Daily Archive 15 septiembre, 2016

Dialogo interreligioso – El islam (I)

En la época moderna, el Islam ha tenido que enfrentarse a un amplio abanico de fuerzas, externas e internas, que han cuestionado su identidad, a veces de forma radical. En el exterior, ha sido decisivo el contacto con Occidente y con sus fuerzas políticas, sociales y culturales: en efecto, gran parte del mundo islámico, desde el norte de África hasta Indonesia, ha estado bajo el dominio colonial europeo.

Con el nacimiento del nacionalismo islámico y la creación de estados independientes surgió una lucha endémica por el predominio entre las distintas ramas del Islamismo, algunas de las cuales propugnaban la creación de estados laicos según el modelo occidental, dotados de leyes no inspiradas en el Corán, mientras que otras deseaban restaurar un cierto tipo de estado islámico en el que pudiese recuperarse la tradicional vida islámica no contaminada por el corrosivo contacto con la modernidad occidental.

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También hay que recordar la importancia que en el siglo XX ha tenido, en muchos países islámicos, el contacto con el socialismo, tanto marxista como no marxista. La respuesta musulmana a estas fuerzas ha sido muy variada y ha generado movimientos Y posturas diversificados.

A los primeros siglos que,  fueron de gran desarrollo, siguieron un largo periodo de estancamiento cultural y de rigidez doctrinal, que se prolongó? hasta el siglo XVIII de nuestra era, con una evolución de signo opuesto a la occidental.

Los primeros impulsos de una nueva vida llegaron, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, en forma de movimientos reformistas, que surgieron en Arabia, India y algunas zonas de África. Uno de los primeros y ms influyentes movimientos nació en Arabia central gracias a los incansables esfuerzos de Muhammad ibn Abd-al-Wahhab (m. 1729), que deseaba purificar el Islam de las influencias extranjeras. Estaba convencido de que los musulmanes debían regresar a las sencillas creencias y prácticas del tiempo de Mahoma. Sus seguidores, los wahabíes, se distinguen por su aspiración a un Islam puro y marcado por una interpretación literal del Corán.

2zanislamlargeA comienzos del siglo XX, su poder fue restablecido en Arabia central y en 1932 se fundó el reino de Arabia Saudita. Desde entonces, las creencias y prácticas wahabíes han gozado de la aprobación oficial en toda Arabia, incluidas las ciudades santas de Medina y de la Meca, y han influido a los musulmanes de todo el mundo, especialmente en las áreas en vías de desarrollo. Los wahabíes sostienen que visitar los sepulcros de quienes son considerados santos o buscar su intercesión es una práctica politeísta. Son contrarios a la celebración del día del nacimiento del Profeta, una fiesta muy celebrada en todo el mundo musulmán. Consideran que es un error interpretar el Corán de forma alegórica o aceptar como verdad algo que no está confirmado por el texto sagrado, por los hadiz canónicos o por un razonamiento convincente. Además, desaprueban ciertas innovaciones occidentales como el cine, el tabaco y el baile, hasta el punto de que son denominados los puritanos del Islam.

En la India el movimiento de reforma se inició ya en el siglo XVII. Tras un periodo de enorme popularidad e influencia del sufismo, que promovió conversiones en masa del hinduismo al Islam. En el siglo XIX aparecieron muchos movimientos reformistas en África. Como había ocurrido en la India, estos movimientos conjugaban la aspiración a retornar a las enseñanzas sencillas del Corán con el uso de métodos sufíes de organización y de propagación de las ideas.

Cuando en 1951 se fundó? el reino de Libia (que durará hasta 1969), el jefe de la orden sanusiyya se convirtió? en Idris I, el primer rey de la nueva nación.

Estos movimientos reformistas tienen en común la exigencia de restaurar el Islam de los orígenes despojándolo de los desarrollos culturales posteriores, el consiguiente rechazo de la idea de que el verdadero Islam fue el del periodo medieval, la no aceptación del consenso y de las nuevas ideas de importación occidental y, por último, una propensión a extender la reforma mediante la fuerza de las armas, que es lo que estamos viviendo por desgracia en estos días.

El Islam, sigue siendo una religión de Paz.

Fray Cristóbal, o.f.m.

