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Los Santos Arcángeles

Desde pequeños hemos leído sobre los Arcángeles de Dios, seres puros, creados por Dios como sus compañeros y servidores. La Biblia nos enseña que cada uno de ellos tiene una función especial asignada por Dios, como la tenemos nosotros aquí en la tierra. Nadie sobra ni en el cielo, ni en la tierra, cada uno tiene su cometido.

 

Hoy la Iglesia celebra la Fiesta de San Miguel, San Rafael y San Gabriel, los tres arcángeles más conocidos por las escrituras, aunque hay muchos más. En la cábala judía aparecen muchos más, y sus nombres.  En muchos apócrifos de la Iglesia, también aparecen. Su misión acompañar al hombre, a naciones o a pueblos en sus vicisitudes por este “valle de lágrimas” hasta llegar a Dios.

 

Se les invoca especialmente para luchar contra la presión demoniaca (el primer y mejor armamento de Satanás, es precisamente que no se crea en él, en su existencia. Porque eso certificaría, que Dios también existe) ya desde tiempos inmemoriales. En muchos escritos medievales y tratados sobre demonología, aparece especialmente San Miguel como baluarte y defensor de los que luchaban contra el demonio. Luzbel, o satanás (como lo queramos llamar) fue uno de los mejores ángeles creados por Dios, pero como ya sabemos, Dios ama tanto a sus creaciones, que les da el “libre albedrío”, también se los dio a los ángeles y ya sabemos el resultado.

 

San Miguel arcángel se puede decir que es un general de los ángeles de Dios, es el arcángel invocado por la Iglesia para defenderse de los ataques del demonio, tanto que el Papa León XIII escribió una oración dedicada expresamente a él.

 

No hace falta decir que hoy en día estamos viviendo una división “dentro de la Iglesia” y quien no lo quiera ver, es simplemente un iluso. Parece que los ángeles han sido enviados por Dios para “separar el trigo de la cizaña”, lo bueno de lo malo, o los que se creen tan buenos y son lo contrario o al revés.  Señal premonitoria de que algo no va bien, es cuando nos sentimos buenos; tanto que no nos sentimos pecadores.  No se trata de “creerse uno una cosa u otra”, sino de lo que realmente se es. Muchas veces Dios nos pone en el camino a personas muy pecadoras, para que nos demos cuenta de nuestra falta de Amor por el hermano. Puedo ser muy bueno o parecerlo, pero si miro por encima del hombro a mi hermano (que precisamente me lo ha puesto Dios para bien y para el suyo) es que el amor de Dios no está en mí. El Espíritu que inhabita en nosotros no es el Espíritu Santo, será más bien…otro.

 

¡No juzgues, en su lugar ama!, ¿Pero si yo no juzgo, rezo por mi hermanos?. Sí, sí; rezas por tus hermanos, pero ya los has juzgado y condenado en tu corazón. Hipócrita, quita la paja de tu ojo, y después verás de quitar la de tu hermano.

 

No digo que no haya gente buena, pero no sentirse pecador, es signo de que algo anda mal, porque no hay humildad, y no se está en el amor de Dios. Ante Dios TODOS SOMOS PECADORES, por muy buenos que nos creamos SOLO DIOS ES BUENO (escrito esta en las escrituras); no queramos ser orgullosos como aquel que relata el evangelio que en la Sinagoga se las daba de bueno, porque iba todos los días a los oficios, ayunaba, etc., y el otro el pecador estaba allí llorando y pidiendo perdón por sus pecados (con un corazón contrito y humillado); Dios se complace en el sencillo y el humilde.

 

Para terminar fijemos nuestra mirada en la sencillez y obediencia de los Arcángeles de Dios, como sirven a Dios y a los hombres, cuando su diseño es superior al nuestro por naturaleza (siempre según las escrituras); pues ese mismo cariño, respeto y amor, es el que nos piden nuestros compañeros los ángeles.

Dios aborrece el pecado, por eso nos manda en nuestra ayuda a los Santos Arcángeles. Hoy especialmente pidamos su intercesión para la iglesia y para nosotros mismos.


AGUILAR PEDRERA CRISTOBAL (246)

Programador de Sistemas de Alto nivel, Monitor Experto para cursos de Formación Profesional Ocupacional y Monitor de para cursos de Fundaciones Laborales. Dedicado desde el año 1995 a la enseñanza Informática, impartiendo cursos a entidades privadas y empresariales, incluyendo a particulares. Monitor avanzado en Redes y comunicaciones.

 

Preguntas y respuestas sobre las Navidades

1. ¿Quién ordenó el 25 de diciembre como fecha de celebración de la Navidad?

2. ¿Quién construyó el primer Pesebre?

3. ¿Cuándo aparece el Árbol de Navidad y de dónde es originario?

4. ¿Cuándo empezó la tradición de los Reyes Magos?

5. ¿Sabes de dónde es originaria la flor de Nochebuena y qué representa?

6. ¿De dónde viene la imagen de Santa Clós?

7. ¿Qué son las Posadas?

8. ¿Sabes lo que significa la Piñata?

9. ¿Por qué la costumbre de prender Velitas el 7 y 8 de diciembre?

10. ¿Qué son las Pastorelas?

11. ¿Quiénes fueron los precursores de los Villancicos y qué son?

12. ¿Qué significa la Corona Navideña?

13. ¿Sabes lo que significan las Esferas y los colores de las mismas?

14. ¿Qué se celebra en Navidad?

RESPUESTAS

1. El obispo romano Liberio, en el año 354. Otro texto habla del año 345 como la fecha en que fue oficialmente reconocida, por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno.

2. San Francisco de Asís, en 1223, escenifico las escenas del Nacimiento de forma real, siendo el iniciador de esta entrañable tradición cristiana.

3. Se remonta a la era precristiana, cuando en invierno se ponía en las casas hojas y plantas verdes para evocar el verano. Es original del Suroeste de Alemania. Sólo hasta el siglo IX se comenzaron a colocar los abetos -pinos- en las iglesias cristianas.

4. En el siglo IV.

5. Esta flor es originaria de México. Su nombre en nahuatl es tlazochitl que significa flor que se marchita. Para los aztecas simbolizaba la sangre de los sacrificios que los indígenas ofrendaban al sol para renovar sus fuerzas. Los españoles la bautizaron como flor de Nochebuena porque florece en diciembre y la utilizaron como símbolo de las fiestas navideñas.

6. Tuvo su origen en la historia de San Nicolás. Nicolás nació en Asia Menor (hoy Turquía). Fue elegido obispo de esta sede y se hizo famoso por su piedad y bondad ayudando a los pobres. El nombre de Santa Clós viene de la evolución del nombre de San Nicolás: St. Nicklauss, St. Nick, St. Klauss, Santa Claus y Santa Clós.

7. Las Posadas son fiestas que tienen como fin, preparar la Navidad. Comienzan el día 16 y terminan el día 24 de diciembre. Se llevan a cabo los nueve días previos a la Navidad que simbolizan los nueve meses de espera de La Virgen María; coincidiendo el último día con la festividad de la Natividad. Históricamente, fueron implantadas por los españoles con el fin de evangelizar, tomando como base una celebración azteca.

8. La piñata representa al demonio. La piñata clásica tiene siete picos que son los siete pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza). Al romperla y caer el relleno se rompe con el mal y se obtienen los bienes anhelados.

9. Esta costumbre ha tenido un soporte religioso. Además, concuerda con la celebración del día de la Virgen Inmaculada y simboliza el agradecimiento a Dios por lo favores recibidos. Cabe anotar que el fuego siempre ha despertado en los hombres un sentimiento muy especial: salir de la oscuridad para entrar a la luz, a la verdad y a la vida eterna.

10. Las pastorelas son representaciones escénicas, de marco festivo que se refieren a acontecimientos previos a la venida de Jesús y termina con el esplendor del Pesebre y la adoración de los pastores.

