Daily Archive 12 noviembre, 2016

¿Cómo mantener a raya las tentaciones?

Por sobre todo la oración, la oración es como un escudo y es la comunicación con Dios y con el Espíritu. Si no hay oración, si apagamos el Espíritu de oración como diría nuestro bendito padre San Francisco de Asís, no hay nada.

Cuando el cristiano ora y ayuna (hace penitencia), no solo fortalece la acción contra la tentación y el pecado, sino que se mantiene en guardia contra las acechanzas del demonio. A esto se puede añadir algunas oraciones específicas que la Iglesia siempre ha recomendado contra la acción del demonio como son: La consagración a Dios por medio de María Santísima, ya que ella es la enemiga victoriosa de la “serpiente” de acuerdo a Gen 3,15 y Ap 12. Una oración que refuerza nuestra unión con Dios es la del “Regina Caeli”, así como la oración de San Miguel Arcángel, atribuida a San León XIII.

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La práctica del ayuno y en general todas las prácticas ascéticas, las cuales de acuerdo a Jesús son una de las armas más importantes para protegerse y luchar contra el “adversario” del Reino (“Este tipo de demonios no salen sino es con el ayuno y la oración” Mc 9,29). La renuncia voluntaria a las cosas buenas de la vida, nos ejercitan para renunciar a aquellas que se nos presentan como una tentación.

Todos los santos (incluidos los de la orden franciscana y no son pocos), quienes han tenido que combatir contra el pecado y en muchas ocasiones con manifestaciones expresas del demonio, no cesan de recomendar el ayuno como una de las armas más eficaces contra las acechanzas del maligno.

Las otras dos armas con las que cuenta el cristiano para su lucha espiritual contra el pecado y las acechanzas de Satanás, son los sacramentos y los sacramentales. Los primeros, siendo una acción y participación directa de Jesús en el cristiano, son la mejor defensa contra el poder del Maligno y fuente de fortaleza espiritual para prevenir el pecado.

La Eucaristía y la Reconciliación frecuente, hacen que el cristiano pueda avanzar en la vida con la victoria de Cristo. Estos dos sacramentos fortalecen toda la vida espiritual de quien los recibe imposibilitando la acción del demonio. Esto  trae por consecuencia, paz y armonía interior. Finalmente tenemos los sacramentales como son los crucifijos, las imágenes de Jesús y de la Santísima Virgen, las medallas benditas, y de manera particular la “Cruz de San Benito” a cuya bendición está ligado un exorcismo. Todos estos sacramentales, en la medida en que se usan con fe y con la aprobación de la Iglesia, vienen a ser una importante herramienta para mantenerse en santidad y en guardia contra las acechanzas del demonio.

Uno de los elementos más efectivos para tener a raya al demonio y todas sus seducciones, es el amor a María Santísima a quien Satanás teme y lo hace temblar de rabia y de impotencia. Mientras que el demonio combate desde el exterior, por medio de la violencia y la seducción, María  inspira, desde nuestro interior, la fuerza que viene solo de Dios. Satanás inspira el odio que destruye y desintegra mientras, que María nos inspira el amor que reinará por siempre. De ahí? la necesidad de una piedad mariana que mantenga a distancia al enemigo y que nos ayude a resistir en el momento de la tentación. Es testimonio de todos los santos la eficacia de la intercesión de María en los momentos de tentación y acoso del demonio. Por ello, arma indispensable del cristiano es el rezo diario del rosario, el uso del escapulario de la Virgen del Carmen y alguna medalla de protección como por ejemplo la de San Benito.

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Todavía hay muchos sectores de la Iglesia, que intentan eliminar, sino atenuar en lo posible las devociones marianas (porque son cosas del antes del concilio, dicen) pero cuando en los santuarios los estipendios de los devotos, llenan las arcas de la Iglesia, ¡bienvenida sea María!. Hipócritas, no saben que si desdeñan a  la Madre, también se lo hacen al Hijo. Es verdad que Jesús es Hijo de Dios, pero eligió de forma natural nacer de María y por tanto la dignifico, ella no es la Trinidad, ni tiene el poder de su Hijo, pero “su poder de intercesión es el más grande después de su Hijo en todo el cielo”, por tanto no denigremos a la Virgen, ni a sus imágenes, porque quizás un día cuando tengamos que rendir cuentas, nos encontremos con que hemos estado encontrá de Dios.