Apariciones Marianas ¿verdad o mito? (I)

Otro apartado del sitio TRAS CRISTO Y FRANCISCO DE ASÍS, que espero os guste, aunque muchos son los que estoy empezando y aunque sea un pareado, me estoy desanimando, pues el trabajo es “arduo” y todos los días público un número de artículos, que si bien lo hago con toda la gana del mundo, espero que sean utilizados, pues no tendrían sentido si no son aprovechados. Con ese fin, empezamos un nuevo apartado.

Las llamadas “apariciones” o manifestaciones de la Virgen María son fenómenos que aparentemente suceden a lo largo de la historia de la Iglesia, sobre todo durante el siglo XX. La Iglesia Católica ha reconocido muy pocas, y aún éstas son consideradas “revelaciones privadas”, dejando a los fieles en libertad de creer en ellas o no.

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La primera es la de la Virgen del Pilar al Apóstol Santiago en Zaragoza, en torno al año 40 d. C. Luego aparece la Virgen del Carmen a través de San Simón Stock. En la Edad Media aparece en Puy. Aproximadamente en 1392 se aparece bajo la advocación de Virgen de la Candelaria a dos pastores guanches en Canarias, España. En el siglo XVI la aparición a San Juan Diego en México bajo el nombre de Guadalupe. La llamada Virgen del Huerto se le apareció al joven Sebastián descalzo (en la mitad del siglo del 1700). En el siglo XIX aparece en La Salette a los pastores Melanie Calvat y Maximin Giraud (1846); en Lourdes (1858) a Santa Bernadette Soubirous y en Fátima (1917) a los pastorcitos Lucía dos Santos y Francisco y Jacinta Marto; también el 13 de julio de 1945 se le aparece a Pierina Gilli en Montichiari y Fontanelle, Italia, llamándose María Rosa Mística.

Otro ejemplo lo encontramos con las apariciones en la región de la ex-Yugoslavia, en el pueblo de Medjugorje en Bosnia y Herzegovina, donde 6 niños, desde el día 24 de junio de 1981, aseguran que se les aparece la virgen (o como ellos le llaman en su lengua “gospa”) de manera frecuente y donde actualmente los videntes – hoy ya adultos – dicen que continuan teniendo las visitas. A pesar de ser la aparición moderna más famosa no tiene aprobación eclesiástica.

Prácticamente cada santuario mariano tiene como origen una revelación o un fenómeno extraordinario vinculado a la Virgen María. La actitud de la Iglesia Católica ante estos fenómenos ha oscilado entre la aceptación, luego de un proceso de investigación y análisis intenso del caso, o de rechazo. Muchas apariciones, especialmente sucedidas en el siglo XX, no cuentan aún con este veredicto formal. Benedicto XV fijó las normas a seguir para estudiar estos casos, en los que participa también la ciencia.

La era de la aceptación fácil de las mariofanías en la Iglesia finalizó aproximadamente con la era de las grandes madres espirituales, como Santa Gertrudis y Santa Matilde. A partir del siglo XIV, la teología se hace mucho más racionalista y se construye, sobre todo desde la obra de Jean de Gerson (s. XIV), la opinión dominante muy restrictiva en la práctica eclesiástica, cuyo máximo ejemplo negativo será la condena a Juana de Arco.

La praxis de los favorecidos con las mariofanías, incluidos fundadores de órdenes religiosas, ha sido el secretismo de las supuestas comunicaciones de María, por temor al malentendido y el miedo a que la obra de fundación se viera perjudicada.

Los contrarios a las mariofanías las asocian a movimientos marginales en la Iglesia, a expresiones excesivas de la piedad popular o incluso a alucinaciones colectivas, y desde fuera de la Iglesia se las atribuye a veces a manipulaciones de la ignorancia popular por los eclesiásticos o por los mismos Gobiernos.

La tradición religiosa católica recoge como primera aparición mariana a la llamada “Virgen del Pilar”. Documentos del siglo XIII hacen mención a la antigua historia de la aparición de la Virgen María, estando ella viva en Jerusalém, al apóstol Santiago “el Mayor” cuando éste predicaba en tierras españolas, concretamente en Zaragoza, junto al río Ebro.

