente.

En algunos casos se relatan situaciones de personas que por la noche les han tirado de las sábanas, colchas, del pelo o les han despertado golpeando cualquier parte de los muebles, suponiendo en cualquier caso que es el familiar al que no se le ha cumplido la promesa. Normalmente se pueden comunicar con nosotros siempre que Dios se lo permita mediante los sueños, prestemos mucha atención a ellos, de todas formas, tengamos presente lo siguiente.

Primero hay que tener en cuenta que todos los humanos tenemos alma y cuando morimos esas almas irán al cielo o al infierno o, temporalmente al purgatorio en camino al cielo. Segundo que los que profesamos ser cristianos católicos, no oramos “a las almas del purgatorio” sino oramos “por las almas del purgatorio”. Pedimos a Dios por esas almas y se las encomendamos a María y los santos para que también aboguen por ellas.

Hay una gran diferencia entre pedir por y pedir a,  entre hablar por  y llamar o evocar a los difuntos (práctica de adivinación utilizadas por el espiritismo, la ouija, y otras prácticas ligadas al satanismo). Los efectos, influencias y estragos negativos ya se conocen muy bien.

 

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Ahora bien, Hay que hacer una aclaración: Los Santos, los Ángeles (buenos y malos), las almas del purgatorio, nosotros y todo lo creado (visible e invisible) son criaturas hechas por Dios y nada sucede sin el consentimiento del Señor.  Ni los santos, ni los Ángeles, ni siquiera la santísima Virgen María, nos hacen milagros, Ellos no hacen los milagros, Ni mucho menos las almas del purgatorio. Son intercesores ante Dios y pueden hacer que Dios actué en favor nuestro; pero quede claro que  es Dios quien hace los milagros o concede los favores.

Dios es la fuente y Origen de todo bien. El Sumo Bien, como diría nuestro Padre Seráfico San Francisco de Asís. Todos los santos y benditas almas pueden e interceden como he reseñado anteriormente por nosotros a Dios.  El Señor Compasivo y misericordioso, lleno de amor y de bondad atiende a las suplicas, siempre que sean favorables a nuestra salvación y al plan previsto por Él.

Más bien querido visitante de TRAS CRISTO Y FRANCISCO DE ASÍS,  las almas del purgatorio son las que necesitan realmente de nuestras oraciones  (no nosotros en la tierra) de auxilios y sufragios. Nosotros en la tierra no podemos evocar esas visitas (ya que están prohibidas terminantemente tanto en la biblia como en la doctrina de la Iglesia), tan solo las respetamos y respondemos para ayudarles (especialmente ofreciendo la Santa Misa).

Os recomiendo no buscar entrar en contacto con ellas (muchas personas tras un fallecimiento reciente, buscan consuelo en ello), porque corre el gravísimo peligro de establecer contacto más bien con algún espíritu malo o demonio espiritualmente hablando y corres también el peligro de un daño psicológico. Esto último se da en personas muy “crédulas” y sucede mucho más que lo anterior, porque cualquier cosa se achaca a la “posible presencia” de la persona fallecida, que en realidad no está presente.  Hay muchos  espíritus impuros que son muy astutos, y se disfrazan de seres de luz. Quieren perdernos y andan rondando buscando a quien devorar.

Cuidado y mantengámonos alerta. Hay fenómenos que podemos estar creando nosotros mismos (aunque la ciencia no le ha dado aún respuesta) y según algunos postulados de la física cuántica, nuestro pensamiento puede alterar algunas realidades de nuestro entorno cercano.

Las Benditas Almas, (si Dios lo permite por su infinita bondad) si es que se aparecen, siempre buscan el bien: promoción de la catequesis, mas fervor, mas devoción, incrementar el amor a la Santa Eucaristía, fomentar la Vida de Oración, la Práctica de la Caridad, vigilancia sobre sí en sus defectos y vicios a destruir por vía de la Confesión y la Conversión, etc. No buscan lo malo, ni pretenden hacer mal alguno.  Dios es un Dios bueno, justo y misericordioso, que siempre perdona al que se arrepiente y nos pide a sus hijos hacer siempre el bien, Nunca el mal.