11. Los alemanes. Es una canción popular. Eran inventados por los campesinos, generalmente con carácter religioso. Es una mezcla del espíritu plebeyo y culto. Comenzaron a utilizarse en las ceremonias religiosas de Navidad en el siglo XVI. El más famoso es Noche de paz, traducido a casi 300 idiomas. Cumple 183 años desde que sonó por primera vez en Austria.

12. La forma circular es un signo pagano que significa la felicidad y el alejamiento de las desgracias. Los accesorios rojos, ya sean moños o bolas, simbolizan luz y vida.

13. Simbolizan las oraciones que se hacen durante el periodo de Adviento. Los colores de las esferas también tienen un significado: azules, oraciones de arrepentimiento; plateadas, de agradecimiento; doradas, de alabanza; y rojas, de petición.

14. La celebración de la Navidad nos recuerda que Dios no está lejos, sino muy cerca de nosotros. En Navidad, celebramos al Niño Jesús que es Hijo de Dios. En Él, Dios nos mostró su rostro humano, para salvarnos y amarnos desde la Tierra.

Espero haberos despejado algunas dudas. Feliz Navidad.

 

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

El Ángel de la Navidad viene a tu encuentro…

Pronto llega el día en que se festeja el acontecimiento más divino que ha presenciado la humanidad, el milagro más grande de la Creación: el nacimiento de Jesús… del divino y sublime Jesús… que tomó cuerpo humano para participar con la humanidad y traer  mensajes de paz, amor, bienestar, perdón, esperanza y felicidad. Desciendo con mi esplendor  para cubrir el planeta. Los ángeles, en este día, nos regocijamos. Hay fiestas, celebraciones, sana algarabía en el cielo… no hay palabras para describir la alegría celestial. Porque en el día de hoy Cristo baña con su resplandor a la humanidad con una luz tan bella que no hay humano que pueda contemplar la maravilla de las bendiciones que a través de destellos descienden sobre la Tierra y sobre cada ser humano. Es un día espectacular… ojala comprendierais la importancia de este día. Ojala pudierais participar del amor de Dios en la forma que lo envía, en la forma en aquello derrama en este día. Llego con una enorme corte celestial con himnos de amor, cánticos divinos y villancicos celestiales… para que despertéis a Cristo que vive en vuestro corazón. Para que os acerquéis al altar de vuestra alma y depositéis allí, en el pesebre, todo vuestro amor. Para que lo irradiéis hacia toda la Creación. Este es día de amar, de perdonar, de limpiar el alma, de purificar el corazón… y de abrirse a los regalos de Dios. Ahora, con reverente actitud, con amor y fervor, arrodíllate y bendice al Niño que ha nacido hoy..…….

Cuanto más te acercas a mí, más fuerte es el escudo de mi luz. Cuando te acuerdas de enviarme una oración, un saludo o una simple sonrisa, puedo desplegar mis alas y cobijarte donde estés… y producir hasta milagros cuando lo requiere la ocasión, para mantener la armonía, la paz y el amor. Sólo necesito que me des un poco de luz para poder actuar. Mi función es llegar a los corazones de los padres para que el ambiente familiar preludie la llegada de hijos con un alto desarrollo espiritual y elaborar las situaciones para que se adapten entre sí y se mantengan unidos, apoyados en el principio del amor. Despertar la piedad filial, el amor fraternal y mantener el respeto y la responsabilidad paternal. A diario derramo bendiciones de Dios para que tengáis medios de subsistir… para que cumpláis los designios divinos y difundáis el dulce amor celestial. Yo Soy el Ángel Unificador de tu familia… Llámame… búscame… intégrame a tu vida… Ponte en mis manos y permite que te presente a los ángeles de tu hogar, que hace mucho están junto a ti esperando… aguardando el momento de que les prestes atención.

Transcripción: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

La Inmaculada concepción de María es plenitud y voluntad de Dios

Hoy celebramos la Inmaculada Concepción de María, que la Iglesia resalta con especial solemnidad. Además de ser la Patrona de la Provincia Franciscana de España, lo es también de las hermanas Concepcionistas, y  de otras muchas órdenes e institutos religiosos. A otro nivel, también resaltar que es la Patrona de España, como todos sabemos desde Carlos III;  lo es también de diferentes cuerpos militares, como la infantería española, el cuerpo eclesiástico del Ejército y el Estado Mayor, entre otros.

Con este preámbulo he querido destacar la importante estela que María Inmaculada ha dejado en mundo religioso y de lo mundano, al correr de las épocas.

El dogma de la Inmaculada Concepción, también conocido como Purísima Concepción, es una creencia de todos los que nos sentimos católicos que sostiene que María, madre de Jesucristo, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original sino que, desde el primer instante de su concepción, estuvo libre de todo pecado.  De este modo, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María libre de todo pecado.

Fue el papa beato Pío (noveno) IX  quien el 8 de diciembre de 1854 definió el dogma sobre la Inmaculada concepción. Aprovecho para recordar lo que dijo en ese momento: “La doctrina enseña que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su Concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, es revelada por Dios y por lo mismo debe creerse firme y constantemente por todos los fieles”.

Pero si hay un defensor singular de la Inmaculada, que en este día no podemos obviar, fue sin duda nuestro hermano franciscano el beato Juan Duns Escoto. Su santidad y buen hacer fue reconocido en nombre de la Iglesia por  San Juan Pablo II 6 de Junio de 1.991.

Como digo Duns Escoto para llamarlo familiarmente, fue el que por primera vez defendió en París hacia el 1304-1307 la doctrina de la Inmaculada Concepción, fue una disputa acalorada donde tuvo que escuchar doscientos argumentos en contra de la doctrina de la Inmaculada, los cuales fue refutando uno a uno, con tal maestría y astucia que convenció a todos sus adversarios. El ardor y sagacidad conque defendió la doctrina de la Inmaculada, le valdría el nombre de Doctor sutil. Nuestro hermano lucho afanosamente  y tras él muchos otros hermanos, hasta que la iglesia más tarde, como ya he mencionado anteriormente, reconociese oficialmente el dogma de la inmaculada.

El nombre de Inmaculada es de origen latino, derivado de “in-macula”, que viene a significar “sin mancha”. Y esto principalmente es lo que hoy quiero resaltar sobre todo: la pureza de María. Si fue por tanto preservada por Dios para ser su seno el lugar privilegiado donde se encarnaría el Salvador del mundo; parece lógico pensar también que si Dios doto a una criatura como nosotros de tal excelencia, no era sino para manifestar el tremendo amor que tiene por sus criaturas (todas ellas, en todos sus géneros sin distinción) y lógico también afirmar, que si lo hizo así (valga la redundancia) fue para que la Divinidad pudiese inhabitar en un lugar Santo y Puro.

Pero la Virgen María no es Inmaculada o pura, porque lo diga una persona o institución como la Iglesia, sino que lo es porque Cristo, ha querido encarnarse en su vientre, es la divinidad misma la que en su infinita voluntad ha querido abajarse y con ello se nos da una primera lección: la humildad. La misma humildad que sabemos obtiene María, la humildad que exige Dios a todos los que le siguen (escrito esta: Dios resiste a los soberbios), por consiguiente si fue preservada del pecado también pudo dar a luz de una forma preternatural (es decir más allá de lo natural), conservando así por la misma voluntad divina su virginidad.

Además de la Inmaculada Concepción de María, quiero recalcar el dogma de la Maternidad Divina que refiere  a que la Virgen María es verdadera Madre de Dios.

Como el dogma de la Inmaculada; éste fue  solemnemente definido por el Concilio de Éfeso (año 431), uno de los dogmas más antiguos de la Iglesia, y tiempo después, fue proclamado por otros Concilios universales como el de Calcedonia y los de Constantinopla.