En la edad media los relatos de apariciones se hacen sumamente populares. En la literatura de ésta época, textos como Los milagros de Nuestra Señora, del español Gonzalo de Berceo (siglo XI) o las Cántigas de Alfonso X el Sabio reflejan la praxis celestial de María, para salvar de peligros, para consolar a sus devotos, para implantar un espíritu de misericordia, para renovar la fe, y reconquistar regiones enteras para la fe católica. Mujeres como Santa Gertrudis, Santa Brígida, Santa Catalina y Santa Juana de Arco (+1431) son una muestra de esta situación que, sin ser mensajes exclusivamente de la Virgen, son aceptados por las autoridades de la Iglesia.

Hasta el siglo XIII las apariciones tuvieron una fácil aceptación por la Iglesia. A partir de esa época, el clima dejará de ser tan favorable, especialmente por la difusión de las tesis de Jean de Gerson, que marcarán un pensamiento en extremo restrictivo, que plantearán la exigencia de “pruebas” mediante un método de criterios de verificación, que dejaba fuera el utilizado hasta entonces el “inspiracional” o revelación interna de los jueces, y que supondrán la entrada del racionalismo espiritualista. Este se escorará inevitablemente hacia un juicio negativo, como mero velo justificativo, ante la percepción de amenaza para el poder eclesial, que brotaba de cualquier movimiento espontáneo no organizado; el método tenía sus ventajas, al condenar ya fuera el fenómeno aparicionista cierto o no, se impedía un desarrollo del que nunca era previsible la evolución. Esto explicará porqué los primeros opositores a las videncias infantiles sean los mismos padres, sabedores del rigor inquisitorial y de los problemas ante el estamento eclesiástico y político, del hecho aparicionista.

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En ese clima de semiclandestinidad, paradójico en un tiempo aún de dominio social y cultural del catolicismo, las apariciones serán de manera recurrente apreciadas por los creyentes del pueblo natural.

La reforma protestante, con su invocación exclusivista de Cristo, será prácticamente sin exclusión contraria a las apariciones o mariofanías. Ello ha sido así antes, durante y después de la Reforma: antes, por ejemplo en el movimiento de los hermanos de la fe común, dentro del clima de la mística renana y de los países bajos), serían devastados los santuarios marianos, originados en su mayor parte en mariofanías, porque, amén de fines de apropiación material, las iglesias reformadas no dan otro papel a María que el biológico o de simple honra humana; y ya en los tiempos modernos, los movimientos generados tras el orden conciliar, no plantean ningún valor epifánico a la figura de María, insistiendo en un orden “común” del que quedaría excluida la manifestación que no fuera de orden interno, por completo subjetiva.

Frente a estas tesis, la teología mariofánica de la pléyade de fundadores de órdenes religiosas es muy explícita a este respecto (Juan Eudes, Padre Colin, Juan Bosco, Guillermo José Chaminade y naturalmente el fundador redentorista Alfonso de Ligorio, siendo uno de los mariófilos más grandes Santo Domingo de Guzmán fundador de la Orden de Predicadores) expondrá sin ambages la condición de vanguardia de María no sólo dogmática o devocional, sino de acción. Y esta acción incluye de manera genuina, y por decirlo así “natural”, la manifestación mariana y su conducción necesaria de la Iglesia en todos los órdenes, si bien estrictamente no es necesario el reconocimiento explícito oficializado, e incluso evita potenciales manipulaciones.

La tradición religiosa católica recoge como primera aparición mariana a la llamada “Virgen del Pilar”. Documentos del siglo XIII hacen mención a la antigua historia de la aparición de la Virgen María, estando ella viva en Jerusalém, al apóstol Santiago “el Mayor” cuando éste predicaba en tierras españolas, concretamente en Zaragoza, junto al río Ebro.

En la edad media los relatos de apariciones se hacen sumamente populares. En la literatura de ésta época, textos como Los milagros de Nuestra Señora, del español Gonzalo de Berceo (siglo XI) o las Cántigas de Alfonso X el Sabio reflejan la praxis celestial de María, para salvar de peligros, para consolar a sus devotos, para implantar un espíritu de misericordia, para renovar la fe, y reconquistar regiones enteras para la fe católica. Mujeres como Santa Gertrudis, Santa Brígida, Santa Catalina y Santa Juana de Arco (+1431) son una muestra de esta situación que, sin ser mensajes exclusivamente de la Virgen, son aceptados por las autoridades de la Iglesia.