El mal o daño está prohibido por el Señor para los que le aman y desean estar con Él. Y esto va también para las almas del purgatorio. Cuando algo viene de Dios, viene con paz. No le mete miedo, ni le roba la tranquilidad, si lo hace, ¡NO VIENE DE DIOS!.

Recordemos ahora un breve pasaje evangélico en el que Jesús habla del Caso del Rico Epulón y el Pobre Lázaro. En este relato la visita del difunto Lázaro a la tierra es pedida por el rico desde el infierno. Vemos que las almas están bajo la autoridad de Dios, quien en este caso niega la visita. (El Seno de Abraham no era propiamente el Paraíso Celestial, (que se abriría con la Muerte y Resurrección de Jesús), tampoco era el purgatorio actual, aunque, al no poder gozar en plenitud de Dios ya es un purgatorio.  El Seno de Abraham era la Patria ansiada de los fieles del Antiguo Testamento.

Nuestra oración por las almas de los difuntos solo puede ayudar a los que están en el purgatorio ya que la condición del infierno es irreversible y los que están en el cielo no necesitan oración, pero, como no tenemos la certeza si un alma está en el purgatorio o no (excepto en el caso de los que han sido llevado a los altares, en cuyo caso sabemos que gozan de la presencia de Dios), es recomendable orar por todos los difuntos.

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Nuestras oraciones por las almas del purgatorio pueden reducir sus penas en intensidad y duración.  CUANDO ESTAS ALMAS LLEGUEN AL CIELO (ANTES NO PUEDEN) SIN DUDA REZARÁN POR SUS BENEFACTORES. En las oraciones litúrgicas de la Iglesia, se invoca con frecuencia a los ángeles y a los santos en favor de la Iglesia sufriente, es decir, por las almas del purgatorio

Las Benditas Almas (por deseo expreso de Dios o con su permiso)  han visitado a personas piadosas o en camino a la santidad. Entre las personas que han recibido visitas de las Benditas Almas: Santa Gemma Galgani, el Papa San Gregorio Magno, Santa Brígida de Suecia, Santa Catalina de Génova, Santa Faustina, Sta. Margarita María, y muchos otros.

¡No se puede negar el testimonio de tantos santos reconocidos por la Iglesia! Lo que nunca se debe hacer  sea cual sea la promesa o situación por la que estemos atravesando es ir a un brujo, espiritista, etc. para acabar con cualquier mal, promesa o atraer algún supuesto bien; cuando digo brujo me refiero también a videntes, médium, curanderos, santones, etc., porque el daño aparte de espiritual, también puede ser psicológico en cuanto lo que tú crees y piensas afecta de manera muy fuerte al subconsciente y esto está probado por la ciencia hoy día.

Sólo se debe acudir a religiosos o sacerdotes,  o a grupos de oración de cualquier índole para que te puedan ayudar. Ir a un brujo o astrologo  no sólo no solucionará nada, sino que puede poner una influencia maligna donde no la hay.

Las promesas yo pienso como franciscano, que mejor no hacerlas, porque está en la naturaleza humana el no cumplirlas (eso no quiere decir que muchos las cumplan y de echo lo hacen) y si hacemos alguna que sea a Dios. Pero ojo esto es serio y hay que ver si la vamos a cumplir.  No olvidemos por tanto pedir ayuda a Dios para cumplirla.

¿Ahora que puedo entonces hacer por un alma que este en el purgatorio?; pues lo normal, que es rezar por ella, hablarle si quiere y decirle cuanto la echa de menos, y más pronto que tarde, dejarla ir (es decir saber que está en un lugar mejor y que nuestra vida es nuestra y debemos vivirla aceptando lo que es inevitable, todos vamos a pasar por ello); una obra buena, una limosna a un necesitado, visite algún anciano u enfermo, puede dejar algún vicio, corregir algún defecto, ser más solidario, dar comida al hambriento, por un día en la medida de sus posibilidades hacer todo el bien a cuanto pueda sin esperar ni pedir nada a cambio, ser un buen hijo, esposo, amigo, ser más humilde de corazón.