Verdades estas reconocidas por los cristianos en general  y por la Iglesia particularmente en su tradición y que es atacada por algunos sectores, aduciendo un conocimiento que más que provenir del estudio de las escrituras y de su análisis positivo, parece provenir de otros lugares que no voy a nombrar…,  son aquellos, los que se dice  dicen hijos de ella y que debieran defenderla.  Para tales figuras,  cuando los cepillos y estipendios vienen por las fiestas de la Virgen, ¡qué buena que es la Virgen!, cuantas alegrías le profesan, cuantos vivas al aire, su paga es el vientre y las lisonjas de aquellos con formas de lobo y cabezas de asno;  sus palabras pronuncian sino los sonidos fatuos de la hediondez de su alma.

Ingratos estos hijos, que no caen en la cuenta de que cuando se menosprecia a la madre, se está menospreciando al Hijo. La unidad de Cristo fue en lo espiritual como en lo carnal delgadísima;  porque tomo carne de ella en el seno purísimo de María, nunca un cuerpo ha estado tan cerca de otro. Esa unión la hemos tenido todos con nuestras madres, nunca estuvimos tan unidos a ella y nunca lo estaremos tanto, cuerpo y alma eran unidad, dentro de la diversidad de seres.

No podemos negar por tanto que Dios ha elegido a un ser humano de entre todos y ha querido depositar en ella la inhabitación de la segunda persona de la Trinidad (otra verdad que también puede ser negada en diversos ambientes, como lo fue en el pasado), a poco que pensemos lógicamente (porque somos inteligencias sentientes) dotados de algo más que de meros impulsos o instinto; , nos daremos cuenta de que esa persona a partir de esa elección divina, ya no es igual a todos los demás, puesto que de alguna forma, se la ha dotado de gracias específicas y de dones que hacen de ella una figura que brilla con luz propia de entre todas las demás criaturas.

¿Acaso no sintió María, los dolores de su Hijo al pie de la cruz como nos relata el evangelio?,  ¿no sufrió cuando se perdió por tres días cuando andaban de viaje?, cuando de pequeño se caía y tropezaba, como todos nosotros.

María estaba dotada como todos nosotros de una inteligencia sentiente. Y es este SENTIR, lo que precisamente junto con el INTELIGIR, que la hace especial a ella y  nos hace especiales a todos por encima de  las demás criaturas.  Dios es Amor, y ese amor los trasmitió a su Hijo, el cual a su vez, lo dona a su Madre María. El SENTIMIENTO es una parte muy importante del Amor, este sentimiento es el que hace defender a Duns Escoto la Inmaculada Concepción de María, que hoy celebramos con especial cariño y ese sentimiento es el que experimentamos todos cuando amamos a alguien con una expresión tan fuerte que nos hace saltar lágrimas, o alegrarnos cuando esa persona está cerca de nosotros.

Que siempre tengamos sentimientos de Amor para esa Madre Inmaculada, Virginal que es María, que solo pronunciar su nombre nos haga saborear las mieles del panal de Dios, que el azahar que destila su intercesión por nosotros a su Hijo sea la Luz que nos ilumine en esta Navidad.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Carta de Jesús Sacramentado para tí

No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames con fervor. Háblame, pues, aquí sencillamente, como hablarías a tu madre, a tu hermano. ¿Necesitas hacerme en favor de alguien una súplica cualquiera? Dime su nombre, bien sea el de tus padres, bien el de tus hermanos y amigos; dime en seguida qué quisieras que hiciese actualmente por ellos. Pide mucho, mucho, no vaciles en pedir; me gustan los corazones generosos que llegan a olvidarse en cierto modo de sí mismos, para atender a las necesidades ajenas. Háblame así, con sencillez, con llaneza, de los pobres a quienes quisieras consolar, de los enfermos a quienes ves padecer, de los extraviados que anhelas volver al buen camino, de los amigos ausentes que quisieras ver otra vez a tu lado.

Dime por todos una palabra de amigo, palabra entrañable y fervorosa. Recuérdame que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón ; y ¿no ha de salir del corazón el ruego que me dirijas por aquellos que tu corazón especialmente ama?

Y para ti, ¿no necesitas alguna gracia? Hazme, si quieres, una lista de tus necesidades, y ven, léela en mi presencia. Dime francamente que sientes -soberbia, amor a la sensualidad y al regalo; que eres tal vez egoísta, inconstante, negligente… ; y pídeme luego que venga en ayuda de los esfuerzos, pocos o muchos, que haces para quitar de ti tales miserias.

No te avergüences, ¡pobre alma! ¡Hay en el cielo tantos justos, tantos Santos de primer orden, que tuvieron esos mismos defectos! Pero rogaron con humildad… ; y poco a poco se vieron libres de ellos.

Ni menos vaciles en pedirme bienes espirituales y corporales: salud, memoria, éxito feliz en tus trabajos, negocios o estudios; todo eso puedo darte, y lo doy, y deseo que me lo pidas en cuanto no se oponga, antes favorezca y ayude a tu santificación. Hoy por hoy, ¿qué necesitas? ¿qué puedo hacer por tu bien? ¡Si supieras los deseos que tengo de favorecerte !

¿Traes ahora mismo entre manos algún Proyecto? Cuéntamelo todo minuciosamente. ¿Qué te preocupa? ¿qué piensas? ¿qué deseas? ¿qué quieres que haga por tu hermano, por tu amigo, por tu superior? ¿qué desearías hacer por ellos?

¿Y por Mí? ¿No sientes deseos de mi gloria? ¿No quisieras poder hacer algún bien a tus prójimos, a tus amigos, a quienes amas mucho, y que viven quizás olvidados de Mí?

Dime qué cosa llama hoy particularmente tu atención, qué anhelas más vivamente, y con qué medios cuentas para conseguirlo. Dime si te sale mal tu empresa, y yo te diré las causas del mal éxito. ¿No quisieras que me interesase algo en tu favor? Hijo mío, soy dueño de los corazones, y dulcemente los llevo, sin perjuicio de su libertad, adonde me place.

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¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame, cuéntame, alma desconsolada, tus tristezas con todos sus pormenores. ¿Quién te hirió? ¿quién lastimó tu amor propio ? ¿quién te ha despreciado? Acércate a mi Corazón, que tiene bálsamo eficaz para curar todas esas heridas del tuyo. Dame cuenta de todo, y acabarás en breve por decirme que, a semejanza de Mí todo lo perdonas, todo lo olvidas, y en pago recibirás mi consoladora bendición.

¿Temes por ventura? ¿Sientes en tus almas aquellas vagas melancolías, que no por ser infundadas dejan de ser desgarradoras? Échate en brazos de mi providencia. Contigo estoy; aquí, a tu lado me tienes; todo lo veo, todo lo oigo, ni un momento te desamparo.

¿Sientes desvío de parte de personas que antes te quisieron bien, y ahora olvidadas se alejan de ti, sin que les hayas dado el menor motivo? Ruega por ellas, y yo las volveré a tu lado, si no han de ser obstáculo a tu santificación.

¿Y no tienes tal vez alegría alguna que comunicarme? ¿Por qué no me haces partícipe de ella de un  buen amigo ?

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Cuéntame lo que desde ayer, desde la última visita que me hiciste, ha consolado y hecho como sonreir tu corazón. Quizá has tenido agradables sorpresas, quizá has visto disipados negros recelos, quizá has recibido faustas noticias, alguna carta o muestra de cariño; has vencido alguna dificultad, o salido de algún lance apurado. Obra mía es todo esto, y yo te lo he proporcionado: ¿por qué no has de manifestarme por ello tu gratitud, y decirme sencillamente, como un hijo a su padre: « ¡Gracias, Padre mío, gracias!»? El agradecimiento trae consigo nuevos beneficios, porque al bienhechor le gusta verse correspondido.