Hasta el siglo XIII las apariciones tuvieron una fácil aceptación por la Iglesia. A partir de esa época, el clima dejará de ser tan favorable, especialmente por la difusión de las tesis de Jean de Gerson, que marcarán un pensamiento en extremo restrictivo, que plantearán la exigencia de “pruebas” mediante un método de criterios de verificación, que dejaba fuera el utilizado hasta entonces el “inspiracional” o revelación interna de los jueces, y que supondrán la entrada del racionalismo espiritualista. Este se escorará inevitablemente hacia un juicio negativo, como mero velo justificativo, ante la percepción de amenaza para el poder eclesial, que brotaba de cualquier movimiento espontáneo no organizado; el método tenía sus ventajas, al condenar ya fuera el fenómeno aparicionista cierto o no, se impedía un desarrollo del que nunca era previsible la evolución. Esto explicará porqué los primeros opositores a las videncias infantiles sean los mismos padres, sabedores del rigor inquisitorial y de los problemas ante el estamento eclesiástico y político, del hecho aparicionista.

En ese clima de semiclandestinidad, paradójico en un tiempo aún de dominio social y cultural del catolicismo, las apariciones serán de manera recurrente apreciadas por los creyentes del pueblo natural.

La reforma protestante, con su invocación exclusivista de Cristo, será prácticamente sin exclusión contraria a las apariciones o mariofanías. Ello ha sido así antes, durante y después de la Reforma: antes, por ejemplo en el movimiento de los hermanos de la fe común, dentro del clima de la mística renana y de los países bajos), serían devastados los santuarios marianos, originados en su mayor parte en mariofanías, porque, amén de fines de apropiación material, las iglesias reformadas no dan otro papel a María que el biológico o de simple honra humana; y ya en los tiempos modernos, los movimientos generados tras el orden conciliar, no plantean ningún valor epifánico a la figura de María, insistiendo en un orden “común” del que quedaría excluida la manifestación que no fuera de orden interno, por completo subjetiva.

Y esta acción incluye de manera genuina, y por decirlo así “natural”, la manifestación mariana y su conducción necesaria de la Iglesia en todos los órdenes, si bien estrictamente no es necesario el reconocimiento explícito oficializado, e incluso evita potenciales manipulaciones.

Que difícil se nos hace a los cristianos o debería decir “a algunos cristianos”, creer que es posible que Dios permita a la Virgen manifestarse de distintas maneras, no dando nuevas revelaciones (pues la última revelación es Cristo y no hay mas) pero si “recordando” las enseñanzas de su Hijo y dándoles un aire nuevo adaptadas a los tiempos y a los hombres actuales, ¿Quiénes somos nosotros para poner cepo a la voz de Dios, es que Dios no puede actuar como Él quiera?, acaso somos tan soberbios que creemos conocer todo de Dios. No olvidemos las palabras del apóstol “…a Dios nadie lo ha visto…; sí que es posible verlo con los ojos del corazón, pero ¿conocerlo? o ¿conocerlo del todo?.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

 

Oración a la Virgen para pedir protección

Oh dulce siempre Virgen María a ti acudimos presurosos a pedir tu protección, te rogamos por tanto nos pongas bajo tu poderoso amparo, ahora y por siempre. Por las necesidades que pasaste con tu hijo al ser pequeño y en los momentos de su nacimiento. Por cuanto sufriste por Él, como cualquier madre. Dígnate a ponernos bajo tu poderoso amparo. Amén.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Oración para pedir pureza a la Inmaculada

Oh Santísima Virgen inmaculada, a ti recurrimos de todo corazón para rogarte la pureza de mente, cuerpo y espíritu, por la intercesión del que fue tu esposo en la tierra, San José, te lo rogamos y pedimos. Amén.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Oración del amparo Virginal

Santísima Virgen María, a ti acudimos con gran fervor y amor para rogarte nos otorges un feliz y amoroso amparo, a mí y a mi familia de manera que seamos siempre visitados por tu venerable intercesión. Lo que te pido por los dolores de parto que tuviste con tu hijo y su amor a Él.  Amén.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

Oración para pedir fortaleza a la Virgen

Virgen María Inmaculada, tu que eres la fortaleza del cielo, a ti que te ha sido legado el tesón del cuidado de la Iglesia de tu hijo, te rogamos por tanto intercedas por nosotros a Él para que nos de fortaleza y así poder cumplir todo lo que quiera de nosotros. Amén.

Fray Cristóbal Aguilar, o.f.m.

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