Y en cuanto a las tentaciones, que es el tema que nos ocupa en este artículo querido visitante de TRAS CRISTO Y FRANCISCO DE ASÍS, hacer notar que como decía San Francisco de Asís: “…cuanto más tentado y probado eres, sabete más querido…”, por tanto ningún miedo, el Señor sabe de todas nuestras imperfecciones, Él nos conoce mejor que nadie, para Él la intención cuenta más que la acción, pues sabe que por nuestra debilidad, solemos pensar una cosa y desear hacerla, para luego hacer la contraria.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Oración de ofrecimiento pleno al Señor Jesúcristo

Tómame, Señor Jesús, con todo lo que soy; con todo lo que tengo y lo que hago, lo que pienso y lo que vivo. Tómame en mi espíritu, para que se adhiera a Ti; en lo más íntimo de mi corazón, para que sólo te amé a Ti. Tómame, Dios mío, en mis deseos secretos, para que sean mi sueño y mi fin único, mi total adhesión y mi perfecta felicidad. Tómame con tu bondad, atrayéndome a Ti. Tómame con tu dulzura, acogiéndome en Ti. Tómame con tu amor, uniéndome a Ti. Tómame uniéndome a Ti. Tómame, mi Salvador, en tu dolor, tu alegría, tu vida, tu muerte, en la noche de la cruz, en el día inmortal de tu Resurrección. Tómame con tu poder, elevándome hasta Ti; tómame con tu ardor, inflamándome de Ti, tómame con tu grandeza, perdiéndome en Ti. Tómame para la tare de tu gran misión, para una entrega total a la salvación del prójimo y para cualquier sacrificio al servicio de tus hermanos. Tómame, oh Cristo, mi Dios,  sin fin. Toma lo que puedo ofrecerte; no me devuelvas jamás lo que tomaste, de manera que un día pueda poseerte a Ti en el abrazo del cielo, tenerte y conservarte para siempre. Amén

Autor: Desconocido.

Transcrito: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Oración de discernimiento para vocación religiosa

Sé que algo me estás pidiendo, Señor Jesús. Tantas puertas abiertas de un solo golpe. El panorama de mi vida ante mis ojos: no como en un sueño. Sé que algo esperas de mí, Señor, y aquí estoy, al pie de la muralla: todo está abierto, sólo hay un camino libre, abierto al infinito, el absoluto. Pero yo no he cambiado, a pesar de todo. Tendré que tomar contacto contigo, Señor; buscaré tu compañía, aún por largo tiempo. Para morir, pero entonces enteramente. Como esos heridos que sufren, Señor: te pido que acabes conmigo. Estoy cansado de no ser tuyo, de no ser Tú. Voy a dar el paso en falso, me asentare en ti, me voy a fiar de ti, porque tu Señor Jesús dicen que siempre eres fiel, yo seguramente te traicionaré, porque soy débil, mas tu mantente siempre cerca de mí. Ayudame a clarificar mi camino.  Amén.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Oración de gratitud tras recuperación en la enfermedad

Aunque nuestra boca estuviera llena de canto como el mar; y nuestra lengua de júbilo como el bramido de sus olas; y nuestros labios, de alabanza como la amplitud del firmamento; y nuestros ojos resplandeciesen como el sol y la luna; y nuestros brazos se extendiesen como las águilas de los espacios; y nuestros pies fuesen ligeros como los de los cuervos… no alcanzaríamos a agradecerte, Adonaí, Dios nuestro y Dios de nuestros padres, y a bendecir tu Nombre ni una infinitésima parte, por los beneficios que hiciste a nuestros padres y a nosotros; gracias por permitirme recuperarme de esta enfermedad. Amén.

Autor: Anonimo Israelita.

Transcrito: Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Oración para tener esperanza en la victoria

Cuando todo se desmorona en nuestros proyectos humanos, en nuestros apoyos terrestres; cuando de nuestros más bellos sueños sólo nos queda la desilusión; cuando nuestros mejores esfuerzos y nuestra más firme voluntad no alcanzan el objetivo propuesto; cuando la sinceridad y el ardor del amor nada consiguen, y el fracaso está ahí, desolador y cruel, frustrando nuestras más bellas esperanzas, Tú permaneces, Señor, indestructible y fuerte, nuestro amigo que todo lo puede. Tus designios permanecen intactos, nada puede impedir que tu voluntad se cumpla. Tus sueños son  más bellos que los nuestros, y Tú los realizas. Conviertes los fracasos en un triunfo mayor, nunca eres vencido. Tú, que de la pura nada haces surgir el ser y la vida, tomas nuestra impotencia en tus manos creadoras, con infinito amor, y la haces producir un fruto, obra tuya, mejor que todos nuestros deseos. En ti, nuestra esperanza se salva del desastre, cumplida en plenitud. Amén.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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