¿Tampoco tienes Promesa alguna para hacerme? Leo, ya lo sabes, en el fondo de tu corazón. A los hombres se les engaña fácilmente; a Dios, no. Háblame, pues, con toda sinceridad. ¿Tienes firme resolución de no exponerte ya más a aquella ocasión de pecado? ¿de privarte de aquel objeto que te dañó? ¿de no leer más aquel libro que exaltó tu imaginación? ¿de no tratar más aquella persona que turbó la paz de tu alma ?

¿Volverás a ser dulce, amable y condescendiente con aquella otra a quien, por haberte faltado, has mirado hasta hoy como enemiga?

Ahora bien, hijo mío; vuelve a tus ocupaciones habituales, al taller, a la familia, al estudio… ; pero no olvides los quince minutos de grata conversación que hemos tenido aquí los dos, en la soledad del santuario. Guarda, en cuanto puedas, silencio, modestia, recogimiento, resignación, caridad con el prójimo. Ama a mi Madre, que lo es también tuya, la Virgen Santísima, y vuelve otra vez mañana con el corazón más amoroso, más entregado a mi servicio. En mi Corazón encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.

Fuente: Quince minutos con Jesús Sacramentado. Manual de la Adoración Nocturna.

Transcrito: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

La paz verdadera solo viene de Dios

Paz, virtud divina, la que el mundo anhela
La que con sus fuerzas trata de obtenerla
Por más que te esmeres,
por más que lo intentes
Jamás de esa forma podrás poseerla.

La paz no es palabras, ni ausencia de guerra
La paz no se crea, tampoco se inventa.
Con todo el dinero que existe en la tierra,
Ni aun con tu vida, podrás obtenerla.

Paz que sobrepasa todo entendimiento
Aun para los sabios la paz es misterio.
No es con la razón, no es el intelecto
Jamás con tu mente podrás comprenderlo.

La paz la da Dios, regalo del cielo
Por gracia infinita que no merecemos
Para los humildes, para los honestos
Dadiva  divina que no tiene precio.

Busca la justicia, cree al Verdadero
Entra en amistad con el Dios eterno
Solo hay un camino, único sendero,
Príncipe de paz, Jesús, el Cordero.

Nuevas de gran gozo te traemos hoy
Esa paz que anhelas; es la paz de Dios.
Es la paz que sacia, es la paz que llena
Recibe y disfruta La paz verdadera,

Esta Paz es la que trae el Adviento,

La alegría de la venida del Señor,

A todos los corazones, incluso a los que

Lo rechazan, viene cogida de la mano de

María. Porque María de la mano de Jesús

Trae la paz a los corazones.

 

Un autor anónimo y Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Meditación y oración mental

Cualquier tipo de oración es buena, pero la mental es fabulosa porque siempre nos pone en conexión con Dios. Es también llamada meditativa y es muy conveniente  para el progreso de la vida espiritual. Nuestra relación con Dios se establece por el ejercicio de las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Son ellas las que deben establecer esa divina comunicación “con quien sabemos que nos ama” (Santa Teresa). Por ello la meditación no exige técnicas depuradas, aun cuando éstas nos puedan ayudar. “Si amáramos a Dios, la oración nos sería tan natural como la respiración” (San Juan María Vianney). Los antiguos monjes se unían a Dios por la repetición afectuosa de jaculatorias. Con todo, vamos a ver algunos consejos:

La  capacidad de meditar guarda proporción con tu espíritu de mortificación, abnegación, vida interior, santidad. “Tanto mayor capacidad tendremos cuanto más fielmente lo creamos, más firmemente lo esperemos, más ardientemente lo deseemos” (San Agustín).

La meditación requiere un lugar adecuado: si no puedes ir al templo, puedes hacerla en tu misma casa, buscando en ella el ambiente y el momento más tranquilo. Como Cristo, que para orar huía a la soledad del monte o de la noche. Pero recuerda que en cualquier lugar que estuvieses, tú mismo eres templo vivo de la Santísima Trinidad pues Cristo ha dicho: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn. 14, 23). Somos inhabitación del Espíritu Santo y algunos hermanos míos visitantes de TRAS CRISTO Y FRANCISCO DE ASÍS, parece que lo olvidan. También es bueno el silencio interior, que es la disposición del corazón para tratar y escuchar a Dios; pero también debes buscar el silencio exterior.

Hay que procurar tomar una postura cómoda y en lo posible en un lugar o momento en el que sepamos nadie nos va a molestar.  Es muy conveniente ayudarse con un libro como instrumento (otros usan la música relajante), en especial los escritos de los santos. Pero poca dosis y mucha actividad interior. Si no puedes otra cosa, haz lectura meditada. Pero no conviertas ese momento en simple lectura o estudio.

La idea es que sea un lugar de amistad y contacto con Dios, es decir, el mutuo conocerse y contemplarse y el mutuo amarse. Así precisamente la definió Santa Teresa: “Es tratar de amistad con aquél que nos ama”. Y San Ignacio: “Como un amigo habla a otro, o un siervo a su señor; ya sea pidiendo alguna gracia, ya sea culpándose por un mal hecho, ya sea comunicando sus cosas y queriendo consejo en ellas”. De allí que posea tres elementos fundamentales: “Qué hablamos, con quién hablamos, quiénes somos los que osamos hablar” (Santa Teresa).

El lenguaje de la meditación es el lenguaje del corazón. Si se deben usar palabras es porque ellas disponen el alma. Abandónate desde el principio y deja que  Cristo medite en ti y contigo. Préstale tu mente y tu corazón para que todo suba al Padre por Él, con Él y en Él.

 Reconstruye la escena que vas a meditar (yo así lo hago muchas veces e incluso me pongo hablando con los personajes, como si estuviera viviendo el momento) e intenta meterte en la situación, no se trata de crear un vació en la mente, sino todo lo contrario, llenarla del misterio de Dios. Si se trata de un pasaje evangélico, trasládate con la imaginación al sitio, procura ponerte en ambiente. Actualiza los hechos.

Me parece interesante el que se parte de un lugar o punto concreto como, como una fiesta litúrgica, el evangelio del día o el temario corrido de un libro. Pero debes tener la libertad de elegir algún tema que te afecte directamente en ese momento como una aflicción que estás padeciendo, una decisión que tomar, un acontecimiento para interpretar a la luz de la fe y la Providencia. Así obró la Santísima Virgen María que ante los acontecimientos de la vida cotidiana de su Hijo, se dice que “guardaba cuidadosamente esas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc. 2, 19, 51).

Siempre hay muchos modos  de orar y meditar. Puede hacerse con una simple jaculatoria; la repetición lenta del Padre nuestro, el Ave María u otra oración; la lectura pausada de un texto; la participación devota de la Santa Misa, el Vía Crucis o el Rosario; el recorrido con la mente y el corazón de alguna de las verdades de la fe.

Es frecuente que nos parezca que no somos escuchados o que Dios no nos hace caso, no se siente ninguna devoción, parece que hemos retrocedido, con grandes dificultades para concentrarnos, sin embargo la oración es siempre escuchada. Dios muchas veces calla, para ver nuestras actuaciones y perseverancia.

Pero ten seguridad, de que todas las oraciones son escuchadas, sobre todo las causadas por algún tipo de dolor.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Los ángeles según el catecismo de la iglesia católica

Estos extraordinarios seres nos acompañan en realidad, como seres de luz, energéticos (los llaman ahora), espirituales, de una corporeidad trascendente. Para que tengamos claros que es lo que dice el magisterio de la Iglesia sobre ellos acudiremos a las partes más importantes del catecismo en donde se hace referencia a ellos.

 El catecismo nos indica:

328 La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. E1 testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.

Quiénes son los ángeles

329 S. Agustín dice respecto a ellos: “Angelus officii nomen est, non naturae. Quaeris numen huins naturae, spiritus est; quaeris officium, ángelus est: ex eo quad est, spiritus est, ex eo quod agit, ángelus” (“El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel”) (Psal. 103, 1, 15). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan “constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18, 10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal 103, 20).