Dar alegría en lugar de estar siempre enfadado y tratar a todo el que veas como tú quisieras de él ser tratado.  Espero haber ayudado a alguien a esclarecer dudas, que es para lo que he escrito este artículo.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

La eficacia de la oración

La eficacia de la oración no consiste en que Dios cambie su voluntad para hacer la nuestra, sino en que nosotros conformemos nuestra voluntad a la suya. De ahí, que todas nuestras peticiones deben estar condicionadas al plan salvífico de Dios, deben integrarse en la búsqueda del Reino de Dios: “Buscad primero el Reino y su justicia y todas esas cosas se os darán por añadidura” (Mt 6,33). Nuestra oración es eficaz cuando nos ayuda a convertirnos al Reino de Dios, cuando nos hace más cristianos, cuando permitimos que el Espíritu de Cristo nos habite más profundamente y nos haga gritar con más fe: “¡Abba, Padre!”.

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Si la oración no me lleva, de alguna manera, aunque sea en grado mínimo, a tomar conciencia del amor que me une al Padre en Cristo con el Espíritu, esa oración no alcanza en mí su verdadera eficacia. Si después de la oración yo no soy de alguna manera diferente de lo que era antes, si la oración no me ha ayudado a tomar conciencia de lo que soy para Dios y de lo que Dios es para mí; si no me hace descubrir con más fe mi dependencia, mi creaturalidad, mi necesidad de Dios, si no me descubre con más luz el amor apasionado con que Dios espera mi conversión… esa oración, por sí sola, sin nosotros, sin nuestra conversión, no da gloria a Dios.
Esto no quiere decir que no debamos pedir a Dios cosas muy concretas para nuestra vida. La comunidad cristiana lo ha hecho continuamente. Sabemos que si son para nuestro bien Dios nos las concederá, pues como dice san Agustín, “Dios está más deseoso de conceder que nosotros de recibir” (Serm. 105 P.L. 38, 619).

Algunos han creído que si Dios nos concede lo que nosotros le pedimos, Dios perdería su autonomía y su libertad divina. Entonces se olvida algo que nunca debemos olvidar: que la verdadera oración es ella misma un don de Dios, actividad del Espíritu que habita en nosotros, nos olvidamos que “en El vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17, 25), que estamos totalmente inmersos en Dios. La oración que hacemos con fe a Dios siempre es escuchada aunque la respuesta de Dios no responde necesariamente a nuestra petición sino a nuestra necesidad. El poder benéfico de la oración de fe al Dador de la Vida. El conoce al dedillo cómo estamos hechos.

La oración y la Fe obra milagros significativos, sino que se lo digan a un familiar mío al que le daban hace 45 años por muerto en el hospital por una pancreatitis aguda, de 100 pacientes enfermos, salía solo 1; y le “toco a él”.  Durante meses cuando éramos niños, nuestro maestro D. Restituto Valverde Zafra un buen cristiano, nos llevaba a la Iglesia de San Bartolomé de Andújar al Sagrario y toda la clase pedía por este familiar. Tengo claro hoy que fue un milagro de Dios, hoy como fraile franciscano tengo presentes esos recuerdos al escribiros este artículo. Significa que fe y ciencia bien pueden ir de la mano y lograr resultados sorprendentes en las personas.  Cuando el ser humano logra colocar a Dios en su lugar, todo lo demás se acomoda maravillosamente bien.  Es cuestión de que extendamos un poco más seguido las manos hacia el cielo.

Siempre oración aún en los momentos más duros. Que nuestro Padre San Francisco os bendiga.

Fray  Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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