330 En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales (cf Pío XII: DS 3891) e inmortales (cf Lc 20, 36). Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello (cf Dn 10, 9‑12).

Cristo “con todos sus ángeles”

331 Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles…” (Mt 25, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para E1: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él” (Col 1, 16). Le pertenecen más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: “¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?” (Hb 1, 14).

332 Desde la creación (cf Jb 38, 7, donde los ángeles son llamados “hijos de Dios”) y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (cf Gn 3, 24), protegen a Lot (cf Gn 19), salvan a Agar y a su hijo (cf Gn 21, 17), detienen la mano de Abraham (cf Gn 22, 11), la ley es comunicada por su ministerio (cf Hch 7,53), conducen el pueblo de Dios (cf Ex 23, 20‑23), anuncian nacimientos (cf Jc 13) y vocaciones (cf Jc 6, 11‑24; Is 6, 6), asisten a los profetas (cf 1 R 19, 5), por no citar más que algunos ejemplos. Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús (cf Lc 1, 11.26).

333 De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce “a su Primogénito en el mundo, dice: ‘adórenle todos los ángeles de Dios”‘ (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: “Gloria a Dios…” (Lc 2, 14). Protegen la infancia de Jesús (cf Mt 1, 20; 2, 13.19), sirven a Jesús en el desierto (cf Mc 1, 12; Mt 4, 11), lo reconfortan en la agonía (cf Lc 22, 43), cuando E1 habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos (cf Mt 26, 53) como en otro tiempo Israel (cf 2 M 10, 29‑30; 11,8). Son también los ángeles quienes “evangelizan” (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación (cf Lc 2, 8‑14), y de la Resurrección (cf Mc 16, 5‑7) de Cristo. Con ocasión de la segunda venida de Cristo, anunciada por los ángeles (cf Hb 1, 10‑11), éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor (cf Mt 13, 41; 25, 31 ; Lc 12, 8‑9).

Los ángeles en la vida de la Iglesia

334 De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles (cf Hch 5, 18‑20; 8, 26‑29; 10, 3‑8; 12, 6‑11; 27, 23‑25).

335 En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo (cf MR, “Sanctus”); invoca su asistencia (así en el “In Paradisum deducant te angeli…” (“Al Paraíso te lleven los ángeles…”) de la liturgia de difuntos, o también en el “Himno querubínico” de la liturgia bizantina) y celebra más particularmente la memoria de ciertos ángeles (S. Miguel, S. Gabriel, S. Rafael, los ángeles custodios).

336 Desde su comienzo (cf Mt 18, 10) a la muerte (cf Lc 16, 22), la vida humana está rodeada de su custodia (cf Sal 34, 8; 91, 1013) y de su intercesión (cf Jb 33, 23‑24; Za 1,12; Tb 12, 12). “Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida” (S. Basilio, Eun. 3, 1). Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.

Fuente: Catecismo Iglesia Católica.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Tu Ángel Guardían te habla

Aquí os traigo un hermoso escrito que os puede servir de meditación en estos seres que sin duda están al lado nuestro en todas las tribulaciones, solo que debido a nuestro libre albedrío, están limitados en cuanto a la ayuda que puedan ofrecer, por ello hay que pedirla, con el consentimiento y la autoridad de Dios.

TU ÁNGEL GUARDÍAN TE HABLA:

Muchos de ustedes han acudido a los reinos celestiales pidiendo ayuda, asistencia y milagros. Nunca antes las Huestes Celestiales y los Ángeles escucharon tal clamor. Nunca antes hemos enviado millones de ángeles para que se presenten y envuelvan la Tierra. En el Mundo Angelical nos revestimos de muchas formas, colores y energías. A veces aparecemos como una sola gota de lluvia sobre su rostro. A veces nos presentamos como la brisa que roza su mejilla. A veces se nos puede ver en las nubes como una brillante luminosidad. A veces somos un único y diminuto punto de luz y otras veces somos lo suficientemente grandes como para abarcar toda la tierra.

Variamos en tamaño, color y luz. Variamos en tareas y en posición y en comprensión de los humanos. No somos los que han caído desde la muerte en su planeta. Somos un tipo de ser totalmente distinto, uno que escucha cada seña y llamado. El Padre Celestial los envió para que estuvieran a cargo de nosotros. Finalmente, luego de tanto tiempo, se nos libera para que cumplamos con nuestro trabajo, para amarlos y protegerlos. Cada uno de ustedes tiene una multitud de nosotros alrededor. Revoloteamos como mariposas en el rosedal de un palacio.

Al nacer, se les dio un ángel guardián. Nosotros venimos para permitirles experimentar la gracia, la gloria de la paz en medio de toda la agitación. Somos los que traemos una sonrisa a su rostro en medio de un día frenético cuando por un momento se acuerdan de nosotros y por un momento experimentan paz. Somos tan reales como ustedes. Simplemente estamos en una frecuencia de luz diferente. Lloramos por ustedes, reímos con ustedes, hablamos de ustedes, pensamos en ustedes, porque estamos enamorados de ustedes.

Estamos enamorados de sus alegrías y nos entristecen sus heridas. Porque cada parte de ustedes resuena con una parte de nosotros, pero necesitamos toda su atención mientras pasan por estas próximas secuencias de tiempo. Envíennos a los campos de batalla. Envíennos a quienes duermen con miedo. Envíennos a quienes sufren. Se nos debe enviar a toda la humanidad. Desafortunadamente, ustedes sólo nos llaman en momentos de desesperación, pero siempre estamos aquí.

Permítannos venir a su mundo, hacer sus mandados de luz, hacer sus diligencias de esperanza, hacer sus mandados de sanación. Es nuestro trabajo pues servimos al creador por ustedes. No sigan llenando su alma con cargas pesadas; permítannos, con su pedido, alivianar su carga literalmente. Envíennos a quienes los preocupan. Envíennos a quienes sólo piensan en sí mismos y en nadie más. Envíennos a su día antes de aventurarse afuera. Los milagros están contenidos en nuestros corazones y son liberados de nuestros corazones hacia sus manos. Recíbanlos mediante su convicción. Recíbanlos mediante su fe.

Somos enviados a la humanidad por el Padre Celestial mismo. Al principio mirábamos a los humanos con desdén, pensábamos cómo era posible que un ser tan inferior, una especie inferior, supiera cómo delegarnos filamentos de luz celestial delineados tan delicadamente. Al haberlos observado calladamente a través del tiempo, sabemos que ustedes tienen un gran corazón en su interior y una gran posibilidad para el futuro. Este conocimiento nos alegra. Este conocimiento nos ayuda a involucrarnos en sus asuntos cotidianos.

Porque como he dicho, somos diminutos y somos inmensos, más allá de su conocimiento. Ustedes conocen a muchos de nuestros comandantes, tales como Miguel, Gabriel, Uriel y Rafael, pero ellos no son más que unos pocos de trillones de trillones de nosotros que esperan su reconocimiento. Porque ése es nuestro trabajo y el Padre nos impele a hacerlo. No podemos ser llamados a la acción a menos que sean ustedes quienes nos llamen. Nos sentamos a la vera de la luz, esperando su llamado como una jovencita enamoradísima la noche de una cita.

La verdad es que nos hemos enamorado de ustedes. Finalmente les hemos abierto nuestro corazón y todo resentimiento del pasado se ha disuelto. Ahora comprendemos los deseos y las ansias del Creador. Ahora comprendemos el destino de la humanidad. Porque al principio –su principio– no lo comprendíamos. Así que déjennos amarlos y dense permiso para amarnos. Trabajaremos como un equipo para ayudarlos a disolver todo el dolor de la Tierra. Dejen que los ayudemos a sanar. Permitan que los ayudemos a traer más amor a sus matrimonios, a sus familias, a su vida. Somos mucho más de lo que comprenden. Los amamos. En verdad es así. Les pedimos disculpas de corazón por cualquier tristeza que les hayamos causado en el comienzo de los tiempos.

Comprendan que esta batalla que libran en la Tierra ha caído desde el cielo para ser representada en la Tierra. Permitan que vengan los ángeles de la luz. Ya es hora de que reinstalen lo que se les indicó divinamente que hicieran al principio. Invoquen a los ángeles y estaremos aquí con una palabra, un pensamiento y un aliento.

Canalizado por Gillian MacBeth-Louthan
Transcrito por: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Visiones de San Miguel Arcángel y los ángeles por el Padre Gobbi

En esta ocasión os traigo unas visiones sobre los ángeles en general y sobre la gran batalla espiritual que se está librando en todo el orbe y en nuestros propios corazones, según las visiones del Padre Gobbi del movimiento sacerdotal mariano. Este padre tenía una serie de revelaciones privadas (que es como las menciona la iglesia) sobre Jesús, la Virgen y distintos aspectos, por eso yo brevemente os transcribo algunas de ellas, a título informativo.

 

Nimega (Holanda), 29 de septiembre de 1979

Fiesta de los Santos Arcángeles

Los Ángeles del Señor.

“Acabas de terminar el Cenáculo con estos hijos míos, tan queridos, que sufren por el estado de laceración y de desorden en que se encuentra aquí mi Iglesia.

Une tu dolor al mío y sé tú expresión de la maternal benevolencia con que los miro, los acojo, los conforto y los conduzco.

No mires si son pocos y, en su mayoría, frágiles por la edad o la salud; pero son tan fieles y generosos que consuelan el inmenso dolor de mi Corazón Inmaculado.

Para Mí, son los tesoros más preciosos. Y también aquí, por su medio ¡cuán numerosos son los hijos que responden a mi invitación, entran en el refugio de mi Corazón y los formo en la heroica fidelidad a Jesús y a su Iglesia!

Así, en este mismo lugar, donde mi Adversario ha iniciado su obra de destrucción solapada de la Iglesia, Yo respondo al desafío y me formo mi ejército.

Es el ejército de los pequeños, de los pobres, de los humildes, que reúno en mi Corazón Inmaculado para darles mi espíritu de Sabiduría, para derrotar la soberbia de los que se han dejado seducir por la falsa ciencia y por el espíritu de grandeza y vanagloria.

También hoy, por medio de esta Obra mía, de la boca de los niños y de los lactantes, el Señor recibe la gloria perfecta.

Con vosotros están también los Ángeles del Señor. Yo soy su Reina y están prontos a mis órdenes, porque la Santísima Trinidad ha confiado a mi Corazón Inmaculado la obra de renovación de la Iglesia y del mundo.

San Miguel está a la cabeza de todo mi ejército, celeste y terrestre, dispuesto ya en orden de batalla.

San Gabriel está a vuestro lado para daros a todos la misma invencible fortaleza de Dios.

San Rafael os cura de las numerosas heridas que con frecuencia recibís a causa de la tremenda lucha en que estáis empeñados.

Sentid siempre a vuestro lado a los Ángeles de Dios e invocad con frecuencia su ayuda y protección.

Ellos tienen gran poder para defenderos y sustraeros a todas las insidias que os tiende Satanás, Adversario mío y vuestro.

Ahora su protección se intensificará y la advertiréis de modo particular, porque han llegado los tiempos de la gran prueba y estáis para entrar en un período de gran angustia como no lo ha habido hasta ahora.

A mis órdenes, sentid a vuestro lado a los Ángeles del Señor, que serán vuestra defensa y guía, para que pueda cumplirse en cada uno de vosotros, cuanto Yo he establecido para el triunfo de mi Corazón Inmaculado.”

Montevideo (Uruguay), 29 de septiembre de 1981

Fiesta de San Miguel, Gabriel y Rafael

Reina de los ángeles

“En la lucha a la que os llamo, hijos predilectos, os asisten y defienden particularmente los Ángeles de Luz.

Soy la Reina de los Ángeles.

A mis órdenes están reuniendo de todas las partes del mundo, a todos los que llamo a enrolarse en mi gran ejército victorioso.

En la lucha contra la Mujer vestida del Sol y el Dragón rojo, los Ángeles tienen la parte más importante a desarrollar. Por esto os debéis dejar guiar dócilmente por ellos.

Los Ángeles, Arcángeles y todas las jerarquías celestes están unidas con vosotros en el terrible combate contra el Dragón y sus secuaces. Os defienden de las asechanzas de Satanás y de los innumerables Demonios, que están ahora desencadenados con furia rabiosa y demoledora en todo el mundo.

Ésta es la hora de Satanás y del poder de los Espíritus del as tinieblas.

Es su hora que corresponde al momento de su aparente acción victoriosa.

Es su hora, pero el tiempo de que disponen es breve y los días de su triunfo están contados.

Por esto os tienden asechanzas peligrosas y terribles, y no podéis huir de ellas sin un especial auxilio de vuestros Ángeles Custodios.

¡Cuántas veces al cabo del día éstos habrán intervenido para sustraeros a las engañosas maniobras que os tiende, con astucia, mi Adversario!

Por esto os invito a confiaros cada vez más a los Ángeles del Señor.

Tened con ellos una afectuosa intimidad porque están más cerca de vosotros que los amigos y personas más queridas.

Caminad a la luz de su invisible pero segura y preciosa presencia. Ellos ruegan por vosotros, caminan a vuestro lado, os sostienen en la fatiga, os consuelan en el dolor, velan vuestro reposo, os toman de la mano y dulcemente os ponen en el camino que os he trazado.

Orad a vuestros Ángeles Custodios y vivid con confianza y con serenidad las dolorosas horas de la purificación.

En estos momentos, en realidad, el Cielo y la Tierra se unen en una extraordinaria comunión de oración, de amor y de acción a las órdenes de vuestra Celeste Capitana.”

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Curaçao (Archipiélago de las Antillas), 29 de septiembre de 1983

Fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

La función de los Ángeles

“Hoy la Iglesia celebra la fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.

Es también vuestra fiesta, hijos predilectos, porque los Ángeles del Señor tienen una parte muy importante que desarrollar en mi plan victorioso.

He aquí cuál es su función: a mis órdenes libran una terrible batalla contra Satanás y todos los malos espíritus. Es una lucha que se desarrolla, sobre todo, a nivel de espíritus, con inteligencia y con perfecta adhesión a los planes de los dos grandes y opuestos caudillos: La Mujer vestida del Sol y el Dragón rojo.

Misión de S. Gabriel es la de revestiros de la misma fortaleza de Dios.

Él, combate contra la asechanza más peligrosa de Satanás, la de debilitaros, llevándoos al desaliento y al cansancio. ¡Cuántos de vosotros se han parado en el camino de la consagración, que me han hecho, por causa de vuestra debilidad humana!

La debilidad es la causa que os conduce a la duda, a la incertidumbre, al miedo, a la turbación. Ésta es la tentación de mi Adversario para haceros inofensivos, cerrados en vosotros mismos, detenidos en vuestros problemas, incapaces de un verdadero empuje apostólico.

El Arcángel Gabriel tiene la misión de ayudaros a crecer en la confianza, revistiéndoos de la fortaleza de Dios. Y así os conduce cada día por al camino del valor, de la firmeza, de la fe heroica y pura.

Misión de S. Rafael es la de derramar bálsamo sobre vuestras heridas.

¡Cuántas veces Satanás logra heriros con el pecado, golpearos con sus solapadas seducciones!

Os hace sentir el peso de vuestra miseria, de la incapacidad, de la fragilidad y os detiene en el camino de vuestra perfecta donación.

  1. Rafael tiene entonces la misión de acompañaros en el camino que os he trazado, dándoos aquella medicina que cura todas vuestras enfermedades espirituales.

Cada día él hace vuestro caminar más seguro, más firmes vuestros propósitos, más valerosos vuestros actos de amor y de apostolado, más decididas las respuestas a mis deseos, más atenta la mente a mi designio materno, y fortalecidos con su bálsamo celestial, proseguís vuestros combate.

Misión de S. Miguel es la de defenderos de los terribles ataques que Satanás desencadena contra vosotros.

En estos tiempos, mis predilectos que han acogido mi invitación y se han consagrado a mi Corazón Inmaculado, y todos mis hijos que se han entrado a formar parte de mi ejército victorioso, son el blanco escogido, con particular rabia y ferocidad, por parte de mi Adversario y vuestro.

Satanás os ataca en el campo espiritual con toda clase de tentaciones y sugestiones para llevaros al mal, a la desorientación, a la duda y a la desconfianza. Usa con frecuencia su arma preferida, que es la de la sugestión diabólica y la de la tentación impura. Os ataca con terribles insidias, con frecuencia trata de empujaros al peligro; incluso físicamente atenta contra vuestra vida e integridad.

El Arcángel Miguel, Patrono de la Iglesia Universal, es el que interviene con su gran poder y entra en combate para libraros del Maligno y de sus peligrosas asechanzas.

Por esto os invito a invocar su protección con el rezo diario de la breve, pero, al mismo tiempo, tan eficaz oración del exorcismo compuesto por el Papa León XIII.

Ved aquí, por qué los Ángeles del Señor tienen una importante función en la estrategia de la batalla que se está combatiendo: debéis vivir siempre en su compañía.

Tienen una misión preciosa e insustituible: están a vuestro lado combatiendo vuestra misma batalla; os dan fuerza y valor; os curan vuestras numerosas heridas; os defienden del mal y forman, con vosotros, la parte más aguerrida del ejército victorioso a las órdenes de la Celeste Capitana.”

Nápoles, 29 de septiembre de 1986

Fiesta de los Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel

Con vosotros en el combate

“Combatid, hijos predilectos, mis apóstoles, en estos últimos tiempos.

Ésta es la hora de mi gran victoria.

Con vosotros en el combate están también los Ángeles del Señor que, a mis órdenes, cumplen la misión que Yo les he confiado.

Todos los Espíritus Celestiales son seres luminosos y poderosos y se hallan muy cerca de Dios, a quien aman, sirven, defienden y glorifican.

En la Luz de la Santísima Trinidad, Ellos ven todas las insidias peligrosas y engañosas que os tienden los malos Espíritus, que luchan contra Dios y contra su real dominio.

Ésta es una batalla terrible, que se libra sobre todo a nivel de espíritus: los buenos contra los malos: los Ángeles contra los demonios.

Vosotros estáis también comprometidos en esta gran lucha y por esto debéis confiaros siempre a su segura protección e invocar a menudo, con la oración, su poderosa ayuda.

Todos los Espíritus Celestiales conocen mi designio, saben la hora de mi triunfo, ven como el ataque del infierno, en estos tiempos vuestros, se hace potente, continuo, universal.

Satanás ha logrado establecer su Reino en el mundo y se siente ya seguro vencedor.

Pero está cercano el momento de su grande y definitiva derrota. Por esto la batalla es cada día más áspera y terrible y también vosotros, con los Ángeles del Señor, estáis llamados al combate.

Las armas usadas por los demonios son las del mal, del pecado, del odio, de la impureza, de la soberbia y de la rebelión contra Dios.

Las armas esgrimidas por los Espíritus Celestiales, que están junto a vosotros en el combate, son las del bien, de la gracia divina, del amor, de la pureza, de la humildad y de la dócil sumisión a la Voluntad del Señor.

Los Espíritus Celestiales tienen también el encargo de fortaleceros, de curaros de las heridas, de defenderos de las insidias de mi Adversario, de protegeros del mal y de conduciros por la vía luminosa de mi Querer.

El Arcángel Gabriel, enviado por Dios para recibir el Sí de vuestra Madre Celestial, tiene ahora el encargo de recibir vuestro Sí al Querer del Padre. Él os refuerza y os sostiene; os conduce por el camino del valor y del heroico testimonio a Jesús y a su Evangelio.

El Arcángel Rafael repara vuestra debilidad, derrama bálsamo en toda herida dolorosa y os alivia el peso del cansancio y del desaliento para continuar en la lucha, con el escudo de la fe y con la coraza del amor y de la santidad.

El Arcángel Miguel os defiende de todos los terribles ataques de Satanás, que se ha desencadenado particularmente contra vosotros, que formáis parte de mi ejército y os dejáis guiar dócilmente por vuestra Celestial Capitana.

¡Cuántas veces hubierais sido víctimas de los ataques de Satanás, si el Arcángel Miguel no hubiese intervenido para vuestra defensa y protección! Invocadlo a menudo, con la oración tan eficaz del exorcismo contra Satanás y los Ángeles rebeldes para que Él os guíe en esta lucha, de modo que cada uno de vosotros pueda cumplir la tarea que le ha sido confiada por la Madre Celestial.

Uníos, pues, en afectuosa y fraternal comunión de vida, de oración y de acción, a todos los Espíritus Celestiales, que están empeñados con vosotros en librar la misma batalla y en preparar la gran victoria de Dios en el Reino Glorioso de Cristo, que vendrá a vosotros con el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.”

Inchon (Corea), 29 de septiembre de 1987.
Fiesta de los Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel.

Cielo y tierra se unen.

“Hijos predilectos, os llamo de todas las partes de la tierra.

Los Ángeles de Luz de mi Corazón Inmaculado están ahora recogiendo de todas partes a los elegidos, llamados a formar parte de mi ejército victorioso.

Os marcan con mi sello.

Os revisten de una fuerte armadura para la batalla.

Os cubren con mi escudo.

Os entregan el Crucifijo y el Rosario, como armas que usar para la gran victoria.

Ha llegado el tiempo de la lucha final.

Por esto los Ángeles del Señor intervienen de manera extraordinaria y se ponen cada día al lado de cada uno de vosotros para guiaros, para protegeros y para fortaleceros.

Así como, en estos tiempos, se les ha concedido a los Demonios y a todos los Espíritus del mal una gran libertad para sus manifestaciones diabólicas, así también éstos son los días en los que a los Ángeles del Señor se les llama a desarrollar la parte más importante de mi designio.

Cielo y tierra se unen en esta hora de la gran lucha final.

Os invito, pues, a que todos forméis una sola cosa con los Ángeles y con los Santos del Paraíso.

Sobre todo os invito a orar más a vuestros Ángeles custodios, porque están llamados, en estos tiempos, a cumplir una misión particular, que Yo les he asignado, en relación con cada uno de vosotros, hijos míos predilectos.

Es deseo de mi Corazón, que en el rezo diario del Ángelus, incluyáis también la oración del: “Ángel de Dios”.

Os invito a vivir siempre en intimidad y comunicación con vuestros Ángeles Custodios.

Llamadlos en vuestras necesidades; invocadlos en los peligros; asociadlos a vuestro trabajo; confiadles vuestras dificultades; buscadlos en el momento de la tentación.

Ahora, deben formar una sola cosa con vosotros.

Sobre todo, sentid junto a vosotros a los Arcángeles, cuya fiesta celebra hoy la Iglesia: a San Gabriel, para que os dé la misma fortaleza de Dios; a San Rafael, para que sea la medicina de vuestras heridas, y a San Miguel, para que os defienda de las terribles insidias que, en estos tiempos, os tiende Satanás.

Caminad con ellos en la luz de mi designio y juntos combatid a mis órdenes.

Estáis llamados ahora a ver mis mayores prodigios porque habéis entrado en el tiempo de mi triunfo”.

  1. Albert (Alberta), Canadá 29 de septiembre de 1990

Fiesta de los Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel

La hora de las potestades Angélicas

“Hoy celebráis la fiesta de los Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel e invocáis su protección.

En estos tiempos de la gran tribulación os invito a vivir en unión de vida con los Ángeles del Señor.

Ellos tienen, hoy, una misión importante que cumplir a favor vuestro.

–Os iluminan el camino que debéis recorrer, para ser fieles a la consagración que me habéis hecho.

Es un camino difícil y doloroso, marcado por muchos obstáculos y amenazado por muchas insidias de mi Adversario.

Los Ángeles os toman de la mano y os conducen por la senda de la luz, del amor y de la santidad.

–Os dan valor y consuelo en las muchas dificultades que debéis soportar y os sostienen en vuestra debilidad humana.

Están a vuestro lado como verdaderos hermanos, que toman a pecho vuestra persona y vuestra vida.

–Os defienden contra los continuos ataques de Satanás, contra sus numerosas asechanzas, contra los obstáculos que pone en vuestro camino.

La gran batalla que se está combatiendo ahora es sobre todo a nivel de espíritus: los espíritus malos, contra los Espíritus Angélicos.

Vosotros estáis involucrados en esta lucha que se desarrolla entre el cielo y la tierra. Entre los Ángeles y los demonios, entre San Miguel Arcángel y Lucifer. A los Ángeles del Señor ha sido encomendada la misión de defender vuestras personas, la vida de la Iglesia, el bien de toda la humanidad.

En esta gran Nación, donde te encuentras para celebrar los cenáculos, contempla cómo la humanidad engañada por los falsos espíritus, corre por la senda del mal y de una gran inmoralidad y cómo la misma Iglesia está cada vez más minada por los errores y los pecados y corre peligro de perder la verdadera fe, debido a su separación del Papa y la oposición a su Magisterio.

En estos tiempos perversos vosotros debéis orar mucho a los Ángeles del Señor.

Es la hora de las Potestades Angélicas.

Las Potestades Angélicas son las que guían a todos mis hijos en la batalla decisiva, para la derrota definitiva de Satanás y la venida del Reino glorioso de Cristo, en el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.”

 angel-paz

Omaha-Nebraska (U.S.A.), 29 de septiembre de 1994

Fiesta de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel

Los Ángeles de vuestro tiempo

“Hoy celebráis la fiesta de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel.

Son los Ángeles de vuestro tiempo.

Son los Ángeles del tiempo conclusivo de la purificación y de la gran tribulación.

Son los Ángeles de vuestro tiempo.

A ellos les está confiada una misión especial durante el período de la prueba y del gran castigo.

A ellos toca salvar al pueblo de Dios, recoger de todas partes de la tierra a quien es llamado a formar parte del pequeño resto, que permanecerá fiel, en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.

Son los Ángeles de vuestro tiempo.

Sobre todo son los Ángeles que os revelan las últimas vicisitudes descritas en el Libro sellado.

Al Arcángel San Miguel se le ha confiado la misión de conducir a la batalla los ejércitos de los Ángeles y de mis hijos fieles contra las aguerridas huestes de Satanás, del mal, de las fuerzas satánicas y masónicas, ya organizadas a nivel mundial en una sola gran potencia, para ponerse contra Dios y contra su Cristo.

San Miguel intervendrá sobre todo para combatir al antiguo enemigo Lucifer que, en la última hora, aparecerá con toda la tenebrosa potencia del Anticristo.

Suya es la misión de combatirlo y de vencerlo, de arrojarlo dentro de su reino de tiniebla y de fuego, ofreciendo a vuestra Madre Celestial la cadena con la que lo sujetará y la llave para sellar la puerta del abismo, del cual no podrá salir ya más para perjudicar en el mundo.

Al Arcángel San Rafael se le ha confiado la misión de participar, como médico celestial, en la gran batalla, para socorrer y curar a cuantos son golpeados y heridos.

Como restituyó a Tobías la vista, así a millones de mis pobres hijos, que se han vuelto ciegos por el pecado, por los errores y por la gran tiniebla de vuestros días, dará la vista, para que puedan volver a creer y a contemplar el divino esplendor de la Verdad.

Al Arcángel San Gabriel se le ha confiado la gran misión de anunciar el retorno de Jesús en gloria, para instaurar su reino en el mundo.

Como ha venido por Él el anuncio de la primera venida de mi Hijo al mundo, así ahora será Él, el mensajero luminoso de la segunda venida de Jesús en gloria.

Esta segunda venida sucederá en el poder y la luz, con Jesús que aparecerá sobre las nubes del cielo, en el esplendor de su divinidad, para someter a Sí todas las cosas. Y así, ante todo el universo creado, aparecerá el divino poder de mi hijo Jesús.

Al Arcángel llamado “fortaleza de Dios” se le ha dado el encargo de anunciar a todos el próximo retorno de Cristo con la fuerza de su divino poder.

Por esto os invito hoy a orar y a invocar la protección de estos Arcángeles, llamados a desarrollar una misión tan grande en el tiempo conclusivo de la gran tribulación y a llevaros al corazón  de los últimos acontecimientos, que ahora estáis llamados a vivir con confianza y con una gran esperanza.”

Río de Janeiro (Brasil), 29 de septiembre de 1995

Fiesta de los Arcángeles Gabriel, Rafael y Miguel

Los tiempos serán abreviados

“Mi designio se está cumpliendo ya en todas partes.

Mi pequeño hijo, observa cómo se realiza el triunfo de mi Corazón Inmaculado en el mundo.

Todo cuanto aquí sucede es un signo para ti.

Por decenas de millares mis hijos me están respondiendo, con un amor y un entusiasmo tan grande, que conmueve mi Corazón de Madre.

Por la respuesta que por doquier recibo de estos mis pequeños niños, Yo intervengo para abreviar los tiempos de la gran prueba tan dolorosa para vosotros.

–Los tiempos serán abreviados, porque soy la Madre de la Misericordia y cada día ofrezco sobre el trono de la divina Justicia mi oración, unida a la de los hijos que me responden con un sí y se consagran a mi Corazón Inmaculado.

Uno los dolores de mi Corazón a todos los sufrimientos de los buenos, que llevan con paciencia la cruz de estos tiempos de la gran tribulación.

Los dolores de los pobres y de los frustrados, de los pequeños y de los marginados, de los pecadores y de los alejados, de los enfermos y de los desesperados, de los abandonados y de los oprimidos, son recogidos en el jardín de mi sufrimiento materno y son ofrecidos a la divina Justicia en señal de reparación y de perenne intercesión.

–Los tiempos serán abreviados, porque soy vuestra Madre y quiero ayudaros, con mi presencia, a llevar la cruz de los dolorosos acontecimientos que estáis viviendo.

Cuántas veces he intervenido ya, para retrasar cada vez más el tiempo del inicio de la gran prueba, para la purificación de esta pobre humanidad, ahora poseída y dominada por el espíritu del Mal.

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–Los tiempos serán abreviados, porque la gran batalla que se combate entre Dios y su adversario es sobre todo a nivel de Espíritus y se libra por encima de vosotros.

Esta terrible batalla se desarrolla entre los Espíritus Celestes y los espíritus infernales, entre los Ángeles del Señor y los demonios, entre las Potencias del cielo y las potencias del infierno.

En esta gran lucha, una misión particular se ha encomendado al Arcángel San Gabriel, que os reviste de la misma fortaleza de Dios; al Arcángel San Rafael, que vierte bálsamo de curación sobre todas vuestras heridas; al Arcángel San Miguel, que conduce a todas las milicias Angélicas a la completa victoria sobre los ejércitos infernales.

Por esto os confío a la potente protección de estos Arcángeles y de vuestros Ángeles Custodios, a fin de que seáis guiados y defendidos en la lucha que ahora se libra entre el Cielo y la tierra, entre el Paraíso y el infierno, entre San Miguel Arcángel y el mismo Lucifer, que aparecerá pronto con toda la potencia del Anticristo.

Así sois preparados para el gran prodigio que se cumplirá cuando, con el triunfo de mi Corazón Inmaculado, descenderá sobre el mundo la rociada celeste de la divina Misericordia”.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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